La fallecida y algunos de sus animales.
Los huérfanos peludos de Edurne buscan familia: el rescate que se libra a la sombra del crimen de Cártama
La mujer fue asesinada el pasado mes de marzo en su casa. Aunque se barajó como principal hipótesis el robo violento, la investigación acabó llevando a prisión a su hijo adoptivo como autor de su muerte.
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Edurne era una fanática de los animales. Lo cuenta una de sus amigas, con las que compartió lugar de trabajo en el centro de salud de Cártama, donde la mujer fue una enfermera comprometida con sus pacientes. En su casa tenía una pastora alemana, un mastín y cinco gatos que eran su compañía, sobre todo sus seis meses de viudez, cuando estos le habían llenado el silencio y el corazón hasta que su vida se apagó para siempre.
El hijo adoptivo de Edurne, de 25 años, fue detenido el 15 de abril y permanece en prisión provisional, comunicada y sin fianza, por un presunto delito de asesinato. Su pareja sentimental también fue arrestada en su momento por su presunta relación con los hechos. Al parecer, el joven quiso fingir que todo se trataba de un robo violento, pero la investigación acabó por apuntar al círculo más íntimo de la enfermera jubilada, cuya muerte ha dejado sin palabras a todo el pueblo.
Mientras los tribunales hacen su trabajo, en la casa donde la mujer vivió durante años, mismo escenario donde su hijo presuntamente le quitó la vida, se libra otra batalla por los seres vivos que han quedadodentro.
La alerta saltó cuando un vecino de la fallecida se dirigió a la directora del centro de salud donde Edurne trabajó durante años. El hijo, antes de su detención, le había dado dinero para comprar pienso y que alimentara a sus animales, pero, según traslada el vecino, este dinero acabó agotándose y por su nivel socioeconómico no podía permitirse seguir alimentando a los gatos y perros de Edurne.
Desde el centro de salud de Edurne se decidió organizar una colecta interna y abrir un grupo de WhatsApp para coordinar un rescate que nadie esperaba tener que asumir con el fin de poner a salvo a todos los animales y darles un hogar.
Una de ellas, Rocío, también enfermera, es quien ha tomado las riendas sobre el terreno. Vinculada desde hace años al proteccionismo animal, se presentó en la vivienda donde murió Edurne con un lector de chips bajo el brazo y empezó a observar cuántos animales tenía Edurne y en qué estado estaban. Una pastora alemana hembra de ocho años. Un mastín joven. Y diez gatos de los que ahora solo quedan cinco, ya que han sido adoptados por vecinos y amigos: dos negros, dos atigrados y un azul ruso. A uno de los negros lo confundió, el primer día, con el otro, idéntico, y solo al volver se dio cuenta de que había dos. De los cinco felinos, solo ha logrado acercarse a dos. Los demás siguen escondidos por la casa, asustados, esperando a que alguien que, por desgracia, ya no existe, venga a llamarlos por su nombre. "Yuli, otra rescatista de Cártama, también me está ayudando mucho, sin ella ni su material no hubiéramos conseguido nada".
Rocío conoce los tiempos en los que las iniciativas solidarias funcionan a la perfección. "Hoy se acuerdan aún de Edurne y ponemos dinero, pero el mes que viene ya no se pone, todo se enfría", admite con honestidad la mujer, que añade que reconoce que un animal "es un gasto" y que "todo el mundo tiene sus cosas", algo que entiende, pese a todo.
Al parecer, la Guardia Civil tiene previsto entrar el lunes en la vivienda (los animales quedaron encerrados al tener la llave el hijo, que está en la cárcel) con apoyo de Paraíso, una instalación que funciona, en palabras de Rocío, como perrera y no como protectora. Y ahí asoma una trampa burocrática difícil de sortear: los chips de los perros figuran a nombre de Edurne. Si los animales acaban en ese circuito, podrían quedar bloqueados administrativamente, sin posibilidad de ser dados en adopción mientras no se resuelva la titularidad. Estarían atrapados en un laberinto burocrático.
La alternativa se negocia contrarreloj. La asociación Triple A se ha ofrecido a acoger a parte de los gatos y, posiblemente, al mastín. La pastora alemana, que está en celo y probablemente preñada del mastín con el que convive, tiene ya un destino apalabrado con un particular de la zona. Rocío ha puesto una condición que no piensa negociar: esa perra tiene que ser esterilizada en tres o cuatro semanas. No va a permitir que un animal entregado por compasión termine convertido en una máquina de hacer cachorros, porque ante todo está su bienestar.
Evitar que un animal pise la perrera cuesta dinero, y mucho. A las dos esterilizaciones pendientes se suman la manutención en casas de acogida, los test de leucemia y FIV preceptivos en los gatos antes de cualquier adopción, y los donativos que cualquier protectora seria espera cuando se hace cargo de varios animales de golpe. Rocío puede tirar de su propia red hasta donde lleguen los fondos. Pero estos también se agotan.
"Haremos lo más posible para que sea una protectora en vez de una perrera a la que lleguen estos animales", resume. "Pero si no, tendrá que entrar Paraíso y hacer lo que tenga que hacer. Son muchos animales. Con unos pocos no mantenemos esto". El grupo de compañeras del centro de salud busca apoyos dentro y fuera del entorno sanitario para que la balanza no acabe inclinándose hacia el peor escenario y se están replanteando organizar un crowdfunding para ayudar a los animales de Edurne, que tanto los amaba. Esperan que pronto estén llenos de cariño y en nuevos hogares.