Imagen de los trabajos de reparación del talud del AVE en Álora.
El 'vía crucis' del AVE Málaga-Madrid: taludes que se caen, túneles a medio gas y una cadena de averías
El episodio más crítico es el derrumbe de un talud en Álora, que mantendrá a la Costa del Sol sin conexión directa con Madrid hasta finales de abril.
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Durante años, la conexión de alta velocidad entre Málaga y Madrid fue sinónimo de modernidad y vertebración territorial.
La llegada del AVE fue capaz de acortar el viaje entre la Costa del Sol y la capital, apuntalando el tirón turístico de la provincia y reforzando el papel de Málaga como capital económica del sur peninsular.
Pero ese relato original convive ahora con otro muy distinto: el de una infraestructura sometida a un desgaste técnico y de imagen que se traduce en cortes de servicio, retrasos recurrentes y una sensación de fragilidad que va en aumento, afectando a una de las líneas más estratégicas del país.
Todo ello dibuja un proceso de caída libre sin freno que tuvo en los primeros días de febrero su punto más crítico. El paso de la borrasca Leonardo y sus copiosas precipitaciones acabaron por colapsar un talud de la infraestructura del AVE a la altura del kilómetro 121, en el municipio de Álora.
Pasajeros cogiendo el autobús lanzadera hasta Antequera.
El derrumbe de este muro de tierra deja ya sin conexión directa ferroviaria a Málaga desde ya más de un mes y medio, con la certeza plena de que habrá que esperar hasta finales de abril para que sea recuperada una de las dos vías afectadas en este punto.
De hecho, la información aportada por el presidente de Adif (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias), Pedro Marco de la Peña, precisa que la vuelta a la normalidad no tendrá lugar, previsiblemente, hasta finales de este mismo año.
¿Por qué? Porque la caída del talud ha provocado daños de consideración en los aparatos de vía, que tendrán que ser sustituidas. Un hito que no se espera que ocurra hasta finales del ejercicio. Hasta ese momento sí habrá avances en el proceso de recuperación.
Etapas
A finales de abril, según Adif, se recuperará una de las vías afectadas, permitiendo el paso de los trenes a una velocidad moderada por la misma. Y será en junio cuando se espera que reabran las dos vías. Incluso en ese momento, los trenes no podrán pasar a una marcha normal.
Sea como fuere, la realidad es que este talud no es el único que da quebraderos de cabeza al organismo estatal.
Hay otro, muy cercano al ahora dañado, que presenta una situación más que delicada. Y muestra de ello es que meses atrás Adif tuvo que poner en marcha el proceso de contratación de los trabajos de reparación, al presentar un nivel de gravedad N3, el máximo.
Según la documentación técnica, las primeras incidencias en este otro talud se remontan a 2002, en plena construcción de la línea, cuando ya se detectaron problemas en esa pantalla; a partir de 2004 se encadenaron deslizamientos, desprendimientos de gunita y colmatación de cunetas de drenaje a lo largo de más de 700 metros de talud.
Durante años, la respuesta fue la de aplicar soluciones parciales: mantos de escollera, zanjas drenantes, drenes "californianos" para aliviar presiones de agua y refuerzos con anclajes, incluida una obra de emergencia en 2019 con 71 nuevos anclajes y una berma de tierras de apoyo al pie del muro.
Pese a ello, los seguimientos topográficos y los inclinómetros han seguido detectando deformaciones de la pantalla hacia la vía y grietas de deslizamiento en la ladera, hasta el punto de que en 2018 se registró un “notable incremento” de los movimientos que llegó a fracturar la viga de atado en dos puntos.
Solo a mediados del año pasado fue cuando Adif puso en marcha una obra integral de estabilización valorada en unos 4,7 millones de euros y con un plazo de 13 meses.
Es decir, mientras la línea permanece sin conexión directa desde principios de febrero y los viajeros se ven obligados a combinar tren y autobús durante más de cuatro horas de trayecto, aflora también un problema geotécnico de larga duración que lleva dos décadas figurando como talón de Aquiles de la alta velocidad malagueña.
Túnel del Valle de Abdalajís
Si hay otro lugar que encarna ese vía crucis de alta velocidad hacia Málaga es el túnel del Valle de Abdalajís. Nació rodeado de polémica por la afectación al acuífero durante las obras, se ganó fama por las filtraciones de agua y ha vuelto al centro del debate por sus limitaciones operativas.
En los últimos meses, uno de los dos tubos ha llegado a estar fuera de servicio, lo que obligó a concentrar toda la circulación en el otro y a reducir la velocidad de paso de los trenes durante un largo periodo.
Las actuaciones de refuerzo y drenaje ejecutadas en los últimos meses han permitido, según desveló el pasado el presidente de Adif, recuperar la explotación de ambos tubos. Algo que no esconde que esta parte de la infraestructura cuenta con un historial ciertamente preocupante—acuífero dañado, entradas de agua, refuerzos constantes y restricciones de velocidad.
A estos episodios se suman las numerosas incidencias acumuladas en la explotación, con averías de catenaria, fallos en trenes, problemas de señalización...
En abril de 2025 se registraron retrasos de hasta una hora en los AVE Málaga–Madrid en ambas direcciones por una avería entre Córdoba y Puertollano, con varios trenes afectados y viajeros obligados a rehacer sus conexiones.
Ese mismo verano, una avería en la catenaria dejó atrapados durante más de doce horas a centenares de pasajeros entre Madrid y Andalucía y obligó a interrumpir la circulación de alta velocidad mientras se reparaba la instalación.
La degradación del servicio tiene una lectura local clara. Málaga y la Costa del Sol tienen en el AVE un elemento esencial para reforzar su posición turística y de negocios frente a otros destinos competidores.
El sector turístico lleva años advirtiendo de que la fiabilidad del transporte es un factor clave a la hora de elegir destino para congresos, escapadas de fin de semana o paquetes vacacionales que combinan avión y tren.