Una imagen de José con Sergio y de Sergio en el traslado de Mena.

Una imagen de José con Sergio y de Sergio en el traslado de Mena. Cedida // Francisco Hinojosa

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De las drogas a la redención: cómo un legionario cambió la vida de su hijo y este cumplió su último deseo en Mena

Sergio llevó las cenizas de su padre al traslado del Cristo de la Buena Muerte, una promesa que tenía pendiente con él, ya que era devoto del Señor y exlegionario y solo pudo ver una vez y de lejos este tradicional acto.

Más información: "Mi padre fue legionario y murió en noviembre; lo hemos traído a ver al Cristo de la Buena Muerte, lo prometimos"

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Las claves

Sergio cumplió el último deseo de su padre, legionario fallecido, llevándolo simbólicamente al traslado del Cristo de la Buena Muerte en Málaga.

La vida de José, marcada por su paso por la Legión Española, influyó decisivamente en la superación de las adicciones de su hijo.

Tras años de adicción, Sergio logró rehacer su vida y ahora ayuda a otras personas en procesos similares, inspirado por las enseñanzas de su padre.

El homenaje en Semana Santa fue un acto de despedida y agradecimiento, donde Sergio llevó consigo las cenizas y recuerdos de su padre y de un amigo cercano.

El pasado Jueves Santo, Sergio, valenciano de nacimiento, pasó la madrugada al aire libre en la plaza Fray Alonso de Santo Tomás esperando para ver en primera fila el traslado del Cristo de la Buena Muerte acompañado de su madre, su hermana, sus sobrinos y, en cierta forma, de su padre, cuyas cenizas trajo a Málaga junto a una de sus fotos favoritas. “Prometimos venir juntos”, contaba este hombre a EL ESPAÑOL de Málaga entonces.

Su padre, José, era legionario, pero el pasado 21 de noviembre murió a los 72 años de edad. “Todo fue muy rápido e inesperado”, lamentaba el hijo de este antiguo legionario, muy emocionado, pero feliz de haber celebrado “un acto simbólico de despedida, para demostrarle que habíamos venido a Málaga por él”.

Historias como la de esta familia quedan reflejadas en crónicas de eventos tan importantes como el traslado del Cristo de la Buena Muerte, pero entre el gentío, las vallas y la emoción colectiva es complicado profundizar en ellas. Así que Sergio no dudó en volver a contactar con este periódico para contar con detalle la historia de su familia.

Aún no se cree cómo un cáncer de riñón avanzado, “detectado tarde”, con metástasis, puso fin a una vida que, para él, estuvo marcada por la entrega y una forma muy especial de querer a los demás.“Era de los que lo daban todo sin pedir nada a cambio”, cuenta. También de los que sentían mucho, aunque no siempre supieran cómo demostrarlo.

Hasta el último momento, José fue fiel a sí mismo y a su creencia de cuidar a los suyos hasta cuando las fuerzas fallan. La víspera de su muerte, débil en una cama de hospital, aún sacó fuerzas para firmar ante notario la venta del bar familiar que había sostenido durante dos décadas. “Lo dejó todo arreglado para mi madre”, relata Sergio. Al día siguiente, falleció.

Este detalle, desde el punto de vista de su hijo, es algo muy de legionario. Y es que la historia de vida de su padre no se entiende sin la Legión Española. José fue caballero legionario en 1975, en los últimos años del Sáhara, donde pasó más de un año como conductor de carros de combate y tirador de MG42. No fue una etapa larga, pero su hijo cree que le marcó para siempre: “Aunque no estuvo muchos años, fue legionario toda la vida”.

Ese vínculo nunca se rompió. Cada Semana Santa seguía el traslado desde casa, con un Cristo relumbrante en su cadena de oro y una emoción que su hijo no es capaz de describir con palabras. José solo pudo vivir la experiencia del traslado una vez en persona, cuando vino a Málaga hace más de una década. Pero no pudo vivirlo desde cerca y siempre tuvo la espinita clavada de no haber podido ir.

