Paco, con su camiseta.

Paco, con su camiseta.

Málaga C.F.

La ilusión de una ciudad en los ojos de Paco: "Mi mujer y yo solo tuvimos niñas; el hijo que nos faltaba era el Málaga"

Este vecino malagueño de 89 años creía que iba a morir sin volver a tener la oportunidad de ver al Málaga luchar por la Primera División. Y aunque no sabe qué pensar de cara a qué pasará este sábado en Almería, reconoce que la plantilla de "los bichos" le ha devuelto ilusión en el fútbol.

Más información: Ser mujer malaguista a partir de los 65 años: "Mis amigas no lo entienden, pero por el Málaga cancelo planes"

Publicada
Actualizada
Las claves

Las claves

Paco, de 89 años, considera al Málaga CF como el hijo que nunca tuvo y lleva casi toda su vida apoyando al equipo junto a su familia.

El amor de Paco por el club es tan intenso que sufrió un infarto en La Rosaleda durante un derbi contra el Sevilla en 1999, lo que casi le cuesta la vida.

La familia ha transmitido la pasión blanquiazul a varias generaciones, celebrando cada etapa del club, incluyendo la histórica participación en la Champions League.

Paco anima al Málaga en la final del playoff desde casa, convencido de que el equipo representa la ilusión de toda la ciudad y debe jugar sin complejos.

Hay amores que no se explican solo con caricias y besos, sino con cicatrices y algún que otro disgusto. Francisco Rodríguez, Paco, tiene 89 años y una marca indeleble que le cruza el pecho de arriba a abajo. Ciento y pico puntos le dibujaron el cuerpo tras una operación de corazón. Todo por un infarto que le sobrevino en La Rosaleda durante un tenso e histórico Málaga-Sevilla el 20 de junio de 1999. Un día como hoy.

"Moriré malaguista", dice con la voz quebrada, mientras su mujer, Merche González, asiente con la cabeza. Para la pareja, que ha criado a sus hijas dándoles el biberón y la merienda en la grada, el club de Martiricos es algo más que una afición: "Solo hemos tenido niñas, nos faltaba el hijo; y ese hijo es el Málaga".

Este sábado, el equipo de "los bichos", la plantilla más andaluza "y malagueña" que se recuerda, sale al césped del UD Almería Stadium para jugar la vuelta de la final de los playoffs. No están a un gol de Primera División, como repite la corriente general. Paco, con la lucidez indomable del viejo sabio del fútbol, matiza con nerviosismo: "Estamos a un gol más. A un gol más que el Almería".

La pasión de Paco es difícil de entender sin retrotraerse a la Málaga de los años cincuenta, la del racionamiento, la miseria y el ingenio. Con apenas diez años, despachaba en la panadería de su madrina. Eran tiempos duros, pero el pan de más que salía del horno servía como moneda de cambio clandestina.

Los guardias de la época, los célebres 'yanquis' de la Policía Armada, llegaban con sus portafolios vacíos para no ser vistos llevando paquetes. A cambio de aquellos bollos de estraperlo que el pequeño Paquito les colaba, un cabo primero llamado Pablo Reina le garantizaba la entrada gratis por la puerta de Tribuna. "Ahí cogí el hábito", recuerda.

Paco señala sus abonos.

Paco señala sus abonos.

Fue en ese fútbol en blanco y negro donde Paco conoció a su gran referente, su jugador favorito de la historia malaguista: Migueli. Al recordarlo, las lágrimas le inundan los ojos. Su mujer interviene para que no se altere, pero la emoción es incontenible: "Era lo más honrado que había en el fútbol. Un malaguista a pulmón limpio, se mataba en el campo. Fue nuestro primer internacional".

Paco ha visto desfilar la historia del club desde sus entrañas. Fue compromisario del club en las caóticas asambleas de los noventa y conoció el fútbol de los presidentes 'pintorescos' que fichaban a los delanteros en las casetas de la feria.

Pero el momento que casi le cuesta la vida ocurrió en el 99. Un derbi de alto riesgo frente al Sevilla. El ambiente estaba caldeado, la policía cargaba a caballo y el Málaga perdía 0-1. Paco, fumador empedernido entonces, empezó a sentirse raro en el descanso. Su mujer notó cómo el sudor le caía a chorros por la frente. La decisión de haber acudido andando al estadio aquel día, y no en coche, acabó salvándole la vida.

Paco, con su familia.

Paco, con su familia.

En mitad del colapso, Paco logró refugiarse en el parque de bomberos. Una médica le suministró una pastilla sublingual y la ambulancia lo trasladó de urgencia a la Clínica El Ángel directo a la UVI. El diagnóstico: un infarto que derivó en una intervención a corazón abierto con el diagnóstico, dice su hija, de ser "un malaguista empedernido" que no supo gestionar bien una derrota contra el Sevilla.

