María Cuadrado, la autora de '186 días'.

María Cuadrado, la autora de '186 días'. Cedida

Cultura

De lograr un 14 en Selectividad a fichar por una editorial de éxito como escritora de 'thrillers': "Estoy viviendo un sueño"

186 días, el thriller de María Cuadrado, ambientado en Málaga, que engancha desde la primera página, se encuentra a la venta desde el pasado 12 de febrero.

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Las claves

María Cuadrado, joven escritora malagueña de 21 años, ha fichado por Penguin Random House tras lograr la mejor nota de Selectividad en 2021.

Su novela '186 días' explora el thriller psicológico con una protagonista moralmente ambigua que escribe cartas desde la cárcel mientras espera juicio.

Cuadrado destaca la importancia de la documentación y el realismo en su obra, consultando expertos para dotar de verosimilitud a la historia y a los personajes.

A pesar del éxito académico y literario, María reivindica la normalidad en las personas con altas capacidades y apuesta por dedicarse de lleno a la escritura.

La joven escritora malagueña María Cuadrado habla deprisa, como si todavía estuviera en plena carrera de fondo. "Últimamente no paro", dice tras un suspiro, pero sin perder la sonrisa. Sus días se consumen a la velocidad de un cigarrillo. A la frenética promoción de su nueva novela, 186 días, hay que sumar las horas que pasa poniendo a punto la próxima, que ya está en proceso, y el ratito para leer libros, un aspecto que a su parecer es clave para un escritor. "Si no lees, no mejoras. Me encanta leer y me ayuda mucho", dice la joven, que se bebe más de 50 títulos en un año.

A sus 21 años, habla con una madurez descomunal que transmite incluso en las páginas de su último libro, que salió el pasado 12 de febrero. Pero confiesa que sigue siendo una niña para otras cosas, como a la hora de emocionarse. "Cuando me encontré con mi libro en sitios como la librería Luces o El Corte Inglés, no daba crédito. Me puse a llorar como una niña pequeña al ver esa montaña de ejemplares. Yo aún no me lo creo porque ser escritora... realmente es el sueño de mi vida y publicar con Penguin Random House ha sido una locura que aún no creo que me esté pasando a mí", declara.

Ese sueño del que habla María no llegó por casualidad. Antes de 186 días y siendo una adolescente publicó dos libros en inglés y otro par de libros en español con Valparaíso Ediciones. Pero cuando estaba creando 186 días, reconoce que ella misma ya sabía que había subido un escalón. Era un producto diferente. Así que decidió enviar a Penguin Random House y a Planeta el manuscrito de su obra... por ver si sonaba la flauta. Y sonó.

"Me respondieron las dos a falta de una... el mismo día; yo no me lo creía", recuerda. Primero llegó la llamada de Planeta, con ella gritando al otro lado del teléfono dando saltos de alegría. Y esa misma tarde, le contactaron Penguin: también lo querían. La decisión fue difícil y, según cuenta, vino marcada por una preocupación concreta. "A mí me importaba mucho el tema de la libertad creativa".

Penguin le ofreció algo más que ese título, le compraron la novela, pero también lo siguiente que escribiera. Sin ningún tipo de requerimiento más que la fecha de entrega y publicación de un libro que en ese momento ni existía. Para Cuadrado, aquello fue "un acto de fe tremendo" y una confianza determinante que terminó de empujarla en este sueño que estaba viviendo. "Fue espectacular ver cómo ambas iban 'peleando' por mí, mejorándome las ofertas, cuando creía que ninguna me llamaría", relata.

María Cuadrado, con una torre de libros.

María Cuadrado, con una torre de libros.

La autora insiste en que, por número de publicaciones, este sería su quinto libro y el tercero en español, pero lo vive como un debut. "Por todo esto de la editorial grande y también el género… es como si fuera la primera vez". Hasta ahora, su etapa en español había sido "más poética" y en esta ocasión apuesta por la prosa y el suspense.

