Miguel Ángel Romero posa en la Alameda Principal.

Miguel Ángel Romero posa en la Alameda Principal. Álvaro Cabrera

Málaga A título personal / Miguel Ángel Romero, CEO de HRCS

"Me doy cuenta del cambio de Málaga cuando voy a Madrid o Barcelona y dicen 'estáis que os salís'. Tienen cierta envidia"

"Si empezamos a hacer algo contra el turismo nos estaremos pegando un tiro en el pie".

"Es cierto que tenemos un problema de vivienda, pero creo que hay un problema mayor de comunicaciones".

"Si de mí dependiera, construiría un Cercanías hacia la zona este que llegase a Rincón y continuase hasta Vélez".

"No sé si tenemos falta de esfuerzo y de constancia en la gente joven. Pero sí falta de pasión".

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Las claves

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Miguel Ángel Romero, matemático y CEO de HRCS, destaca la transformación de Málaga de ciudad "gris y sucia" a polo tecnológico admirado en Madrid y Barcelona.

Romero señala la importancia del Parque Tecnológico de Andalucía y la próxima llegada del IMEC para impulsar el crecimiento y la especialización tecnológica de Málaga.

El directivo identifica la vivienda y las comunicaciones como principales barreras para atraer talento y reconoce que el mercado laboral local no cubre toda la demanda.

Romero observa un cambio en el mercado laboral: ahora son las empresas las que buscan candidatos y el motivo principal para cambiar de trabajo suele ser el jefe, no el salario.

Hay personas que ven números donde otros ven caos, y Miguel Ángel Romero es una de ellas. Matemático de formación con vocación de militar, este granadino de nacimiento y malagueño de adopción cambió las ecuaciones por el headhunting (cazatalentos) cuando decidió que "para trabajar para otro, trabajaba para sí mismo".

Fundador y CEO de HRCS, Romero ha sido testigo excepcional de la metamorfosis de Málaga: desde aquella ciudad "gris y sucia" que olió al llegar en el 81, hasta el actual polo tecnológico que despierta envidias en Madrid y Barcelona.

Tras la etiqueta de alto directivo se esconde un hombre de contrastes que busca el silencio en el paseo marítimo y que vive a 200 metros de sus padres. En esta entrevista, analiza la crisis del esfuerzo en las nuevas generaciones, el drama de la vivienda y una realidad laboral que se ha dado la vuelta: hoy es el jefe, y no el sueldo, el principal motivo de que un trabajador se quede o se marche.

¿Quién es Miguel Ángel cuando se quita la etiqueta de CEO de HRCS?

Cuando salgo de la empresa y del trabajo me gusta pasar totalmente desapercibido y estar, no en silencio, pero estar tranquilo. El día a día es teléfono, reuniones, ver gente… Y cuando llegan los fines de semana lo que quiero es tranquilidad, irme al paseo marítimo y pasear. Trato de dedicar ese tiempo a estar con mis amigos y como soy súper familiar, con mis padres. Es lo que me da la vida.

¿No está casado?

Estoy separado y no tengo hijos. Vivo a 200 metros de mis padres.

Por lo que denoto de su contestación el vínculo con sus padres es claramente buscado y deseado.

Yo soy de Granada y estamos los tres solos aquí. Siempre hemos estado muy unidos y seguimos estándolo. La foto de mi perfil de WhatsApp une las dos cosas que yo más quiero: mi empresa y mis padres.

Me comentaba que es usted matemático. ¿Cómo acaba un matemático en una empresa como HRCS?

Eso digo yo. Yo hice matemáticas. Pero no porque quisiera dar clases, sino porque me gustaban. Me hubiera gustado ser militar y la forma más rápida de entrar en el cuerpo de ingenieros era teniendo Matemáticas.

