Oficina para recibir las solicitudes de regularización en calle Palestina, Málaga.
Day Armoa, joven paraguaya que busca conseguir la regularización en Málaga: "Venimos a aportar"
Es la número 91 de una larga fila de migrantes. Subsaharianos, marroquíes, hispanoamericanos. Esperan de pie. Algunos, sentados en sillas de plástico o colchones en los alrededores de la oficina de calle Palestina.
Más información: Pilar García, de empresaria a la exclusión social: “Los autónomos no tenemos derecho a nada”
Day Armoa es el número 91 de una larga fila de migrantes. Subsaharianos, marroquíes, hispanoamericanos. Esperan de pie. Algunos, sentados en sillas de plástico o colchones en los alrededores de la oficina de calle Palestina. Miran el móvil y levantan la mirada: agotamiento. Hay cansancio en sus ojos, pero al mismo tiempo la esperanza de alcanzar un trámite esencial para poder firmar contratos legales, cotizar y pagar impuestos.
Buena parte de los que esperan han pernoctado allí: un reflejo de la desesperación de quienes, pese a llegar incluso a las tres de la madrugada, se quedan sin ser atendidos.
Para la oficina, solo es un número; detrás hay una gran historia. Armoa nació en Paraguay y llegó a España para mejorar su situación. Lleva un año en Málaga buscando regularizar su situación administrativa.
A partir de su llegada, ha trabajado en empleos precarios para sobrevivir, sobre todo en el sector de la hostelería, donde ejerció de camarera. “Trabajaba ocho horas diarias de lunes a sábado por un salario de apenas 740 euros”.
La falta de un permiso de trabajo le deja en el limbo y se ve obligada a aceptar pagos bajos para no afectar a sus empleadores. “¿Un español aguantaría más de 8 horas trabajando para no ganar más de 800 o 900 euros?”, se pregunta.
La inestabilidad que marca su vida lleva aparejada su situación habitacional: comparte habitación junto a su madre para poder costear los 400€ que le piden. Cada una paga la mitad. Su madre no está regularizada aún y no puede hacer cola porque tiene que trabajar.
A pesar de las dificultades, a Armoa se le ilumina la cara cuando escucha la palabra “regularización”. Su pretensión inmediata es obtener sus documentos para acceder a un trabajo digno y comenzar a cotizar a la Seguridad Social.
En su país se formó en Administración, pero tuvo que congelar los estudios para emigrar. No descarta retomarlos cuando logre la estabilidad que necesita.
En cuanto a las críticas por parte del PP y Vox por la regularización extraordinaria aprobada por el Ejecutivo, Armoa defiende que no entiende el discurso de la ultraderecha al hablar de “prioridad nacional”: “Me parece bien que haya que cotizar. Nosotros no venimos a robar, sino a aportar a España el tiempo que estemos aquí”, y afirma: “Los españoles tienen muchísimas más oportunidades que nosotros, que venimos a buscarnos la vida sin hacer mal a nadie”.
“En España se gana más que en mi país, por eso quiero reunir ahorros e invertir en mi tierra natal por comodidad”. Sin embargo, agradece que le hayan dado una oportunidad para poder ganar algo de dinero mientras normaliza su situación. Según le han contado otros compatriotas, valdrá la pena para abrir nuevas puertas.