El thriller era para ella un territorio pendiente, aunque entró en este mundillo con una condición: no quería competir en el esquema clásico. "La mayoría de los thrillers hablan de quién ha matado a quién… y yo dije: ¿y si hiciera un thriller que abordara la cuestión de por qué lo ha hecho?" Su idea era, desde que se enfrentó a la primera página en blanco, que el lector conociera lo ocurrido desde el principio y que el motor fuera reconstruir cada caída de la historia.

El ítem más importante del proyecto es Aria, el personaje principal del libro. Cuadrado convierte en protagonista a una figura casi siempre secundaria: "la otra". Llevaba tiempo escribiendo sobre el amor no correspondido y le dio una vuelta a la idea reflexionando al respecto. "¿Qué mayor encarnación y representación del amor no correspondido hay que siendo la otra?". Le parece un papel poco explorado en ficción, reducido a "una tercera persona que llega y desestabiliza un matrimonio", sin que se indague en su humanidad ni en sus reacciones. En 186 días, esa mirada se desplaza al centro y se convierte además en un arma narrativa: quiere que el lector sufra cierta incomodidad pensando ciertas cosas en el tiempo que devora la novela.

Esa incomodidad tiene nombre propio. Aria, una protagonista "moralmente ambigua" hecha para que el actor dude de sí mismo. La mujer escribe cartas desde la cárcel, en las que va explicando por qué ayudó a su amante a esconder el cadáver de su mujer. Así, va escribiendo a lo largo de 186 días, a la espera del juicio en el que se esclarecerá lo que ocurrió con esta mujer asesinada.

"A mí me gustan los personajes moralmente grises", explica. Y cuando define qué necesita un personaje oscuro para funcionar, no habla de violencia ni de misterio; lo tiene clarísimo: "humanidad". Lo que Cuadrado busca con su historia es esa "empatía incómoda" que aparece cuando el lector entiende a quien ha hecho lo injustificable sin llegar a justificarlo. Aria, remarca, no se disculpa por matar por amor en ningún momento del libro: "Ella en ningún momento pide perdón… solo pide comprensión, lo cual es inquietante".

Para sostener ese tipo de personaje, Cuadrado se volcó en la verosimilitud. Aclara que su novela "no es un tratado de derecho ni un manual de policía o psiquiatría", pero necesitaba que sonara real. Consultó con una psicóloga y un psiquiatra para construir a Aria, y también con un excomisario de la Policía Nacional y una abogada. Les contó la historia y, después, tuvieron la novela en sus manos para señalarle qué funcionaba y qué no.

"Mi objetivo era que en función de qué parte, suene a abogado, que suene a juez, que no suene a María Cuadrado", resume. Su formación en traducción le ayudó con la terminología jurídica, pero también tiró de simulaciones de juicios, apuntes y conversaciones con estudiantes de Derecho para que el lenguaje encajara.

María, con sus libros.

María, con sus libros.

Hubo un descubrimiento que le dejó huella en este proceso de aprendizaje y creación: la prisión preventiva. La describe como algo "totalmente inquietante" por el tiempo de espera que hay hasta el juicio. "No es la primera vez que entra un inocente durante bastante tiempo a la cárcel y al final se demuestra que no fue él", dice. A María le da pánico la cárcel, pero su editora le pidió que la novela tuviera más detalles sobre la cárcel y fue tal el nivel de obsesión por aprender sobre el tema que llegó a pasar meses de verano soñando con que la habían encerrado.

Trató de documentarse acerca de horarios, rutinas y rigideces y, al no poder concretar algunos datos de la cárcel de Alhaurín, optaron por un recurso narrativo: mover la prisión a Antequera para proteger la verosimilitud sin quedar atrapados por algún detalle comprobable. "No pretende ser una representación fidedigna de la realidad, solo algo factible; yo quería que la novela estuviera ambientada en Málaga y nos decidimos por una cárcel que, por cierto, tuvo Antequera... para no pillarnos ningún dedo"

Eligió que la historia ocurriera en su tierra porque disfruta el efecto que producen los escenarios reales, "esa sensación de que lo narrado podría haber ocurrido a la vuelta de la esquina". "Hay veces que como lectora lees algo y pasas en la realidad por ese sitio y dices... 'Ay, madre, esto o aquello podría pasar aquí'". Tanto, que admite que a veces se le mezclan los recuerdos de la protagonista con los suyos y que su familia llega a confundirla con Aria cuando menciona lugares concretos. "Hay gente que cree que adoro La Bella Julieta, pero la que iba mucho a esa cafetería es Aria, no yo", bromea.