Hice el máster de Esesa, que me cambió la vida en positivo, y me permitió entrar en este mundo de la empresa. Es algo que me encanta. Trabajé en una consultora, estuve seis años en Novasoft. Recuerdo que hubo una consultora de mi sector que en su día me vendió un proyecto que no era real. Y me fui de Novasoft. Estuve 20 días en esa empresa. Y en ese momento me dije: “Para trabajar para otro, trabajo para mí”. Y ahí fue cuando monté HRCS. Era el año 2006.

Miguel Ángel, en el interior de su oficina.

Miguel Ángel, en el interior de su oficina. Álvaro Cabrera

A usted el interés por la empresa no le viene de familia.

No. Mi padre es funcionario y mi madre ama de casa. Mi abuelo, por parte de madre, trabajó siempre en la tierra.

Usted es granadino de nacimiento, aunque ya malagueño de adopción. ¿Cómo fue su llegada a Málaga?

Uf. Veníamos de Barcelona, no de Granada. Esto hizo que el golpe fuese más duro. Veníamos de una Barcelona que siempre ha sido adelantada en España. Era una ciudad muy grande, con calles muy grandes, con gente súper cívica, limpia. Una ciudad en la que sí es sí. El catalán es difícil que te diga que es sí, pero cuando lo hace ese sí es sí. Y cuando es no, es no.

Y llegamos a la Málaga del año 81, que no es la de ahora. Era una Málaga donde las calles olían. Era una ciudad muy gris, muy sucia, en la que ni el mismo malagueño creía. Mi madre lo pasó mal. Nosotros siempre vivimos en el centro y en aquellos años cuando te metías en una calle o te perdías o decías "uh, en qué calle me he metido".

Era una Málaga que no miraba el turismo. Los hoteles no estaban aquí. Todo era muy distinto, nada que ver.

"Cuando llegué en el 81, Málaga era una ciudad donde las calles olía; muy gris, muy sucia, en la que ni el mismo malagueño creía"

Usted ha sido testigo del cambio sufrido… ¿Cuál cree que fue el punto de inflexión?

Creo que ha habido muchos puntos. Si echamos la vista atrás, la Universidad es muy reciente. Eso fue importante, porque la educación es clave en una ciudad. Está el Parque Tecnológico de Andalucía (PTA). Algunos no querían que estuviera en Málaga y hubo una manifestación para que el PTA se quedara en Málaga. El parque tecnológico ha impulsado la internacionalización de Málaga. Ha sido clave.

¿La Málaga actual le gusta? ¿Le pone alguna pega?

Como malagueño de adopción claro que le pongo pegas. Primero, porque soy muy exigente. Pero es evidente que tenemos una ciudad que en cuanto a empresa, a dinamismo, a turismo… ¿Una Málaga más limpia? Claro, pero a lo mejor también tenemos que hacer algo los ciudadanos porque sea así.

Me doy cuenta del cambio de Málaga cuando voy a Madrid, a Barcelona o a Valencia a reuniones… Antes decías Málaga y la gente decía Marbella. Pero ahora estás en Madrid y dices Málaga y la gente reacciona: ‘Estáis que os salís’. Tienen cierta envidia.

La duda que algunos tienen es que ese crecimiento, ese éxito, no se esté gestionando bien.

A mí me dijeron que es mejor gestionar la abundancia que la miseria. Pensemos que el turismo representa un 30% de la economía de Málaga. Si empezamos a hacer algo contra el turismo nos estaremos pegando un tiro en el pie. Lo que representa el turismo es una barbaridad. El PTA, por ejemplo, tiene una facturación muy gorda, pero su empleo es de unos 20.000 puestos. Y para gente cualificada. El turismo ocupa un hueco clave, que va desde el director del hotel a la persona que nos pone el café por la mañana.

Nos va a venir muy bien la llegada del IMEC para crecer de verdad y especializarnos en la parte tecnológica.

Uno de los defectos que veo, por ejemplo, en la Universidad es que no hay una especialización, que quiere pegar a todo. Para mí es un error. Creo que, por ejemplo, la Universidad de Granada tendría que ser referente en el campo sanitario; Córdoba, me lo invento, en veterinaria o en agronomía…

No soy partidario de que haya todas las titulaciones en todos los sitios; defiendo que haya facultades muy buenas y muy potentes y que sean referentes. Pero es algo que veo también a nivel de empresa.

