Una de las balas disparadas contra la Policía en Vélez Malaga.

Una de las balas disparadas contra la Policía en Vélez Malaga.

Málaga

El salto violento del narco en la Costa del Sol: ya disparan incluso para proteger bidones de gasolina

Huelva, Málaga y Almería se consolidan como los nuevos epicentros de un narcotráfico que ya responde al Estado con una agresividad sin precedentes.

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Las claves

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El narcotráfico en la Costa del Sol ha escalado en violencia, llegando los traficantes a disparar contra la policía incluso para proteger bidones de gasolina.

Clanes criminales utilizan armamento de guerra y contravigilancias para defender tanto droga como recursos logísticos, dificultando las operaciones policiales.

Existen lagunas legales respecto a la posesión de gasolina para narcolanchas, con debate entre sanción administrativa y penal.

Las fuerzas de seguridad han sufrido ataques y accidentes mortales en los últimos meses, reflejando el aumento del peligro y la sofisticación de los narcos.

Si unos traficantes que protegen simplemente gasolina se enfrentan a tiros contra la Policía Nacional en un operativo habitual para lo que realiza la UDYCO en la Costa del Sol es porque la situación del narcotráfico en el sur de España está realmente descontrolada.

Ya no es sólo que las organizaciones criminales protejan con armamento de guerra la droga, que con el paso del tiempo y viendo la capacidad económica que tiene en toda Europa podría pensarse que pasaría. Ahora también los clanes que realizan labores simplemente logísticas para abastecer a narcolanchas se defienden con todo lo que tengan a mano.

Los hechos ocurrieron en una nave industrial de Vélez-Málaga, un punto de la geografía de Málaga que está tomando relevancia para el futuro de distintas organizaciones criminales que están operando entre Granada y Almería.

En estos momentos, junto a Huelva, son los puntos más calientes del tráfico de drogas en Andalucía. Cuando agentes de la UDYCO iniciaron la operación tras realizar vigilancias a la nave, fueron recibidos a tiros por los traficantes que se percataron de su presencia.

Esto no es un detalle menor, ya que muestra que cualquier organización criminal en la Costa del Sol realiza ya unas mínimas tareas de contravigilancias que posibilitan que operaciones policiales no lleguen a buen puerto.

Tras ser repelidos a tiros, hubo algunos traficantes que huyeron en vehículos y otros fueron detenidos in situ. Tras la tormenta, se encontraron 5.000 litros de gasolina y embarcaciones semirrígidas. Pecata minuta para lo que se esconde en guarderías y se mueve en la Costa del Sol.

Ya no sorprende esa respuesta tan brutal como la que es intentar matar a un agente de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, pero que se dé en ese contexto de un recinto sin ningún tipo de droga es para alarmarse.

Hay que recordar que muchos jueces no condenarían penalmente esa posesión de gasolina para abastecer narcolanchas porque hay bastante discusión doctrinal sobre ello. La Fiscalía y gran parte de la Audiencia Provincial de Cádiz avala que se castigue penalmente esa posesión de gasolina por el artículo 568 del Código Penal sobre la posesión de sustancias inflamables o incendiarias. Pero hay otros Magistrados que entienden que esa posesión de gasolina sólo se debe sancionar administrativamente y que esto se debe a la dejadez legislativa del Congreso.

Por lo tanto, esta semana unos sujetos que quizás sólo habrían sido sancionados administrativamente por poseer gasolina dispararon contra la Policía. Esto sólo sin tener en cuenta que había gomas en la nave por las que podrían ser condenados por un delito de contrabando, algo bastante menor para lo que se enfrentarían si hubiese droga de por medio.

Lo que refleja este nuevo ataque contra el Estado es que quien está involucrado a cualquier tipo de nivel de jerárquico en el narcotráfico no asume su papel en esta sociedad y no va a admitir ningún tipo de detención sin una resistencia brutal ya que no existe ningún límite moral para llevarse el pastel por el que les han contratado.

Tras el asesinato de los dos guardias civiles en Barbate, David Pérez y Miguel Ángel González, no se ha realizado ninguna reforma legal que detenga esta deriva sin control de la violencia que ejerce el narco contra las FFCCSS.

A ello le han seguido otras operaciones en la que también se ha abierto fuego contra agentes como en Vélez-Málaga, accidentes como el que provocó la muerte de otros dos Guardias Civiles que perseguían a otra narcolancha en Huelva por no contar una de las embarcaciones involucradas con el mínimo de seguridad exigido para afrontar situaciones extremas en alta mar con los que poder enfrentarse a una goma.

Y a hechos como el de Almería, sucedido también hace escasos días, en el que una narcolancha embistió a una patrullera de Vigilancia Aduanera para ayudar a escapar a otros narcos que estaban con problemas mecánicos en una goma en alta mar. Esa situación acabó sin heridos, pero hasta 5 narcolanchas estuvieron involucradas para rescatar a la que tenía problemas.

Y no usaron armas los narcos en esa ocasión, pero el helicóptero de Vigilancia Aduanera detectó la presencia de varias armas de fuego en algunas de esas gomas que escaparon de la intervención en la que no hubo detenidos.

Estos hechos sólo son un reflejo de la realidad que hay ahí fuera en los bajos fondos del narcotráfico, en los que cada vez se mueve más dinero y desde las instituciones se sigue infravalorando un problema que no deja de crecer.

La última gran operación de la Guardia Civil en la que se incautaron 30,2 toneladas de cocaína en un mercante que iba a repartir esa droga en toda la costa española acompañado de personal pertrechado con armamento de guerra. Si están llegando cargamentos multimillonarios como este a España con un valor que supera ampliamente los 1.000 millones de euros en la calle, lo que se van a encontrar los agentes en tierra que tengan que incautar cantidades desorbitadas de droga no serán 4 pistoleros sin experiencia. Serán paramilitares, y ahí ya nos echaremos las manos en la cabeza. Mientras tanto, todo sigue igual. Empeorando.