Maxi Iglesias en la plaza de Callao, esta semana.
Maxi Iglesias: "Hice una película con 6 años y luego mi padre falleció, así que lo dejé. Me rescataron con 13"
"Te aseguro que conozco Madrid mejor que muchos madrileños", cuenta el actor, que se ha dejado ver en un evento solidario contra el cáncer de mama.
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Maxi Iglesias (Madrid, 1991) se conoce mejor que nadie el plano del Metro de la capital. Criado en Chamartín, pero con raíces familiares entre Legazpi, Cuatro Vientos y Valdecederas, se ha recorrido las líneas madrileñas de punta a punta.
Aunque debutó en el cine con apenas seis años y el vendaval de la fama le golpeó de lleno a los 16 tras su paso por Física o Química, el madrileño nunca ha dejado de buscar una vida pegada a la tierra: mantiene intacto su grupo de amigos del colegio, cursó una Formación Profesional de Comercio y hoy en día compagina los rodajes con el primer curso de la carrera de Psicología.
Esa misma naturalidad es la que transmite en persona. Atiende a EL ESPAÑOL esta semana, en mitad de una intensa jornada en la que participa en el evento solidario de Solán de Cabras en colaboración con la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), una causa con la que lleva años vinculado para aportar visibilidad a través de un gesto tan simple como beber agua en su icónica botella rosa.
De izquierda a derecha, Maxi Iglesias, Amaia Salamanca, Kira Miró, Cris Dyaz, Lulu Figueroa y Álex González, han mostrado su apoyo a la iniciativa como embajadores.
Luciendo aún el característico bigote de su último rodaje en la serie La dama del norte, Maxi no solo habla de su compromiso social, sino que repasa su trayectoria personal y profesional con una sinceridad madura.
Amante confeso de su ciudad y exigente con su trabajo, el intérprete reflexiona sobre los prejuicios a los que se enfrenta en la profesión.
P.— ¿Por qué ha decidido participar en este proyecto solidario contra el cáncer de mama?
R.— Llevo colaborando con Solán de Cabras varios años y justo me había coincidido con rodajes fuera de Madrid y no había podido venir. Pero este año quería estar. Ya conocía la iniciativa; antes de estar con la marca me llamó mucho la atención la botella rosa.
Me pareció muy interesante porque a diario estamos invadidos y avasallados por un montón de impactos de publicidad. Yo siempre he sido muy crítico con la publicidad, pero esto me gustó.
Me pareció una manera muy fácil, con un gesto tan sencillo como beber agua, de destinar ayuda—en este año, a la asistencia psicológica— en el marco del trabajo que llevan haciendo 13 años con la Asociación Española Contra el Cáncer.
Quería aportar mi granito de arena con esa visibilidad; al final, que la gente nos conozca ayuda a que se acerquen a la causa.
P.— ¿Ha tenido algún caso cercano de cáncer? ¿Le ha tocado de cerca?
R.— Sí, pero no me gusta decirlo porque parece como si lo usara para justificar que estar involucrado en esto. Y no es verdad, me hubiera involucrado igual.
Me he involucrado con la fibrosis quística y no conozco a nadie que la tenga, con la ELA, con el síndrome de Down... Y no conocía a nadie.
P.— Por repasar un poco su historia, vamos a los orígenes. Nació en 1991 en Madrid. ¿En qué barrio se crio?
R.— Nací en el barrio de Chamartín, pero fui criado por mis tíos en Legazpi, por mis abuelos en Cuatro Vientos y por mi tía en Valdecederas. Te aseguro que conozco Madrid mejor que muchos madrileños: todas las líneas de Metro, todos los autobuses, todos los parques...
P.— ¿Es usted el madrileño que ama Madrid o el que está deseando irse?
R.— Soy el madrileño que ha visto cómo Madrid se ha ido transformando. He viajado mucho y cada vez que he vuelto de trabajar en rodajes en Colombia, México, Miami, Argentina o Perú, iba viendo cosas distintas. Antes me gustaba mucho el centro y ahora ya no voy tanto.
P.— Cuando vuelve a Madrid tras rodar en el extranjero, ¿qué es lo que más valora?
R.— Cuanto más viajo, más claro tengo que como se vive aquí no se vive en ningún lado. Y eso solo lo negará quien no haya viajado. Hablo como alguien que ha vivido, trabajado, pagado impuestos, comprado en supermercados y usado el transporte público de muchos países. El norte que tenemos, nuestras costas, la calidad de vida... Es increíble.
Desde los 6 años
P.— Debutó en el cine con solo seis años. ¿Qué recuerda de aquello y cómo fue conciliar el colegio con los rodajes?
R.— No me dejaron conciliarlo, me tuve que ir a estudiar a otro centro. Luego hice Formación Profesional de Comercio.