Miguel Ángel posa en su mesa.

Miguel Ángel posa en su mesa. Álvaro Cabrera

Tenemos un problema en Málaga con las empresas. Es verdad que tenemos muchas, pero de tamaño muy pequeño. No tenemos empresas grandes y eso es un defecto. Por eso opino que con el IMEC tendremos una oportunidad para ser referentes y tener empresas gordas.

Si tuviera que definir el talento de Málaga en una frase…

Creatividad, capacidad de adaptación y una energía positiva que es difícil de replicar. Son diferenciales de Málaga.

¿Qué ha cambiado más el candidato que busca empleo o la empresa que busca trabajadores?

La principal diferencia es que antes eran los candidatos los que buscaban trabajo; ahora son las empresas las que buscan candidatos.

Recuerdo una época en la que publicabas una oferta y se inscribía un montón de gente. Ahora tienes que ir a por la persona y es el candidato el que pone las condiciones. En realidad, es el candidato el que le hace la entrevista a la empresa. Se lo digo a mis clientes. El candidato acaba examinando a la empresa, porque tiene un trabajo y se pregunta para qué va a cambiar.

"Antes eran los candidatos los que buscaban trabajo; ahora son las empresas las que buscan candidatos. Ahora tienes que ir a por la persona y es el candidato el que pone las condiciones. En realidad, es el candidato el que le hace la entrevista a la empresa"

Ahora el candidato pregunta más, porque ya el cambio no sólo es por una motivación económica. De hecho, si haces una oferta lo normal es que a ese candidato le hagan una contraoferta.

Pero eso no ocurrirá con todo el mundo.

Es verdad que pasa sobre todo con los perfiles cualificados. Pero vete a una cafetería o un restaurante del Centro. Al trabajador que merece la pena los de la competencia ya lo tienen analizado.

¿Cuáles son los perfiles por los que se pelean las empresas?

En la parte tecnológica se vivió antes de la pandemia y durante la pandemia un boom irreal. Hacías un curso corto para programar y a los dos o tres días estabas trabajando en cualquier tecnológica del parque. Pero las empresas se sobredimensionaron y llegó la post pandemia, llegó la IA y las empresas empezaron a hacer limpia.

¿Dónde no hace limpia? En los ciber, en la IA, en analytics... En ciberseguridad hay una demanda considerable… ¿Dónde más? ingenieros, jefes de obra, arquitectos… Por el problema de vivienda. Hay mucha demanda en todos los perfiles relacionados con la construcción, desde el albañil al jefe de obra. Igual en el sector servicios. A cualquiera que sea bueno, trabajador, formal y que no moleste no le va a faltar trabajo en la vida.

El asunto es si el mercado local y provincial es suficiente para abastecer a ese mercado laboral.

Cuando subes a Madrid es habitual ver en las cafeterías a muchas personas de Latinoamérica. Y en Málaga empieza a pasar. Eso indica que se está viniendo gente de fuera para ciertos trabajos porque la oferta local no los cubre.

Si nos vamos al campo de la construcción, nos llegan perfiles, pero nos encontramos con el problema de la homologación, de la titulación. Es más complicado cuando buscas ciertos puestos.

Un momento de la entrevista.

Un momento de la entrevista. Álvaro Cabrera

¿Qué estamos haciendo con algunos clientes del sector de la construcción? Estamos tocando gente de Soria. Eso es real. Gente de esa España vaciada o menos dinámica. Un cliente nos dijo que fuésemos a Badajoz. El problema es que esos trabajadores pueden estar pagando por un alquiler en Badajoz unos 400 euros y aquí eso es lo que cuesta una habitación y dependiendo de la zona. En esta situación, el trabajador te dice que prefiere ganar menos que venirse a Málaga.

