Una imagen de la herida del balazo y los restos de vidrio en su coche.

Una imagen de la herida del balazo y los restos de vidrio en su coche. CEDIDAS POR RAFAEL

Mijas

Cuando la violencia del narco deja de ser ajena en Málaga: Rafael recibió un disparo cuando iba a recoger a un amigo

El joven, tres meses después, alerta del salto de la violencia del narco a los civiles en la Costa del Sol: “Podía no estar aquí contándolo”, resume.

Más información: Un tiroteo en Mijas se salda con al menos un joven herido, varios detenidos y 75 kg de hachís intervenidos

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Las claves

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Rafael, un joven de 24 años, fue herido de bala en la cara al quedar atrapado por azar en un tiroteo vinculado al narcotráfico en Mijas.

El incidente ocurrió mientras Rafael iba a recoger a un amigo para jugar a juegos de mesa, sin relación alguna con el enfrentamiento entre bandas.

La policía halló 75 kilos de hachís y un arma durante la investigación, deteniendo a varios implicados, aunque el autor del disparo sigue sin ser arrestado.

Rafael denuncia la sensación de desamparo tras el suceso y alerta sobre el aumento de víctimas inocentes en la violencia del narcotráfico en la Costa del Sol.

A plena luz del día, en la urbanización El Faro de Mijas, un tiroteo dejó el pasado 10 de enero a un joven herido de bala en la cara en medio de lo que después se interpretó como un enfrentamiento vinculado al narcotráfico. Durante horas se habló de un episodio más de violencia en la Costa del Sol, con coches cruzados, disparos que dejaron un herido y una investigación en curso con varios detenidos.

Lo que no se sabía entonces es que la víctima, Rafael —nombre ficticio para preservar su identidad—, de 24 años, no tenía nada que ver con aquello. “Yo aluciné cuando la gente creía que yo era un narco. Yo iba a jugar a juegos de mesa con un amigo. Un día normal como otro cualquiera”, explica en exclusiva a EL ESPAÑOL de Málaga.

El joven había salido de casa de su pareja sobre las cuatro y veinte de la tarde y conducía hacia Fuengirola para recoger a un amigo y pasar la tarde jugando a Warhammer. “Un plan de sábado cualquiera”, insiste.

Al llegar a la zona se encontró con dos coches cruzados en la carretera. Pensó que era un accidente. “Dije: me paro a ayudar”. Frenó casi por inercia, pero en cuestión de segundos empezó a percibir que algo no encajaba. “Se me acercó uno gritando: ‘quieto, quieto, quieto’. Me lo repetía una y otra vez”.

A su alrededor comenzaron a aparecer otros vehículos, más personas y las voces subían de tono. “Pasó todo en segundos. De pensar que era un accidente a ver que aquello era otra cosa”. Intentó dar marcha atrás, salir de allí, pero ya le fue imposible.

Otro coche bloqueaba en el lado contrario de la calle (desconoce si ajeno o no a la trifulca) y quedó atrapado entre varios vehículos. “No podía ir ni hacia delante ni hacia atrás, me quedé en medio”, indica, consciente de la mala suerte que tuvo.

Fue entonces cuando vio a uno de los individuos correr hacia él. “Lo vi con guantes y pensé: algo no va bien”. Ni lo amenazó ni le preguntó absolutamente nada. “No me dijo nada. Se acercó a la ventana y me disparó”. El impacto fue a quemarropa, dirigido a la cara, pero en ese instante Rafael no fue consciente de lo que le había ocurrido. “Yo no sabía que tenía una bala incrustada en la boca, estaba en estado de shock”.

Su reacción fue huir a la carrera. “Salí corriendo sin pensar, por instinto”, relata. Bajó por una vía secundaria hasta una rotonda y empezó a pedir ayuda a los conductores que pasaban. “Les decía que llamaran a la policía”.

Algunos se detuvieron, otros no. Él seguía convencido de que lo que tenía era un corte del impacto de los cristales. “Pensaba que la sangre era de la ventana, que me había rajado con los trocitos de vidrio”.

Antes de lograr escapar, su coche fue utilizado como parte de aquella emboscada. Según relata, varios de los implicados llegaron a subirse al vehículo y a disparar desde dentro, lo que hizo que en un primer momento todo resultara aún más confuso. “Había casquillos dentro del coche y por eso era más fácil pensar que yo estaba metido en aquello. Luego se ve en las imágenes que son ellos los que entran y disparan desde dentro”, sostiene.

