Una imagen de los dos dueños de Danitex.

Una imagen de los dos dueños de Danitex. Alba Rosado

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El barrio de La Luz de Málaga sigue perdiendo negocios de toda la vida: Danitex prepara su cierre en calle Berruguete

La tienda textil cierra tras 51 años en una calle que llegó a tener once comercios de moda y hoy ve cómo muchos de sus locales se reconvierten en vivienda.

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Las claves

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Danitex, una tienda textil de más de 50 años en la calle Berruguete de Málaga, prepara su cierre definitivo.

El barrio de La Luz ha visto desaparecer la mayoría de sus comercios tradicionales, siendo reemplazados por viviendas o negocios diferentes.

La competencia de grandes superficies, bazares y el auge del comercio online han sido claves en el declive del comercio local.

El cierre de Danitex deja al barrio con menos opciones para los vecinos mayores, quienes valoran el trato cercano y personal de estos comercios.

En la calle Berruguete, en el barrio malagueño de La Luz, cada negocio que se mantiene abierto es ya un superviviente. Algunos de sus comerciantes, como Jose, que regenta una tienda textil en una de las aceras, recuerda que llegaron a convivir en su día once tiendas de moda y complementos abiertas a la vez. “Esto era increíble, ya no tiene nada que ver”, dice.

Con el tiempo fueron desapareciendo y, en su lugar, llegaron locales de otro tipo o, lo que es mucho peor, desde el punto de vista de los tenderos: viviendas a pie de calle. Hace unos días, Danitex, una tienda con más de medio siglo de historia dedicada a sábanas, cortinas, pijamas y otros productos textiles, colocó en su gran escaparate un cartel de liquidación por cierre. Uno más que baja la persiana y que se suma a la lista de comercios extintos, como la ferretería La Cadena, que echó el cierre a finales de marzo.

Detrás del mostrador, Cristina Díaz y su marido, Venancio López, llevan casi dos décadas asesorando a sus clientes, aunque el local tiene más años de historia. Hace unas semanas decidieron dejar de comprar género. “Si no, no termino nunca de trabajar”, resume ella.

La tienda cumplió 51 años en enero. Venancio ya está jubilado y a Cristina le queda poco más de un año. Pero la historia de Danitex empieza mucho antes de ellos. Todo arrancó cuando un familiar de Venancio, que en su tierra había vendido con su padre puerta a puerta, incluso en burro, decidió venirse a Andalucía a probar suerte desde Castilla y León. Montó primero un almacén y trajo a varios chicos del pueblo para vender en los mercadillos.

Venancio era uno de ellos. Tenía 18 años cuando empezó a salir con el camión. La primera tienda física de la familia se fundó en la calle Berruguete de Málaga hace ya medio siglo. Era más pequeña que la actual: ocupaba solo la mitad del local. “El espacio contiguo pertenecía a otro comercio. Con los años se compró y se unificaron ambos, dando forma a la tienda de ahora”, relata Venancio.

El negocio familiar fue creciendo. Un cuñado de Venancio, junto a su hermana, llegaron a abrir una segunda tienda en el mismo barrio, en la calle Ingeniero de la Cierva, unos diez o doce años después. No recuerdan con exactitud.

Cristina se incorporó al negocio familiar más tarde, ya casada con Venancio, en otro local que abrió la familia en la calle Bailén, donde trabajó durante veinticinco años. Lo conoció comprándole un pantalón en un mercadillo de Algeciras, su ciudad natal. “Así empezó el romance, pero esa es otra historia”, dice entre risas Díaz.

El punto de inflexión llegó con varias pérdidas familiares muy tempranas en el negocio. La tienda de Ingeniero de la Cierva se liquidó y finalmente Cristina y Venancio cerraron la tienda de Bailén para trasladarse a la calle Berruguete, hace ahora 18 años, ya que la hermana de Venancio no quería seguir con la tienda y la cuñada de esta se acabó jubilando.

Compraron el local con la idea de conservarlo y, llegado el momento, alquilarlo para complementar una pensión de autónomos que consideran que en España es muy escasa. "Y la mía ya ni la cuento, porque dejé de trabajar un tiempo para cuidar a mi familia", añade Cristina.