Esa barrera de la vivienda y los precios altos es real…

Es cierto que tenemos un problema de vivienda, sin duda, pero creo que hay un problema mayor de comunicaciones. Se trata de ver los medios todas las semanas y nos encontramos con retenciones, socavones. Si tuviéramos, como pasa en Madrid o Barcelona, un cercanías y unas buenas comunicaciones con municipios como Pizarra, Rincón de la Victoria… Yo siempre he dicho que si no viviese en Málaga el lugar ideal sería Casabermeja.

Si de usted dependiera, cuál sería esa infraestructura prioritaria…

Cercanías, sin duda. No hay Cercanías hacia la zona este de Málaga. Un Cercanías que llegase a Rincón y continuase hasta Vélez.

Parece evidente que lo de la vivienda alcanza la dimensión de problema para atraer talento.

Se ha convertido en un freno. Recuerdo los años en los que, de la mano del Ayuntamiento, nos reunimos con empresas internacionales que tenían intención de venir a Málaga. Teníamos un informe con la banda salarial y los perfiles disponibles. Hicimos muchas selecciones, desde Oracle… Las diferencias salariales eran considerables, pero era mucho más barato que Londres, por ejemplo.

Pero ha pasado el tiempo y se han encontrado con el problema de que ya no hay tanta disponibilidad de según qué perfiles y que se pueden traer a su gente, pero si su gente no encuentra vivienda o no está cómoda… Ese problema ya sí se ha empezado a vivir.

Ha insistido antes en el valor que va a tener la construcción del IMEC.

Pensemos no sólo en los empleos que va a generar, sino en la industria auxiliar. Yo estuve en el PTA cuando dejabas el coche en cualquier sitio. Los orígenes del PTA son los de Citesa, Fujitsu, con Felipe Romera, Pepe Blanco, Luis Fernando, Pérez Palmi… Tuvo otro momento clave con la llegada de Oracle y ahora viene otra revolución con el IMEC, que va a posicionar a Málaga a nivel mundial.

"El motivo más habitual de la gente para cambiar de trabajo no es por dinero, ni por el proyecto, es por el jefe".

¿Cuál es la pregunta que nunca falta en una entrevista de trabajo?

¿Por qué quieres cambiar de trabajo? Esa es clave.

¿Y la respuesta es porque quiero ganar más?

No. El motivo más habitual no es por dinero, ni por el proyecto, es por el jefe. Si la persona te dice que es por el dinero, cuidado, porque igual que se va a tu empresa mañana se puede ir por dos mil euros más.

Otra imagen en la Alameda Principal.

Otra imagen en la Alameda Principal. Álvaro Cabrera

En muchas entrevistas suele salir en la conversación referencias a la capacidad de esfuerzo de las nuevas generaciones. ¿Eso lo percibe?

Coincido plenamente. Cuando doy clase en Esesa siempre digo que nadie triunfa en algo que no le gusta, sin pasión. No sé si tenemos falta de esfuerzo y de constancia en la gente joven. Pero sí falta de pasión. Si no tienes ni pasión ni vocación en lo que haces, ya el esfuerzo no me lo llames. Y la constancia ¿para qué? Lo primero que les digo a mis alumnos es que tienen que encontrar lo que les gusta. Nadie triunfa en algo que no le gusta, porque entonces vas amargado. Y si vas amargado, ¿cómo te vas a esforzar?

Hay una crisis de esfuerzo y de constancia. Lo del esfuerzo se ha quitado del diccionario. Cuando yo monté la empresa llegaba todos los días a trabajar a las seis de la mañana y me iba a las diez y media, once de la noche.

Sobre la Torre del Puerto ¿Tiene opinión?

En ese tema no soy clásico, soy moderno. Si pones una foto del Londres del siglo XVII, ¿cómo eran las casas? ¿Cómo está Londres ahora? ¿Queremos ser Londres? Obviamente no, pero Londres tiene el mismo problema que nosotros con la vivienda. O crecemos a lo alto o no vamos a tener espacio. Soy partidario de todos los proyectos de nivel alto y enfocados al lujo que vengan a Málaga.