Una imagen de la Virgen del Amparo.

Una imagen de la Virgen del Amparo. Francisco Hinojosa

Cofradías

La historia de la rosa amarilla de la Virgen del Amparo de Málaga que emociona cada Domingo de Ramos

El Domingo de Ramos la imagen procesiona con una flor dorada en la mano, pero en su capilla esta siempre es de color amarillo.

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Las claves

La Virgen del Amparo de Málaga luce una especial rosa dorada cada Domingo de Ramos, acompañando su exorno floral en tonos blancos y rosas.

La tradición de la rosa amarilla comenzó con Antonia Gallego Rueda, quien prometió llevar diariamente una rosa amarilla a la Virgen.

Tras el fallecimiento de Gallego, su familia mantiene la costumbre colocando una rosa artificial amarilla, renovada cada año.

La casa de hermandad desde la que sale la procesión está situada en el solar donde vivió Antonia Gallego, reforzando el vínculo con la devoción popular.

​Hay quien la llama la Virgen de la Sonrisa, la niña de la alegría. Y no les falta razón. La Virgen del Amparo, de la cofradía de la Pollinica de Málaga, es una de esas imágenes que, con su semblante, ilumina el día a todos los que la observan. Este año, la sagrada titular mariana de la corporación pollinica lleva un exorno floral de color blanco compuesto por meyeri, flor de cera rosa, clavel rosa claro, dendrobium rosa pálido, fresias rosa pálido, astilve rosa pálido y alelí rosa pálido.

Pero, ojo, que no son las únicas flores que forman parte del trono. La más especial la lleva el Amparo en la mano izquierda y es de un color dorado intenso, casi amarillento. Tras esa rosa, hay una bonita historia de devoción y fidelidad, así como un nombre propio.

Durante el año, esa rosa dorada en su capilla es de color amarillo, igual que la que solía llevarle diariamente Antonia Gallego Rueda cuando vivía. Gallego hizo una promesa a la Virgen del Amparo que consistía en llevarle todos los días una rosa amarilla. Cuando murió, su familia trató de seguir con aquella tradición, pero al hacerse complicado ir todos los días, decidieron regalarle a la Virgen una rosa artificial amarilla que se va cambiando una vez al año.

La que porta durante la procesión, de oro de ley, fue donada por María Luisa Martín Reyes. Sin embargo, la rosa amarilla también forma parte del cortejo, no solo en las petaladas que le ofrecen por el recorrido los devotos, sino que también está presente en el trono del Señor de la Pollinica, justo detrás de la palmera.

Allá donde esté, seguro que Gallego no se pierde ni un Domingo de Ramos con ellos. Porque la historia es aún más bonita. El lugar desde donde salen cada Domingo de Ramos ambos titulares, la casa de hermandad que tiene la cofradía en la calle Parras, se ubica en el solar donde durante años vivió la propia Antonia. Una historia preciosa de nuestra Semana Santa.