F.J.C.V., el cura que sedaba y violaba a mujeres mientras censuraba la pederastia: “Tenemos que ser cercanos”

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Málaga

El sacerdote acusado de sedar y agredir sexualmente a cuatro mujeres será juzgado en mayo en Málaga

Las sesiones de la vista oral están previstas para el 25, 27 y 29 de mayo a las 10:00 horas, según la providencia.

Más información: El cura de Vélez-Málaga acusado de sedar y violar a cuatro mujeres seguirá dos años más en la cárcel

EFE
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Las claves

Un sacerdote de 35 años, natural de Vélez-Málaga, será juzgado en mayo por sedar y agredir sexualmente a cuatro mujeres entre 2014 y 2018.

Las sesiones del juicio están programadas para los días 25, 27 y 29 de mayo en la Audiencia Provincial de Málaga.

El sacerdote, en prisión provisional desde septiembre de 2023, fue detenido tras descubrirse en su domicilio grabaciones de los hechos, halladas por su pareja sentimental.

La Fiscalía pide 72 años de prisión, acusándolo de aprovechar su condición religiosa para suministrar sustancias a las víctimas, grabar los abusos y vulnerar su intimidad.

El sacerdote malagueño de 35 años acusado de sedar y agredir sexualmente a cuatro mujeres entre los años 2014 y 2018 será juzgado el próximo mayo en la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Málaga.

Las sesiones de la vista oral están previstas para el 25, 27 y 29 de mayo a las 10:00 horas, según la providencia.

El cura, Francisco J.C., natural de Vélez-Málaga, está en prisión provisional después de ser detenido el 11 de septiembre de 2023 por presuntamente sedar y abusar sexualmente de cuatro mujeres, hechos que grabó y que descubrió su pareja sentimental en un ordenador del domicilio que ambos compartían en Melilla.

El Ministerio Público mantiene que el sacerdote presuntamente ha cometido cuatro delitos de agresión sexual y contra la intimidad y solicita una pena total de setenta y dos años de prisión.

Las acusaciones mantienen que el acusado aprovechaba su condición de religioso y su relación con las víctimas para suministrarles sustancias que las sumían en un estado de somnolencia y vulnerabilidad.

En ese estado, las víctimas no eran conscientes de nada, por lo que se aseguraba la ejecución de su plan y además así el sacerdote, conocido como padre Fran, evitaba cualquier defensa.

En el relato acusatorio se indica que además dichos actos eran grabados y fotografiados sin el consentimiento de las víctimas "evidenciando una clara vulnerabilidad de su intimidad y derechos".