Después estudié Realización de Cámara e hice la prueba de acceso a la Universidad Carlos III para Psicología. De hecho, ahora estoy estudiando Psicología otra vez, en primero.
Maxi Iglesias, junto a la pantalla benéfica contra el cáncer de mama, en la Plaza de Callao, esta semana.
P.— ¿Y empezar con seis años fue decisión de sus padres?
R.— A ellos no les gustaba. Al que le hacía gracia era a mí.
De pequeño no sabía lo que conllevaba ser famoso ni el dinero que se ganaba, pero me parecía tan divertido jugar. Quería jugar todo el rato a cambiar de personaje y vestuario: con caballos, espadas, ser buzo, bombero...
La única manera de estar en contacto con todo eso era siendo actor. Hice una película con seis años y luego mi padre falleció, así que dejé de ir porque ya no me hacía gracia.
Me rescataron con 13 años y desde ahí no he parado. Ya con 16 hice Física o Química.
P.— Como dice, en estos últimos años no ha parado de rodar. ¿Cómo gestiona ese ritmo?
R.— Me siento muy afortunado. He ido eligiendo proyectos que me ofrecían opciones diferentes porque me encanta trabajar.
No soy workaholic, pero hace unos años me entró el miedo de aburrirme si seguía haciendo solo comedias románticas. El compromiso era conmigo mismo: no quería aburrirme de mi profesión. Salir del encasillamiento es difícil, pero yo busco retos nuevos.
P.— ¿Dónde se refugia para desconectar?
R.— En mi gente: mi familia, mis amigos, el contacto real. Mi grupo de amigos de toda la vida se dedica a cosas muy distintas; no veneran esta profesión, e incluso les da un poco de pereza. Por eso con ellos se habla de otras cosas.
P.— Recientemente también se ha estrenado como escritor con Horizonte Artificial. ¿Cómo ha sido la experiencia?
R.— Estoy muy contento, sobre todo por el espacio que me dio la editorial para trabajar para mí. En el cine le debo resultados y eficacia a los directores y productoras, pero aquí confiaron en lo que quería contar.
Para documentarme sobre el mundo aeronáutico quise ser muy fidedigno y honesto, porque me gusta aprender y hacer las cosas con criterio.
P.— Para escribir el libro, que transcurre en un avión, se formó como piloto. ¿En otra vida le hubiera gustado desempeñar esa profesión?
R.— Me hubiera encantado. Hay una parte muy competitiva en mí que en mi profesión canalizo compitiendo contra mí mismo y contra mis capacidades (hacer de sargento, de cura, de profesor o de alguien con problemas mentales).
Pero como piloto hubiera competido contra la técnica de otros, y eso me habría fascinado. Soy muy autoexigente.
P.— Para un actor el físico importa. ¿Entrena mucho por exigencia?
R.— No va por ahí. Entreno por salud mental.
Igual que la cabeza está constantemente tomando decisiones y trabajando, el cuerpo necesita su espacio de atención para sentirse realizado. Hago deporte desde pequeño: natación, surf, bici, montañismo...
Unas recomendaciones de Maxi Iglesias sobre Madrid
- Un restaurante: Los Cuatro de León, a las afueras.
- Un bar: El Eucalipto, en la calle Argumosa.
- Un plato que le recuerde a su infancia: El arroz amb bledes (arroz con acelgas) de mi abuela.
- Un plan cultural: Ir al teatro. Recientemente he visto Las irresponsables e Ingobernables.
P.— ¿Qué es lo que peor lleva de la fama y de parecer tan atractivo para la gente?
R.— Lo que menos me gusta es el prejuicio. Hay un prejuicio constante por parte de la gente.
A veces me apiado, porque en realidad es problema de quien juzga sin saber.
Todas las actuaciones contra el cáncer de mama
Maxi Iglesias ha apoyado esta semana la iniciativa de Solán de Cabras, que vuelve a poner en marcha 'Reflejo de un Compromiso', el proyecto solidario que desarrolla desde hace 13 años junto a la Asociación Española Contra el Cáncer para apoyar a las personas que atraviesan la enfermedad y contribuir a la recaudación de fondos para la causa, a través de iniciativas con impacto tangible.
Entre las actuaciones, han llevado a las pantallas de Callao un mural floral digital que crecerá con cada aportación a la Asociación Española Contra el Cáncer.
Mural floral digital.
Además, la artista Lulu Figueroa ha sido la encargada de diseñar la nueva edición especial y solidaria de la botella de vidrio 1L de Solán de Cabras, inspirada en su universo floral y que por primera vez estará a la venta en supermercados y hostelería. Cada botella adquirida a través de la Tienda Online de Mahou San Miguel del proyecto se traducirá también en una nueva flor que se incorporará al mural, haciéndolo crecer con cada compra, mientras que los beneficios de su venta se destinarán íntegramente a la Asociación Española Contra el Cáncer.