El Málaga CF celebra con su afición el ascenso a Primera División

El Málaga CF celebra con su afición el ascenso a Primera División EFE / Jorge Zapata

Málaga C.F.

El blanquiazul desborda Málaga como nunca antes había ocurrido

185.000 personas, según la Policía, se echaron a las calles de la ciudad para festejar el ascenso a Primera División.

Larrubia brindó su particular show desde el balcón del ayuntamiento.

Más información: así te contamos la celebración del ascenso en directo

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Las claves

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185.000 malagueños tomaron las calles para celebrar el ascenso del Málaga CF a Primera División, acompañando al autobús descapotable del equipo.

La fiesta incluyó paradas emblemáticas, como la visita a la Divina Pastora y a Jesús Cautivo, donde hubo momentos de oración y agradecimiento.

El ambiente fue festivo y emotivo, con jugadores y aficionados compartiendo cánticos, autógrafos y discursos improvisados desde el balcón de la Casona del Parque.

La celebración terminó en la Plaza de Capuchinos, donde el club recibió mensajes de perseverancia y bendiciones para el futuro, culminando con fuegos artificiales y bengalas.

Eran las diez de la noche del 22 de junio, segundo aniversario del milagro de Tarragona, y cientos de adolescentes subían corriendo por el túnel de la Alcazaba al lado del autobús descapotable que llevaba a la plantilla del Málaga CF por las calles de la ciudad celebrando el ascenso a Primera División. No pararon de correr hasta la Plaza de Capuchinos, donde no cabía un alma a las 22:13 horas de un lunes.

La visita a la Divina Pastora, patrona el Deporte, fue la traca final a una tarde en la que Málaga se vistió de blanquiazul como nunca antes se había visto en esta ciudad. 185.000 malagueños en las calles de la capital persiguiendo al autobús de los niños de Funes, según datos ofrecidos por el subdelegado del Gobierno.

Francisco Martín Aguilar, eterno consejero malaguista, reconocía a este periódico en la parada de la rúa en el Ayuntamiento de Málaga, que "estamos viendo algo que no hemos visto nunca". Por si quedaba alguna duda, de alguien que ha pasado por todas.

El convoy malaguista partía desde La Rosaleda cerca de las seis de la tarde. Lo formaban cuatro autobuses, en el primero la prensa, en el segundo la plantilla y el cuerpo técnico, en el tercero las familias y en el cuarto los empleados del club.

El dress code de la fiesta del ascenso para la primera plantilla pareció ser libre pero dentro del catálogo malaguista. Por ejemplo, Murillo lució la segunda equipación morada de cuando el primer ascenso en el 99 y los primeros años en Primera con el dorsal 6 de Iznata del equipo. Chupe se colocó una bandera con la imagen de Jesús Cautivo al estilo de Superman y se presentó con media cabeza teñida de azul y la otra mitad de rosa. No fueron los únicos tintes de la tarde.

Si este equipo continúa cosechando éxitos, el club tendría que plantearse cómo representan sus jugadores a la institución. También dentro de los edificios públicos o sagrados. Gafas de sol, gorras y sombreros, además de jugadores sentados por el suelo durante los discursos institucionales.

Las primeras imágenes en la recta de Tribuna (avenida de La Palmilla) no eran las de hace dos años. Se notaba que todavía había gente trabajando.

Pero la cosa empezó a calentarse con la llegada a la Parroquia de San Pablo antes de visitar a Jesús Cautivo. El que pisó más fuerte cuando se bajó del autobús en calle Mármoles fue Chupe, deseoso de plantarse delante del Señor de Málaga. Allí se plantó, como antes de irse a jugar a Almería. Delante del Cautivo y de la Virgen de la Trinidad fue el párroco de San Pablo, don José Manuel Llamas, que dirigió una oración.

Chupe y Javi Montero delante de la Sagrada Imagen de Nuestro Padre Jesús Cautivo.

Chupe y Javi Montero delante de la Sagrada Imagen de Nuestro Padre Jesús Cautivo. EEM

A la salida, no hubo un jugador que no firmara un autógrafo o posase para una foto con los aficionados. Y de ahí a la Plaza de la Marina, donde se pudo constatar la nueva realidad en la ciudad: miles y miles de niños malaguistas, con su camiseta del Málaga. Con sus familias, familias malaguistas al completo.