El vehículo, explica, terminó desplazándose lentamente hasta impactar contra un poste y después recibió otro golpe de uno de los coches implicados. “Lo usaron como barricada”, resume.

Al salir huyendo de su coche, creía haber perdido su móvil, que pone sobre la mesa durante la conversación. "Mi móvil es el típico que usa gente del ejército, de estos robustos y batería larga. Aunque uno de los implicados se lo llevó y después lo tiró, resistió el golpe".

Además, también fue clave la cámara de grabación que tenía en la parte delantera del coche a cuya grabación ha podido acceder este periódico. La imagen permite reconstruir parte de la escena y acreditar que él no formaba parte del enfrentamiento.

La policía y los sanitarios llegaron en pocos minutos. Lo atendieron allí mismo y lo trasladaron al hospital. Durante horas nadie le habló de una bala, y él tampoco lo sospechó. “Notaba la boca rara, pero pensaba que era un golpe”. No fue hasta más tarde, ya en urgencias, cuando los médicos le dieron la noticia. “Me dijeron: tienes una bala alojada en la mandíbula. Y yo no me lo creía”. Había vuelto a nacer.

El proyectil había entrado por el labio superior, le había roto dos dientes, rozado la lengua y quedado alojado en la parte inferior de la boca. “Me dijeron que había tenido muchísima suerte, que otro no lo cuenta”, recuerda. “Me dispararon a la cabeza y estoy aquí, vivo”, añade.

Durante los primeros días se centró en recuperarse físicamente. Tomó la medicación que le mandaron, fue acudiendo a revisiones y pasó unos días en reposo. La evolución fue mejor de lo esperado. “Ni cicatriz me va a quedar”, dice, señalándose la pequeña herida que se le ve al lado de la boca. Pero el impacto real llegó después. "Pensaba que lo llevaba bien, pero no", asevera.

Con el paso de las semanas empezaron las noches difíciles. “Me cuesta dormir. Es cuando más lo revivo”. No tanto el disparo como todo lo que lo rodea. “Le doy vueltas a qué podría haber hecho. Si no me paro, si doy la vuelta antes…”. Durante el día logra distraerse. “Pero llega la noche y ahí no hay nada que te quite eso, la imagen te vuelve una y otra vez”, reconoce.

También han aparecido reacciones físicas tras un episodio tan complicado. “Cuando hablo del tema o veo el vídeo, empiezo a temblar”. Y, aunque ha buscado ayuda psicológica, esta ha tardado en llegar. “He tenido que moverlo todo yo. Nadie te explica nada”. Los tratamientos derivados, como los implantes dentales tras perder dos piezas, también correrán de su bolsillo. “A mí me disparan y no pasa nada. Ni ayuda, ni nada”, critica.

Esa sensación de desamparo se extendió también a los trámites posteriores. Cuenta que tuvo que acudir al juzgado para poder recuperar el coche y que nadie les avisó de que ya estaba autorizado. “Nos llaman para declarar, para denunciar y para todo eso, pero luego a nosotros no nos avisa nadie”, lamenta.

La investigación apunta a un enfrentamiento entre bandas vinculadas al narcotráfico. Rafael quedó en medio por azar. Sin relación alguna con los implicados. Sin embargo, durante las primeras horas incluso se llegó a pensar lo contrario. “Era más fácil pensar que yo era uno de ellos”, admite. “Pero yo iba a jugar con un amigo, es que me parece surrealista”, relata.

La Policía Local de Mijas, horas después del suceso, localizó y recuperó una importante cantidad de sustancia estupefaciente —en torno a 75 kilos de hachís—, así como un arma corta, hallazgos que se produjeron durante la inspección del área vinculada a la huida. Así, detuvieron a varias personas vinculadas al suceso, pero Rafael asegura que no al hombre que le disparó, lo que le preocupa.

Tres meses después, hay una idea que no deja de repetirse en su cabeza: la impunidad de los narcos en la Costa del Sol, y más con el verano a la vuelta de la esquina. “Si me pasa a mí, ¿a quién no le puede pasar? Antes daba la sensación de que se mataban entre ellos, pero el problema es que ya empezamos a haber afectados ajenos a sus movidas”. Aún le cuesta superar la vorágine vivida, pero insiste: “Yo he tenido suerte. Pero podía no estar aquí contándolo”.