El incendio, a vista de pájaro gracias a imágenes de la Policía Local de Marbella.
Velas de la Ballena, que lleva 24 años en Marbella, pide ayuda urgente tras el incendio de su nave: "Hemos perdido todo"
Velas de la Ballena pide al Ayuntamiento de Marbella una nave, ayuda con la demolición y rebaja de tasas.
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Cuando Sebastián y Maximiliano Martínez encendieron su primera vela artesanal en un pequeño taller de Punta Ballena, en la costa uruguaya de Punta del Este, en 1997, jamás imaginaron que casi tres décadas después verían cómo el fuego, ese mismo elemento que da sentido a su oficio, devoraba en cuestión de minutos buena parte de lo que tanto les había costado levantar.
La mañana del pasado jueves, 23 de abril, una columna de humo negro y espeso se elevó sobre el Polígono Industrial La Ermita de Marbella y se llevó por delante 24 años de trabajo en suelo español. Ahora, cinco días después, la empresa ha lanzado una petición pública de auxilio al Ayuntamiento de Marbella.
A través de un mensaje dirigido al teniente alcalde de Seguridad Ciudadana, José Eduardo Díaz, los responsables de Velas de la Ballena han trasladado la dimensión real del golpe. "Somos autónomos y llevamos 24 años en Marbella, donde hemos desarrollado nuestro proyecto y nuestro centro de trabajo en Europa. Lo hemos perdido absolutamente todo", advierten en el escrito, en el que califican su situación de "crítica".
La empresa concreta, tanto para el Ayuntamiento como a todo aquel dispuesto a echarles una mano, tres demandas. La primera y más urgente: encontrar cuanto antes "un espacio donde volver a trabajar" para reactivar la actividad y garantizar la continuidad de un medio de vida que sostiene tanto a la familia como a su pequeña plantilla. La segunda: apoyo para asumir la demolición de la nave siniestrada. Y la tercera: la "revisión y posible flexibilización de tasas, impuestos y otros costes administrativos derivados de esta situación excepcional".
"Entendemos que existen procedimientos, pero en momentos como este la burocracia no siempre responde a la urgencia humana y empresarial que hay detrás", advierten, antes de ofrecerse a mantener una reunión con el departamento municipal correspondiente.
La mañana en que el polígono se tiñó de negro
El aviso entró al Servicio de Emergencias 112 de Andalucía a las 10.15 horas del jueves. En cuestión de segundos, una cascada de llamadas alertaba de un incendio voraz en el número 3 de la calle Hierro, sede de la fábrica de Velas de la Ballena. La sala movilizó de inmediato a Bomberos, Policía Local, Policía Nacional, Protección Civil y equipos sanitarios del 061. Más de una veintena de bomberos y seis dotaciones se desplegaron sobre el terreno para tratar de contener un fuego que, alimentado por ceras, tejidos y materiales altamente inflamables, se propagaba con una virulencia tremenda.
El balance humano, dentro de la gravedad del suceso, fue afortunadamente leve: tres personas resultaron heridas, una por inhalación de humo y dos con quemaduras superficiales, atendidas en el mismo lugar sin que su estado revistiera mayor preocupación.
El polígono entero quedó durante horas sin suministro eléctrico ni conexión a internet, y los vecinos de las inmediaciones contemplaron, sobrecogidos, una humareda visible desde varios kilómetros a la redonda. "La columna muy negra de humo es enorme", relataba uno de ellos a pie de calle. La rápida actuación de los servicios de emergencia, según destacó la alcaldesa de Marbella, Ángeles Muñoz, evitó que las llamas saltaran a las naves colindantes. La Policía Nacional investiga el origen del fuego sin descartar, por el momento, ninguna hipótesis.
"La desolación es enorme"
Pasada la conmoción inicial, la empresa rompió su silencio con un primer comunicado en redes sociales en el que la mezcla de dolor y agradecimiento marcaba cada línea. "Lamentamos comunicar que esta mañana hemos sufrido un grave incendio en nuestra fábrica de Marbella. Afortunadamente, no hay que lamentar daños personales, pero sí la pérdida de 24 años de trabajo que se han esfumado en cuestión de minutos. La desolación es enorme", reconocían sus responsables. El texto advertía a su clientela de los inevitables retrasos en los pedidos y se cerraba con una declaración de intenciones que ya circula por el sector como un mantra: "Hoy nuestra fábrica ha desaparecido, pero el espíritu de Velas de la Ballena sigue intacto. De las cenizas, resurgiremos".
Para entender el alcance simbólico de lo perdido conviene mirar atrás. Velas de la Ballena nació en 1997 en aquel taller uruguayo donde Sebastián y Maximiliano Martínez Monzón modelaron sus primeras piezas inspirándose en los atardeceres y los aromas marinos de Punta Ballena, el rincón de Punta del Este que les regaló también el nombre de la marca. Un año después, Maximiliano cruzaba el Río de la Plata para asentarse en Buenos Aires, donde la firma se hizo un hueco en la sociedad argentina hasta colarse en los principales programas de la televisión nacional.
El verdadero salto continental llegó en 2002, cuando Sebastián y el tercero de los hermanos, Alexis, decidieron desembarcar en Europa y eligieron Marbella como sede central. Desde la nave de calle Hierro, sus envíos llegan a diario a hoteles, restaurantes, spas, profesionales de la decoración y organizadores de eventos de toda España. La marca cuenta hoy con tiendas propias en Marbella y Madrid —esta última en plena calle Augusto Figueroa, en la zona de Chueca— y sus piezas han iluminado bodas, inauguraciones, grandes cenas y producciones televisivas durante más de dos décadas.
El precedente reciente de Nonna Helado Artesanal, otra empresa malagueña que sufrió un incendio devastador y que logró encontrar una nueva nave gracias al gesto solidario de un empresario local, sobrevuela ahora la conversación en el polígono de La Ermita, donde esta empresa de velas, precisamente, busca ahora resurgir de sus cenizas.