El suelo de una calle de Málaga repleto de jacarandas.

El suelo de una calle de Málaga repleto de jacarandas. Paula Tejada

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Málaga se tiñe de morado en primavera: la belleza y la controversia de las jacarandas

En la ciudad existen alrededor de 6.500 ejemplares repartidos por distintos puntos.

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Adrián Hernández
Publicada
Las claves

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Cada primavera, Málaga se cubre de un intenso color morado gracias a la floración de unas 6.500 jacarandas repartidas por toda la ciudad.

Las jacarandas, originarias de América del Sur, no solo embellecen las calles malagueñas, sino que también ayudan a absorber CO2 y reducir la contaminación.

Su espectacular floración genera debate: mientras muchos valoran su belleza, otros critican la acumulación de flores y la sustancia pegajosa que dificultan la limpieza y la seguridad.

Los servicios municipales refuerzan la limpieza durante la floración para mantener las calles en condiciones óptimas y minimizar molestias a vecinos y conductores.

Cada primavera, Málaga cambia de color. Cuando llega mayo, muchas calles de la ciudad quedan cubiertas por un intenso morado debido a la floración de las jacarandas, unos árboles que ya forman parte de la imagen más reconocible de la capital.

Su presencia transforma avenidas, barrios y plazas en estampas que llaman la atención tanto de vecinos como de turistas convirtiéndose en uno de los símbolos más característicos del mes de mayo en Málaga.

La jacaranda, conocida científicamente como Jacaranda mimosifolia, procede de América del Sur y se adapta especialmente bien al clima mediterráneo. En Málaga existen alrededor de 6.500 ejemplares repartidos por distintos puntos de la ciudad.

Lugares como Pedregalejo, Teatinos, Carranque, El Ejido o el centro histórico son algunos de los espacios donde este árbol se ha integrado en el paisaje urbano hasta el punto de formar parte de la identidad visual malagueña.

Más allá de su valor visual, las jacarandas también desempeñan una función medioambiental importante. Diversos estudios destacan su capacidad para absorber dióxido de carbono, ayudando a reducir parte de la contaminación generada por el tráfico urbano.

Esta capacidad de actuar como sumidero natural de CO2 explica en parte por qué durante años fue una especie muy utilizada en la planificación urbana de Málaga.

Sin embargo, el atractivo de este árbol también tiene consecuencias que generan debate entre los ciudadanos. Durante la floración, las flores caen continuamente sobre las aceras, la calzada y los vehículos aparcados, formando una alfombra morada que para muchos resulta especial, pero que para otros supone un problema cotidiano.

A esto se suma la aparición de una sustancia pegajosa producida por ciertos insectos que afectan al árbol en esta época del año. Esa mezcla entre flores húmedas y restos pegajosos puede hacer que algunas zonas se vuelvan resbaladizas, especialmente si llueve.

El debate sobre las jacarandas divide opiniones. Mientras hay quienes consideran que aportan personalidad y belleza a Málaga, otros creen que su presencia en determinadas calles debería replantearse por cuestiones de limpieza y seguridad.

Algunos expertos en botánica sostienen que estos árboles funcionarían mejor en parques y jardines, donde la caída natural de las flores tendría un menor impacto sobre el tránsito diario de peatones y vehículos.

La floración suele extenderse desde finales de abril hasta finales de mayo, aunque las temperaturas y las lluvias pueden modificar tanto su intensidad como su duración.

En años especialmente cálidos o húmedos, el efecto visual es aún más llamativo y las calles permanecen cubiertas de flores durante más tiempo.

Para intentar minimizar los inconvenientes, los servicios municipales refuerzan cada primavera las labores de limpieza en las zonas con mayor presencia de jacarandas.

Durante estas semanas se incrementan los trabajos de baldeo e hidrolimpieza para retirar flores y manchas acumuladas en el pavimento y mantener las calles en mejores condiciones.