Hasta ahora, cuando su familia ha decidido que cumpla un sueño, aunque sea desde allá donde esté. “Esto no ha sido un viaje”, explica Sergio, que define su Jueves Santo como una de las experiencias más bonitas de su vida. Para él, fue una despedida preciosa a su padre, que se lo merecía todo.

Sergio y su padre.

Sergio y su padre.

Por eso decidió traerlo consigo de la única forma posible. Por eso hizo noche para lograr el mejor sitio posible. Por eso esperó durante horas. Por eso, cuando sonó El novio de la muerte y los más de 130 legionarios llenaron la plaza, no pudo contenerse en un llanto similar al de un niño pequeño.

“Es que mi padre no solo me dio la vida, me la salvó”, dice con seriedad y muy emocionado Sergio, que durante veinte años convivió con las adicciones. Empezó a consumir con apenas 13 años y no paró hasta los 33. “Tengo 41 años y estoy limpio desde hace ocho. No bebo, no consumo y no tomo nada que altere mi estado de ánimo, pero llegar hasta aquí no ha sido nada fácil”, dice Sergio, que se arrepiente de aquellos años donde sabe que solo provocó dolor en su familia.

Fueron años que resume en “robos, mentiras y manipulación” tanto a él como a su madre. “A mi madre la engañaba más, pero con él no podía”, reconoce. Su padre fue quien marcó los límites, quien le echó de casa cuando hizo falta y quien le enseñó el significado de la palabra disciplina. “En ese momento lo viví con rabia, pero hoy pienso que su actitud fue clave para estar vivo hoy”, añade con sinceridad.

Durante mucho tiempo lo culpó de todo, pero no era más que una excusa más para seguir consumiendo. Estaba totalmente perdido. En un día en que tuvo un episodio de consumo muy alto, despertó y fue derecho a sus padres para rogarles ayuda.

Pasaron seis años desde que pidió ayuda hasta que logró dejarlo definitivamente. Tocó fondo, sabía que “o moría o se iba a la cárcel”. Y entonces, todo lo que su padre le había enseñado, incluso lo que no quiso escuchar, apareció en su cabeza.

Una foto familiar.

Una foto familiar.

El 21 de febrero hizo ocho años limpio y unos meses antes, el 21 de noviembre, murió su padre. “El 21 se ha quedado marcado para siempre”, dice. El día que volvió a nacer y el peor día de su vida.

Antes de morir, su padre le repitió varias veces que estaba orgulloso de él. “Y sinceramente era lo único que necesitaba escuchar”. Pudo cuidarlo, despedirse y decirle todo lo que durante años quedó pendiente. Y aún así, a día de hoy se arrepiente de todos los años que tiró a la basura y que le robaron tiempo con su padre.

“El 3 de abril también fue el aniversario de la muerte de uno de mis mejores amigos, que se fue hace un año. A él lo estuve ayudando bastante en su proceso. Y aunque no te lo conté ese día, él también estuvo conmigo en Málaga en una cruz que llevo colgada en el cuello con parte de sus cenizas; para mí era importante que estuviera conmigo también, porque todo esto ha marcado mi vida y el camino que sigo hoy”, sostiene.

Sergio con su amigo.

Sergio con su amigo.

Actualmente, Sergio se dedica precisamente a ayudar a personas que están pasando o han pasado el mismo proceso que el suyo. “Intento acompañarlas, darles luz desde mi experiencia y demostrarles que se puede salir”, relata.

En sus propias palabras, está en uno de los mejores momentos de su vida, tras tanta oscuridad. La misma semana que ingresaron a su padre conoció la noticia de que iba a ser padre y, en poco más de un mes, nacerá su hijo, Mario. “Me habría encantado que se conocieran pero sé que de alguna manera mi padre estará siempre con él, porque todo lo que soy y lo que voy a enseñarle vienen de todo lo que mi padre dejó”, concluye.