Una imagen del equipo de Nonna.
Nonna, un mes después de su gran incendio: "Ahora es cuando menos dudas tenemos de que vamos para delante"
El incendio que arrasó la fábrica de helados Nonna en Cajiz desató una cadena de solidaridad que mantiene vivo el negocio, que arrancó en 2013.
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El viernes 17 de abril, Enrique Rodríguez y su hijo Raúl volvían a su casa en Rincón de la Victoria cuando sonó el teléfono. La nave del polígono de Cajiz, donde Nonna, la empresa que regenta, producía sus helados artesanales, estaba ardiendo de principio a fin. Un incendio originado en una nave textil colindante, alimentado por material altamente inflamable, había arrasado su centro de producción. Cuando llegaron, no quedaba nada que salvar.
"Lo pasamos muy mal, fue traumático. Pero empezamos a buscar soluciones", recordaba en varias entrevistas con este periódico Enrique. Durante los primeros días, la familia aún confiaba en recuperar la nave original. Sin embargo, los bomberos cerraron esa puerta, ya que les informaron que los edificios afectados tendrían que ser demolidos por riesgo de derrumbe.
A partir de ahí, comenzó una carrera contrarreloj para que el negocio se mantuviera a flote tras un golpe tan brusco. Acudieron a las redes sociales y a los medios para pedir colaboración, que no limosna. Y así, cinco días después del incendio, Enrique ya tenía en el bolsillo una llave que no esperaba: la de una nave en el polígono San Luis de Málaga capital. Se la había dado Pepe Cañete, empresario y dueño de Costa del Sol Balear SL, sin pedirle que firmara un solo papel. Las condiciones del alquiler con opción a compra incluían un primer año sin pagar nada. "Le deberemos la vida", contaba Enrique a EL ESPAÑOL de Málaga hace unas semanas, "abrumado".
Acondicionar esa nave lleva tiempo y, sobre todo, dinero para maquinaria e instalaciones. Ahí está, hoy por hoy, el principal nudo del relato. Los bancos, reconoce Enrique, "no lo están poniendo fácil, nada fácil". Aunque en los últimos días una entidad financiera ha mostrado disposición a ayudar, el empresario prefiere no adelantar nada hasta tener algo en firme.
Mientras la nave del polígono San Luis espera financiación, Nonna ha echado a andar por otra vía: el pequeño obrador del local de Rincón de la Victoria, el mismo sitio donde la empresa nació en 2013. Una habitación pequeña que guarda toda la historia de la marca y que ahora, doce años después, vuelve a ser su centro de operaciones. Jamás imaginarían volver al mismo punto del inicio, pero la vida les ha obligado.
Para que ese obrador pudiera funcionar hacía falta maquinaria. Y aquí apareció otro gesto difícil de creer: una fábrica y distribuidora malagueña de maquinaria especial de heladería les prestó equipos traídos directamente de Italia, valorados en 120.000 euros. "Todo un detallazo", dice Enrique.
Con esas máquinas y la ayuda de un electricista, el obrador arrancó. Desde entonces trabajan siete días a la semana en dos turnos. La producción no es la de antes, pero es suficiente para haber reabierto las heladerías de Rincón de la Victoria y Torre del Mar, y para retomar el suministro a hoteles y restaurantes. "Son nuestros clientes principales y la verdad, eso es lo que nos está ahora mismo salvando", reconoce.
Enrique tiene una lista mental de personas a las que agradecer algo. Fontaneros, electricistas, albañiles... Todos han trabajado estas semanas sabiendo que no cobrarían de inmediato. "A todo el mundo le tenemos que decir lo mismo, que en algún momento te pagaremos, pero ahora mismo no tenemos capacidad. Y todo el mundo está respondiendo", cuenta.
A esa cadena de solidaridad profesional se suma la de los clientes. Nonna rechazó desde el principio pedir donaciones o ayudas a fondo perdido. En su lugar, habilitaron en su web la venta anticipada de helados, gracias a la iniciativa de Martín Paz, un especialista en SEO canario que les montó la plataforma. Desde el 16 de mayo, quienes compraron por adelantado pueden recoger sus pedidos con el cupón correspondiente.
"Nunca hemos tenido dudas, pero ahora es cuando menos dudas tenemos en que esto lo vamos a sacar adelante, sí o sí", reconoce Enrique. Un mes después del incendio, el propietario de Nonna habla con mucha serenidad, algo complicado, porque vio con sus propios ojos cómo su empresa podía desaparecer en una noche y ha comprobado, en cambio, que había mucha gente dispuesta a que eso no ocurriera. "Ahora seguimos con mucha más fuerza por toda la colaboración y toda la gente que nos está apoyando".
Así de caprichosa es la vida. Nonna nació en 2013 en un obrador pequeño en Rincón de la Victoria. Trece años después, el incendio de Cajiz la ha devuelto exactamente al mismo punto de partida. Solo que esta vez no están precisamente solos.