Cuando piensa en el lector ideal, no lo reduce a una edad o un nicho. Dice que su última novela mezcla romance y suspense desde lo psicológico y que aspira a provocar una sensación concreta: "Desasosiego", "resaca", la idea de cerrar el libro y no poder pasar a otro. Le gustaría que el lector se acostara "con una pregunta incómoda" y que la historia se le quedara dentro durante mucho tiempo.

La mejor nota de Selectividad

186 días nació, dice, tras un "bloqueo creativo". "No lograba conseguir una novela que me enganchase." Y siente que Aria, con una voz potente, "vino a rescatarme". "Yo le doy las gracias", asevera la joven, que logró la mejor nota de Selectividad en 2021, un 14, motivo por el que salió en decenas de medios de comunicación. "Creo que aquello me abrió puertas; me dio a conocer. Pero la realidad es que yo era la misma persona antes y después de sacarlo", asegura.

Insiste en que no hubo ciencia infusa ni memoria fotográfica, sino estudio, mucho estudio. "Me maté a estudiar", confiesa. Sin embargo, aquel número la convirtió en símbolo y generó en ella una expectativa ajena que todavía hoy arrastra. Muchos se sorprendieron de que eligiera Traducción en Málaga pudiendo "haber hecho la carrera que quisiera en el lugar que quisiera". Su respuesta es sencilla: "Hice exactamente lo que quería hacer". De hecho, en las crónicas de 2021 ya hablaba del sueño de convertirse en escritora.

Con el tiempo, ese 14 también pesó. Cuadrado habla de clichés, especialmente el que asocia las altas capacidades con carreras de ciencias o con una supuesta obligación de excelencia permanente. "No todo es Medicina e irte a Cambridge". María se saltó un curso, porque así lo decidieron los especialistas, y llegó a la universidad siendo más joven, con la intención de empezar de cero tras haber sufrido bullying en el colegio por ser superdotada. No pudo. "Todo el mundo al final sabía quién era por lo del 14, había un prejuicio". Durante años sintió que la miraban como un personaje prefabricado, sin margen para desmontar prejuicios.

Hoy forma parte de Mensa España, la asociación de personas con altas capacidades, donde encuentra experiencias compartidas lejos de un estereotipo "elitista". "Nos vamos a tomar cervezas", resume, para desmitificar la imagen del genio aislado. Asegura que tener altas capacidades "no es ni bueno ni malo", que tiene luces y sombras, y que con el tiempo aprendió a verlo como un filtro. "Las personas que tengo al lado me han querido conocer más allá de verme como la niña del 14". A nivel profesional dice que le ha ayudado, pero en lo íntimo le ha costado encajar. "Yo solo quería ser normal", añade.

En su brújula literaria, el nombre que más repite es Stephen King. "Mi autor favorito es Stephen King, el número uno". Defiende que su mayor talento no es solo el terror, sino el suspense, y se emociona cuando cuenta que su editora vio ecos de Carrie y Misery en 186 días sin saber que él era su referencia principal. También menciona Tenemos que hablar de Kevin, de Lionel Shriver, y autores de poesía contemporánea, además de clásicos que, según le han dicho, dialogan con su historia.

Ahora, el siguiente proyecto ya está entregado y, si la editorial lo aprueba, seguirá en el mismo género: suspense, personajes complejos y una historia que "cada vez agobia más". Cuadrado no promete planes a cinco años. "Vivo día a día total", dice, con el carpe diem como mantra principal. Lo que sí repite, con la misma determinación que en toda la conversación, es que esta vez lo de ser escritora va en serio. "No hay plan B. Este tenía que ser el plan A y voy a trabajar duro porque sea así", concluye.