Una imagen del traslado.

Una imagen del traslado. Francisco Hinojosa

Cofradías

El Cautivo rescata la Málaga que desaparece: un barrio alegre, claveles al aire y balcones abarrotados de devoción

A las siete de la mañana ya no cabía ni un alma en la plaza de San Pablo, donde por vez primera el obispo de la ciudad, José Antonio Satué, presidió la tradicional misa del Alba.

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Las claves

El traslado del Cautivo y la Virgen de la Trinidad refleja la resistencia de la identidad de barrio frente a la gentrificación en Málaga.

Miles de vecinos se congregaron en balcones y calles cubriendo de claveles rojos, rosas y blancos las imágenes, con notas de peticiones y agradecimientos.

El acto incluyó la tradicional misa del Alba, momentos emotivos en el Hospital Civil y la participación de médicos, enfermeros y representantes institucionales.

La devoción popular y el ambiente festivo llenaron el barrio, culminando con encuentros entre cofradías y una atmósfera de fe y esperanza para los asistentes.

El Cautivo es Málaga y Málaga, el Cautivo. El traslado del Señor de Málaga y de la Virgen de la Trinidad ha vuelto a convertirse otro año en el reflejo de una ciudad que resiste, de una forma de vivir el barrio que parece cada vez más amenazada por la gentrificación y la pérdida de identidad. Los balcones rebosan de vecinos, apretados en busca del mejor ángulo desde el que ver pasar al Señor de Málaga y a su madre. Y, entre esa marea de devoción, destacan los claveles rojos: flores que se amontonan a los pies de las imágenes hasta formar una montaña de plegarias, ruegos, agradecimiento, amor y fe.

A las siete de la mañana ya no cabía un alma en la plaza de San Pablo. Allí, por primera vez, el obispo de la ciudad, José Antonio Satué, ha presidido la tradicional misa del Alba y ha querido dedicar a la Cofradía del Cautivo unas palabras muy significativas al inicio de su homilía. “En estos seis meses compartidos con vosotros, me habéis enseñado, y en esta mañana lo estoy viviendo, quién es el Cautivo para esta ciudad. El Cautivo es familia, raíces, reencuentros”, expresó. Para el obispo, el Cautivo son también “los abuelos que nos trajeron aquí de la mano por primera vez”. “Para nosotros el Cautivo lo es todo. Es Dios con nosotros”, ha añadido. En su intervención también hubo espacio para una importante reflexión sobre la situación bélica mundial y la creciente polarización social: “Se sacrifica a personas y pueblos en nombre de intereses inconfesables”.

A su espalda esperaba ya el trono de traslado del Cautivo y la Trinidad. Minutos después, cuando Satué pronunció el “podéis ir en paz”, se escucharon los primeros toques de campana y arrancaba el traslado, cubriéndose de claveles los pies de ambas imágenes en cuestión de segundos. La mayoría, de color rojo, aunque también rosas y blancos. Muchos de ellos llegaban acompañados de pequeñas notas atadas al tallo: el nombre de una recién nacida, la petición por un familiar enfermo o el ruego íntimo de quien deposita en el Cautivo aquello que no puede confiar a nadie más.

Los claveles caían desde el asfalto, pero también desde los balcones de los bloques. Daba igual la altura. Si el pasado año el tiempo condicionó el traslado hasta dejarlo en apenas media hora, este Sábado de Pasión, los rostros de los cofrades eran diferentes y las miradas no se elevaban al cielo, conscientes de que la única lluvia prevista era otra muy distinta: la de pétalos y flores para el Señor de Málaga y su madre.

El Cautivo y la Trinidad.

El Cautivo y la Trinidad. Francisco Hinojosa

El traslado avanzó primero por esas callejuelas estrechas, salpicadas de macetas y con ese encanto humilde que aún conserva el barrio, antes de enfilar Gálvez Ginachero. Lo hizo con los sones de la Banda de Cornetas y Tambores de Nuestro Padre Jesús Cautivo, inseparable ya de la identidad sonora de este cortejo. El destino era, un año más, el Hospital Civil, donde la cofradía celebra uno de los momentos más emotivos de la jornada, volcado en los enfermos y en quienes sufren. El propio hermano mayor, Benjamín Pastor, ha explicado que ese es precisamente el sentido de este Sábado de Pasión: llevar fe y esperanza a quienes atraviesan el dolor, como ocurre cada día en un hospital.

Durante ese acto de imposición de medallas a personas hospitalizadas hubo saetas, emoción y hasta carnaval. Una representación de la Comparsa de Málaga interpretó un pasodoble dedicado al Cautivo, perteneciente al repertorio de Ciudad del Paraíso (2020). Y, como ya es tradición, en el patio del hospital médicos y enfermeros volvieron a echarse al varal para portar durante unos minutos a las sagradas imágenes, en una estampa tan sencilla como conmovedora.

Todo ello ocurrió también bajo la mirada de una amplia representación institucional. Entre los asistentes estuvieron el consejero Antonio Sanz, que dio los primeros toques de campana en el recinto y fue distinguido durante la misa del Alba con una medalla; el presidente del Parlamento andaluz, Jesús Aguirre, que participó además desde el varal; el delegado territorial de Salud en Málaga, Carlos Bautista; la consejera de Economía, Carolina España; y la delegada de la Junta en Málaga, Patricia Navarro.

Uno de los enfermos, emocionado.

Uno de los enfermos, emocionado. Francisco Hinojosa

A la vuelta, entonces sí, el barrio fue pura algarabía. Los “¡guapa!”, los “¡guapo!” y los "¡viva!" a los trinitarios se multiplicaban a cada paso, ya con los sones de la Trinidad Sinfónica. La escena era de las que se quedan grabadas para siempre en la memoria de un hermano trinitario. Antes de tomar calle Trinidad, Jesús Cautivo y María Santísima de la Trinidad se encontraron con el Señor del Santo Traslado y la Soledad de San Pablo, sus vecinos. Y en torno a su casa de hermandad, el barrio se convirtió en una imagen perfecta de lo que significa la devoción popular. Málaga apuraba así los últimos minutos del Cautivo y la Trinidad en este Sábado de Pasión, con la emoción todavía latiendo y la mirada puesta ya en un nuevo Lunes Santo que promete brillar.