Francisco Soler, el dueño de la Librería Abadía de Málaga.
Adiós a la Librería Abadía de Málaga: un templo del papel que cierra tras 31 años entre 250.000 libros
Su dueño, Francisco Soler, se jubila tras varias décadas trabajando en el sector donde empezó vendiendo libros por catálogo postal desde casa.
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Las cuentas en Librería Abadía no están en números rojos. Tampoco el problema es el alquiler. Simplemente es momento de descansar y echar la persiana de un templo del papel en el que es imposible evitar mirar hacia arriba y respirar esa fragancia de las hojas dormidas y el polvo antiguo. Ahora a Francisco Soler, su dueño, le toca jubilarse, aunque, eso sí, siempre con los libros porque “sin leer no hay una vida decente”.
Licenciado en Filología, empezó a vender libros por catálogo postal desde casa. Su madre le dijo que se diera de alta y fuera cotizando. Desde 1995, librero. Desde el 2000, a pie de calle.
Las historias que lleva en su mochila de recuerdos son diversas. Todas curiosas. Un día, llegó un señor con aspecto desaliñado. Lo estaba vigilando, iba de arriba para abajo y esperaba que no le robase. Empezó a coger libros y a amontonarlos. Resulta que había sido médico privado del Rey y un alto cargo en la OMS.
Otro día llegó un guardia civil borracho que no ponía los libros en su sitio. “¿Quiere hacer el favor de coger solo los libros que va a comprar?”. Le sacó la placa y lo quiso medio detener: “¡Yo soy guardia civil!”, le dijo el agente.
Soler ha llegado a manejar hasta 250.000 libros. Los ha fichado uno a uno y están enumerados. “Nuestro culmen ha sido tener setenta y tantos mil. Ahora llevamos un tiempo en rebajas con el 75% y vamos por unos 28.000 o 29.000. No me he hecho millonario, pero lo hubiese hecho gratis”.
Si tuviera que quedarse con solo uno, elegiría Vida de Santa Teresa de Jesús. “Además, añade que "si alguien quiere sacar un ejemplo de determinación y de fe, es el mejor. Tenía tanta fe que le daba igual lo que le pasara”.
Sin embargo, no sería capaz de abandonar uno en la librería. “He llegado a un punto en que respeto todos los libros porque ahora mismo hay algunos que los veo dañinos para la humanidad y que yo leía de joven y me parecían lo mejor. ¡Viva la libertad de edición y de pensamiento!”, señala.
Ser librero en el siglo XXI
Soler no augura un buen futuro al oficio porque cuando empezó con este negocio "se vendían enciclopedias, vinilos, CDs… Ahora el campo está más limitado y los alquileres son prohibitivos”. A pesar de ello, afirma que tiene los mejores caseros que alguien puede desear. “Son excepcionales”, asegura.
Ser librero, sin embargo, lo concibe como algo sencillo: comprar y vender. “Es recomendable tener conocimientos amplios, no profundos, pero sí amplios. Yo estudié Bachillerato de Ciencias y me cambié un verano a Letras por unos amigos que me entusiasmaron; pero también se aprende metiendo la pata y en 31 años la he metido mucho. Te engañan al principio, luego aprendes”.
Lo que tiene claro es que el esfuerzo ha merecido la pena y que la segunda mano en una ciudad como Málaga es muy difícil y un mundo en el que solo se adentran "los valientes".