A pesar de los sinsabores que le han dado los colores blanquiazules, Paco obtuvo su recompensa dorada en la era de Isco, Joaquín o Baptista. "Yo quería ver una Champions y la vi. Eso no me lo quita nadie", afirma con orgullo, mientras su mujer saca una caja con decenas de recortes y entradas de aquella etapa. Aquella fatídica noche de Dortmund la vivió junto a su esposa viendo el partido en Vialia junto a otros malaguistas. El regreso a casa fue un mar de lágrimas compartidas con media ciudad: "En mi vida he echado más lágrimas. Llorando sin poder dar un paso, abrazándonos todos", recuerda la pareja. Los ojos de Paco vuelven a empañarse.

Hoy, esa herencia emocional se ha convertido en la mayor victoria de su vida. Paco y su mujer celebran ya 62 años juntos. Gran parte de ellos celebrando goles del equipo de sus amores. "Ellos pasan horas viendo deporte en televisión. Ahora, el mundial. Cuando no, el Unicaja, pero siempre su Málaga", dice su hija Susana, presente en la charla, que asegura que bien podrían tragarse hasta un campeonato de petanca. "Son incansables", dice con una sonrisa.

La pareja posa con camisetas del Málaga.

La pareja posa con camisetas del Málaga.

Merche dice con orgullo cómo ha conseguido inyectar el venenillo malaguista en toda su familia. "Una de mis cuatro nietas se ponía con el móvil porque decía que no le gustaba ver partidos en La Rosaleda... Pues ya va hasta a los recibimientos, es una más", cuenta con orgullo la mujer, que también ha enganchado a hermanos, sobrinos... "Incluso a los que viven fuera de Málaga... Siguen siendo del Málaga", relata. En Navidad, tras comer los borrachuelos, en la familia de Paco no se cantan villancicos: se canta el himno del Málaga.

El sábado, Paco no viajará hasta Almería. Los achaques de la edad no se lo permiten. Verá el partido en el salón de su casa, con el televisor encendido y el transistor pegado a la oreja para paliar el retardo de la señal, un ritual que siempre hace con su mujer, que dice que de esa forma dan suerte a los jugadores en los partidos importantes, como el de este sábado.

Su hija se ofrece a recogerlo, en caso de victoria, para llevárselo por ahí a gritar "aunque sea a caballito". La plantilla que encaminó Pellicer y ahora dirige Funes le ha devuelto la ilusión en el Málaga. "Todos y cada uno de ellos son maravillosos", expresa Paco, que se emociona de nuevo cuando se le plantea la pregunta de qué le diría a los jugadores si pudiera entrar al vestuario de Almería antes de que el equipo salte al césped.

Un selfie en La Rosaleda.

Un selfie en La Rosaleda.

"Que no se encojan. Que son mejores que todos los que tienen enfrente. Tienen que creerse lo que son, porque tienen a una ciudad entera detrás empujándolos. Que salgan a luchar sin complejos", confiesa entre lágrimas. En casa le han escuchado alguna vez decir que creía que iba a morir sin volver a ver al Málaga en Primera División. "En Parcemasa ya me están haciendo ofertas, eso es así", dice el hombre, con gran sentido del humor.

Pensaba que ya no habría opción de volver a pelear desde la grada contra esos malagueños que animan al Real Madrid o al Barcelona antes que al club de su ciudad. "Hemos tenido vivencias de todos los colores, pero es que he sido siempre muy impulsivo; no sé si el Málaga sube si volvería a La Rosaleda o me quedaría aquí tranquilo en mi tribuna [refiriéndose a su sofá]", confiesa entre risas.

Paco se ha pasado 79 de sus 89 años amando unos colores. Aunque dice que "incluso más", porque siente que nació malaguista de cuna. El sábado, cuando las piernas de los jóvenes futbolistas tiemblen bajo la presión del ascenso y emprendan su recorrido por el terreno de juego, harán bien en recordar que juegan por personas como él. Por el niño que cambiaba bollos de pan por fútbol y por el hombre que casi entrega su propio corazón a la grada de La Rosaleda. A fin de cuentas, su mirada y entrega es la de toda una ciudad, que estará animándolos al unísono para cumplir un gran sueño.

Una imagen familiar en La Rosaleda.

Una imagen familiar en La Rosaleda.

"Hay una ciudad detrás, la más grande, bonita e importante de España, que está ilusionada con ellos. No deben achicarse. Al revés", dice Paco, que vuelve a comparar al Málaga con su hijo. Dice que los hijos dan muchas alegrías... "pero sobre todo irritaciones y disgustos muy grandes". Esperemos que este sábado su hijo le dé la alegría más grande de todas.