“A día de hoy, me gustaría que siguiera como negocio y que la historia se siguiera escribiendo”, reconoce ella, “pero ya tienes que mirar también un poquito por ti”. No descartan vender si aparece una buena oferta.

La pareja, dentro de la tienda.

La pareja, dentro de la tienda. A.R.

Cuando llegaron, Cristina recuerda Berruguete como una de las calles más comerciales del barrio. “Esta tienda es la que más ha vendido de todas”, asegura. Era un barrio obrero, con mucho tránsito, donde las sábanas y las cortinas se vendían al corte, en aquel entonces, y donde apenas había grandes superficies.

En La Luz llegaron a existir entre treinta y cuarenta tiendas de comestibles, calculan. Casi todas han desaparecido. Venancio identifica a los responsables por orden: primero la llegada de lo que es el actual Carrefour y todos los supermercados que vinieron después. Después los bazares, los mercadillos y, sobre todo, el comercio en línea.

“Es el que está haciendo más daño a los locales”, sostiene. La llegada de Mercadona devolvió algo de movimiento al barrio, creen, pero el golpe ya estaba dado.

Lo que más les inquieta no es solo los cierres de los últimos años, sino lo que viene después: “se queda una calle totalmente muerta”, resume Cristina, que lamenta cómo comercios de toda la vida se están viendo convertidos en pisos de veinte o treinta metros cuadrados, divididos, con suerte, en cocina, baño y dormitorio, algunos destinados a alquiler turístico. “Eso es infravivir, no es digno que se meta ahí una familia”. Le preocupa que su propio local acabe así.

“Hace pocos años un piso en la zona costaba 50.000 o 60.000 euros”, dicen. Hoy se piden más de 200.000. “Con el sueldo que tiene la gente no se puede permitir y acaban metiéndose en ratoneras”, dice Venancio.

El asunto les toca de cerca. Su único hijo, profesor de instituto de 33 años, ha pasado por varios destinos a la espera de plaza definitiva y vive de alquiler. Quieren ayudarle cuando vendan o alquilen el local. Cristina nunca quiso que continuara con el negocio. “He querido que estuviera como está ahora, aunque siempre nos ha ayudado en lo que haya hecho falta”, explica.

Un nombre anterior al actual que aún permanece en la cristalera.

Un nombre anterior al actual que aún permanece en la cristalera. A.R.

Tantos años detrás de un mostrador dejan historias. Cristina describe su trabajo como “un gabinete de psicología”. Las clientas entraban, hablaban y les contaban sus vidas. “Me gusta mucho hablar, pero también me encanta escuchar, aprender de la gente”, dice.

Para los mayores del barrio, advierte, el cierre de tiendas como la suya no es un asunto menor. Comprar por Internet no es una opción para todos, aunque “se empeñen”. “El trato cercano, saberte el nombre del cliente… Se está perdiendo”, dice la pareja.

Ellos han sido la opción ideal de muchas personas mayores para hacer regalos de Reyes cuando tenían imposible llegar a un centro comercial o comprar online.

Sumando los años de mercadillo, Venancio lleva medio siglo dedicado a lo mismo. Confiesa que nunca fue su vocación. Le habría gustado ser conductor. De niño, en su pueblo de Ávila, lloraba porque no podía subirse al autobús que llevaba a los mayores al instituto.

“Yo quería montarme, pero no por irme a estudiar, sino por montarme… Lo de conducir era una pasión mía”.

Ambos aseguran que les va a dar pena el día que llegue la bajada definitiva de su persiana. Les entristece ver también cómo los malagueños lloran la pérdida de comercios antiguos, pero no los recuerdan cuando están abiertos. “Hay quien cree que vamos a estar para ellos toda una vida, pero tienen que responder”, dicen.

La estrategia para los próximos meses es vaciar lo que se pueda antes de echar el cierre para no tener que malvender todo. Las tallas medias ya están agotadas, igual que las camisas básicas. Lo que queda son sobre todo tallas grandes, de la 52 a la 60.

Algunos artículos se han rebajado a precio de coste, indican, y otros incluso por debajo. Aun así, calculan que cuando llegue la jubilación de Cristina, el próximo enero, todavía quedará mercancía dentro.

De aquellas once tiendas de moda que recuerda Jose ya no queda casi ninguna. Cuando Danitex apague la luz, Berruguete tendrá un “superviviente menos” y la calle, un poco menos de alma.