La imagen de la pintada.
Cazado por su propio trazo: un peritaje caligráfico desenmascara al grafitero del Convento de San Andrés
El joven, de 25 años, ya había sido sorprendido pintando en calle Cuarteles en febrero; los daños en el BIC ascienden a 2.958,59 euros.
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El cruce de archivos policiales y un minucioso análisis caligráfico han bastado para poner nombre y apellidos al presunto responsable de la pintada que apareció hace un tiempo en la fachada del Convento de San Andrés, uno de los edificios más importantes de El Perchel. La investigación ha sido desarrollada por los agentes del Grupo de Investigación y Protección (GIP) de la Policía Local, según ha trasladado el cuerpo en un comunicado.
El inmueble afectado no es un edificio cualquiera. Acoge en la actualidad la Biblioteca Jorge Guillén y figura inscrito como Bien de Interés Cultural en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, una protección reservada a los bienes considerados esenciales dentro del legado cultural de la comunidad. Fue precisamente la Junta de Distrito Centro la que dio el primer paso al solicitar a la Policía Local que se hiciese cargo del caso.
El GIP asumió las pesquisas al tratarse de la unidad especializada en la clasificación, el seguimiento y el control del grafiti vandálico. Entre sus filas figuran agentes con formación específica en peritación grafística, una disciplina que permite atribuir autorías a partir del análisis del trazo. El procedimiento arrancó con una inspección ocular del edificio para documentar la pintada y, posteriormente, valorar los daños, que finalmente quedaron tasados en 2.958,59 euros.
La clave del caso apareció en los propios archivos policiales. El 17 de febrero, agentes del Grupo Operativo de Apoyo (GOA) habían pillado in fraganti a un joven de 25 años cuando pintaba una fachada y un macetero en la calle Cuarteles. En aquel momento se le identificó, se le denunció por infringir la Ordenanza para la Garantía de la Convivencia Ciudadana y la Protección del Espacio Urbano y se le intervino el espray de color verde con el que estaba realizando las pintadas.
Con ese antecedente sobre la mesa, los técnicos del GIP cotejaron ambas firmas y concluyeron que compartían los rasgos esenciales que se examinan en este tipo de peritajes: idoneidad, velocidad, dirección, dimensión, cohesión y los llamados "gestos tipo", esos pequeños tics que cada grafitero repite de manera involuntaria. El informe pericial determinó que las dos pintadas habían salido de la misma mano.
A partir de ahí, el expediente pasó al Grupo de Protección de la Naturaleza (Gruprona) de la Policía Local, encargado de instruir las diligencias en este tipo de asuntos. Sus agentes localizaron al sospechoso y le levantaron acta de derechos en calidad de investigado no detenido por un presunto delito de daños sobre el patrimonio histórico, una calificación que va más allá del simple grafiti precisamente por la condición de BIC del edificio afectado. El atestado completo ha sido remitido a la Fiscalía Provincial de Medio Ambiente, que será la encargada de decidir los siguientes pasos en sede judicial.