Hubo tiempo de algunos parlamentos improvisados desde el balcón después de la recepción oficial en el interior de la sede del ente provincial, donde Funes hizo una afirmación muda. "David -Larrubia- contó ayer en la comida un chiste mudo que me gustó mucho. Yo voy a hacer una afirmación muda". Levantó una bufanda con el lema 'Los bichos son de Primera'

Pero el parlamento que esperaba el pueblo malaguista era el de David Larrubia desde el balcón de la Casona del Parque. Allí llegó el Málaga navegando sobre un mar de malaguistas. Ahí el Funesbuque se hizo carne. Gran parte de los 185.000 que se echaron a las calles estaban concentrados debajo del balcón para escuchar al '10'.

Pero antes, para abuchear al alcalde de la ciudad, Francisco de la Torre, porque el fracaso rotundo del Mundial. "¿Donde está el estadio? ¿El estadio dónde está?", bramaba el malaguismo. "El estadio está, tenemos La Rosaleda. Y luego ya veremos", salió del paso como pudo el primer edil, que en estas ocasiones sería preferible que se remitiese estrictamente a lo protocolario. Chirría verlo en mitad de todos los jugadores asomados al balcón con alguno soltando improperios con el micrófono. A veces algunas fotos tienen un precio desagradable.

Dani Lorenzo repitió ritual con la cabeza de 'Superboke'. Alfonso y Ramón cogieron el micrófono. El primer capitán se acordó de todos, de Luismi, presente en la fiesta con una camiseta suya en el autobús. También de Pellicer, padre futbolístico de una generación. E hizo hincapié en todos los miembros del club que hacen su trabajo en silencio día a día facilitando el trabajo de los profesionales del balón.

Larrubia fue enumerando uno a uno a sus compañeros. Algunos le quitaron el micrófono, y mejor que no lo hubieran hecho, como el caso de Lobete. Hay que medir las formas por muchos días de fiesta que se lleven. Siguen representando al escudo del Málaga. Jauregi, Dorrio acordándose de su padre, Javi Montero, incluso Moussa, el más comedido. Y como no, el hombre que con sus goles llevó al equipo a Primera, Chupe, con la voz entrecortada por la fiesta interminable. Ninguna intervención pasará a la historia, pero qué más da.

Tras una nueva intervención el alcalde en el Salón de los Espejos, con intercambio de dardos con el subdelegado del Gobierno en Málaga, Javier Salas, a cuenta de La Rosaleda, el penúltimo baño de masas a las puertas del Ayuntamiento, desde donde Funes explicó a este periódico que lo más valioso del ascenso es que los jugadores lo habían forjado día a día, no habían esperado que les llegara.

Después de casi tres horas de celebración, cuando parecía que estaba todo el pescado vendido, el Málaga llegó escoltado por cientos de adolescentes a la Plaza de Capuchinos. El aspecto del último ágora del malaguismo en la celebración del ascenso impactaba desde el autobús. Se reprodujeron todos los cánticos, cohetes y más cohetes -uno provocó heridas en una menor antes de que llegase el equipo porque alguien había decidido lanzarlo en mitad de la multitud-, y dentro del templo, el mensaje que Juan Navarro, hermano mayor de la Congregación, dedicó a la plantilla. Navarro, como hizo su padre hace dos años tras el ascenso de Tarragona, volvió a hacer referencia al lema que reza en uno de los arcos del techo del templo. "Aquí se honra a los que perseveran".

El párroco de la Divina Pastora, Rafael Pérez Pallarés, intentó bendecir el futuro matrimonio de Ramón, pero su pareja no se encontraba en el templo. Dedicó unos instantes para la reflexión y el agradecimiento en silencio antes de la traca final en la Alameda de Capuchinos.

Los aficionados más radicales del Málaga, cuando el autobús ya buscaba La Rosaleda, lanzaron cohetes y levantaron un pasillo de bengalas para despedir al convoy blanquiazul, cuya última parada es la Primera División. Porque el Málaga ha vuelto y la ciudad es blanquiazul.