En el artículo anterior, publicado en Nochevieja, se comentó el informe Cities in Motion, elaborado por el IESE (Universidad de Navarra), que colocaba a Málaga en el puesto 90 dentro de una clasificación global de ciudades. De ese informe llama la atención que la ciudad baje a la posición 118 en el apartado de “perfil internacional”, considerando que los indicadores utilizados para este apartado son los pasajeros que utilizan el aeropuerto, el número de hoteles per cápita, los precios del sector de la restauración, el número de establecimientos de la franquicia McDonald’s y finalmente el número de congresos internacionales celebrados en la ciudad.

Que una localidad con tanta proyección turística y nada menos que 136 destinos internacionales directos esté por debajo -en este apartado- de ciudades como Göteborg (90), Stuttgart (109) o Eindhoven (113) invita a reflexionar sobre los datos e indicadores utilizados en este informe, pero también sobre la realidad, para analizar si las cosas se pueden hacer mejor.

Málaga dispuso de un Plan de Acción Exterior 2021-2023, elaborado por el Área de Participación Ciudadana, Migración, Acción Exterior, Cooperación al Desarrollo, Transparencia y Buen Gobierno del Ayuntamiento de Málaga. Este plan se hizo “con la mirada puesta en superar el desafío global de la pandemia de coronavirus que se inició en 2020, cuyos efectos perdurarán durante mucho tiempo”, está muy focalizado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y contaba con tres líneas estratégicas: armonizar las acciones municipales para proyectar la ciudad de Málaga y sus políticas locales a nivel internacional; consolidar la cooperación al desarrollo como contribución esencial de Málaga a los Objetivos de Desarrollo Sostenible; y garantizar la atención jurídica-administrativa a la población extranjera para posibilitar su plena integración en Málaga.

Existen dos documentos de evaluación de este Plan de Acción Exterior, que en realidad son sendas memorias de actividades. Una planificación estratégica debe contar con indicadores que permitan evaluar de manera rigurosa si se han alcanzado los objetivos previstos.

No se puede exigir al Ayuntamiento de Málaga que cuente con un plan tan detallado como el de Dinamarca, país pionero en la llamada Tech-Diplomacy, con embajador en Silicon Valley, pero sí que se debe esperar un plan más ambicioso y alineado con los movimientos estratégicos del conjunto de la ciudad (y de la provincia), máxime tras la reciente y exitosa visita del Alcalde a Lovaina para conocer el IMEC y potenciar el posicionamiento de Málaga en la red global de ciudades vinculadas a la industria de los semiconductores. Un logro del que son partícipes tanto el Gobierno de España como la Junta de Andalucía.

Las ciudades tienen cada vez más protagonismo en el mundo global, y esto obliga a una actualización de la visión que se tiene del futuro. Sería conveniente estar al tanto de conceptos como City Diplomacy y, sobre todo, de su corolario digital (Digital Diplomacy). Por ejemplo, el reciente Oxford Handbook of Digital Diplomacy explora las cambiantes dinámicas de poder en la diplomacia, el establecimiento de embajadas en centros tecnológicos, los retos a los que se enfrentan los departamentos de asuntos exteriores para adaptarse a las tecnologías digitales y la utilización de herramientas digitales como medio para ejercer influencia. Una lectura más que recomendable en los tiempos que corren.

Entonces, si Málaga aspira a mejorar su proyección internacional, más allá del turismo, y enfocar sus esfuerzos hacia el plano tecnológico, quizás podría tener en cuenta algunas de las siguientes sugerencias:

1.- La renovación de su Plan de Acción Exterior (¿2025-2028?), incluyendo como línea estratégica el posicionamiento en el ámbito de las tecnologías. Este nuevo Plan debería hacerse con la colaboración y participación activas de todas las otras instituciones públicas y privadas de la ciudad que tienen redes internacionales o intereses comerciales en terceros países: Universidad de Málaga, Cámara de Comercio, Málaga Tech Park, Instituto Ricardo Valle, empresas exportadoras, hubs tecnológicos (Vodafone-Google), etcétera.

2.- La definición de los sectores tecnológicos estratégicos en los que la ciudad ya está bien posicionada. Un ejemplo cercano es Granada, con su nicho en Inteligencia Artificial y el IFMIF-Dones (acelerador de partículas). Málaga puede elegir la ciberseguridad (donde León está bien colocada, gracias a la sede del INCIBE) y los semiconductores. De hecho, existe un interesante modelo a seguir: la German-American Semiconductor Cities Network, integrada por Dresde, Magdeburgo, Chandler (Arizona) y Columbus-New Albany (Ohio). Es cuestión de investigar qué se está haciendo en este terreno de las redes muy especializadas de ciudades.

3.- Finalmente, una tercera sugerencia es la de analizar si pudiera ser interesante la creación de la figura del Comisionado de Relaciones Internacionales y Promoción de la Ciudad, siguiendo el modelo de Barcelona. Entre 2021 y julio de 2024 este puesto fue ocupado por Pau Solanilla, con logros como la recuperación de conexiones intercontinentales estratégicas a Hong Kong y Shanghái (entre otros destinos asiáticos), la celebración de la Copa América de Vela gracias a un sólido partenariado público-privado, o la captación y mantenimiento de grandes ferias y eventos internacionales.

En resumen, se trata de intentar trazar una hoja de ruta realista y posible, porque si no lo hace la ciudad serán otros actores y otras administraciones las que lo hagan. Y, por supuesto, aglutinar todos los intereses legítimos que están contribuyendo a la proyección global de Málaga. La competencia es feroz y buena parte del trabajo ya se ha hecho. El futuro de Málaga nos importa a todos, y a todos nos corresponde aportar nuestro grano de arena, con rigor, esperanza y convencimiento.