El Padre Ángel en la Iglesia de San Antón en Chueca.
El Padre Ángel: "La soledad es más profunda en Madrid que en el pueblo. Allí te dan las buenas noches; en Madrid pasan de ti"
"Yo no he encontrado ninguna persona mala; solo personas enfermas" // "La Iglesia no son los Papas. La Iglesia somos todos."
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El Padre Ángel García Rodríguez tiene ya 89 años, pero su vitalidad y su ilusión son casi como las de un niño. No en vano lleva más de 60 años ayudando y acogiendo a personas vulnerables con Mensajeros de la Paz, la ONG que fundó junto a su compañero, el Padre Ángel Silva, que murió hace unos años.
La entrevista con Madrid Total es a las nueve de la mañana. Pronto y deprisa, porque después tiene otro acto y multitud de cosas que hacer durante el día.
Recibe a este periódico en la Iglesia de San Antón, en el corazón de Chueca, cuya gestión asume desde 2015. Un sitio que tiene un aura distinto al de cualquier templo cristiano. Ahí no se respira solemnidad; se respira alegría y comunidad. Personas de todas partes compartiendo palabras y afecto entre ellas.
Es un lugar abierto 24 horas donde no solo se reza, también sirve como casa de acogida, refugio y da desayunos todas las mañanas a quienes lo necesitan.
En una de las salas traseras, incluso, se ha habilitado una pantalla para ver los partidos del Mundial de Fútbol. En este mismo espacio se sienta un ratito a charlar de la reciente visita del Papa León XIV a la capital, los cambios que ha sufrido Madrid y sus anécdotas de vida.
El Padre no es de Madrid. Pero se lo conoce casi como la palma de su mano. Llegó a la ciudad a principios de los años 70 para expandir su ONG, que se originó en Asturias, de donde es él.
Y es que donde nació y se crió fue en Mieres. Allí, en el seno de una familia humilde, creció en época de posguerra y vivió todo el franquismo. Y en esa villa también surgió su vocación por ayudar a los demás.
Pregunta.- Padre Ángel, lleva más de 60 años con la ONG. ¿Recuerda el momento en el que supo que la solidaridad iba a ser su vida?
Respuesta.- Yo creo que de niño, cuando ves a alguien que juega muy bien al fútbol o que es un buen médico y salva vidas, los niños soñamos y siempre pensamos, sin saberlo, qué es lo que vamos a hacer cuando seamos mayores.
Yo de niño veía al cura de mi pueblo y a la gente del pueblo que ayudaba mucho, a los que se morían o que los encarcelaban. Unos dicen: "Quiero ser futbolista, quiero ser médico o quiero ser maestro". Yo decía que quería ser cura, como el de mi pueblo.
El Padre Ángel en la Iglesia de San Antón en Chueca, preparada con sillas para dar los desayunos por las mañanas.
P.- ¿Qué le hizo venir y quedarse en Madrid?
R.- Yo quería venir a Madrid, porque para desarrollar Mensajeros de la Paz había que estar aquí. Era donde podíamos conseguir donativos, subvenciones... A veces venía y me iba en el mismo día. Pero después Madrid te atrapa. Madrid acoge. Es una ciudad acogedora. Tiene algo especial.
P.- ¿Qué ha cambiado desde entonces?
R.- A mí el pelo. Vine con melena y se me puso blanco (ríe). Y también me hizo ser más universal. Ser menos de pueblo y menos cerrado. Creía que solo existía Mieres y el carbón y la Rebollada... Cuando llegas a Madrid, ves que hay un mundo que te abre los ojos.
Aquí hay muchas maneras de vivir. Hay más pobres todavía en Madrid que en los pueblos. Hay más gente vulnerable todavía y hay muchas más personas solas. En Madrid hay mucha soledad.
Alguien decía que en Madrid puedes andar sin que a los exnovios o las exnovias te los encuentres por cualquier sitio. Claro, en Mieres, si tenía una exnovia, me la encontraba en la esquina. Aquí no. Es muy grande y a veces te encuentras solo y, por la noche, si no tienes donde vivir, la soledad es mucho más profunda que en un pueblo. Allí te dan las buenas noches; en Madrid pasan de ti.
P.- En Madrid también hay un debate muy actual: el de la inmigración. Hay vecinos que expresan preocupación por la presión sobre los servicios públicos o la masificación... ¿Cómo entiende usted ese malestar?
R.- El problema de la inmigración es que estamos todos de acuerdo y estamos todos en desacuerdo. Hay que encontrar la medida justa y es muy difícil encontrarla.
Y no solamente es de los políticos. Que yo he visto a los políticos, a los gobernantes, pelearse, pero no por ver quién es el que más migrantes trae, sino quién es el que menos tiene. Y tenemos que ser más compañeros y más acogedores en la vida.
El problema es más nuestro, de la sociedad. Muchos no alquilan sus hogares a gente por el color que tiene: si son de color moreno, color negro, chino, indio o africano. Ahí no son los ayuntamientos, son los mismos dueños los que prefieren alquilarlo a unos que a otros no. Yo lo he visto en trabajadores nuestros que van pidiendo una habitación o un piso. Hay que decirles a los propietarios que a ellos les podría pasar lo mismo.
Somos todos migrantes de algún sitio. Estamos en un sitio que no es nuestro y no nos gustaría que nos echaran o que nos miraran de una forma u otra. Vivimos en una sociedad en la que tenemos que ser más generosos y tenemos que creer más en la gente. La gente no cree muchas veces en las personas.
P.- El Papa León XIV dijo en su reciente visita que "quien está en Madrid, es de Madrid".
R.- Esas palabras las confirmamos todos. Cuando llegamos a Madrid, somos todos de Madrid. Nadie nos pregunta de dónde somos. Cuando encontramos alguno que ha nacido en Madrid, parece una estrella especial.
Qué pena que a veces las leyes y la misma historia comiencen a alejar un poco ese gran significado de que los que vivimos en Madrid seamos de Madrid. Ahora empiezan a decir que no todos los que vivimos en Madrid somos iguales. Son más de Madrid los que llevan 20 años que los que han llegado ayer. Hay que luchar contra eso. Madrid debe seguir siendo esa capital que acoja a todos. En Madrid, ya dentro de poco, no todos van a tener derecho a poder ir en el Metro o tener sanidad estable.
El Padre Ángel en la Iglesia de San Antón en Chueca, con los carteles de la visita del Papa León XIV del pasado mes de junio.
P.- Supongo que hablaría en algún momento con el Papa León XIV durante su visita.
R.- Sí, hablé con el Papa en Tenerife. Le presenté la memoria de Mensajeros de la Paz.
También le dije que era el séptimo Papa al que yo saludaba personalmente. Me dijo: "No será el último". Dije: "Eso depende de usted y de mí". Ahí nos sonreímos los dos.
Le vi un poco cansado de tanta visita. Pero le vi sólido. Para mí era un poco el mismo Jesús de Nazaret, pero un Jesús rodeado de demasiadas personas. Es un Papa que le gusta hablar con la gente, le gusta encontrar personas una a una con las que poder hablar y poder convencerles. Es el descendiente del Papa Francisco, que sabe mucho de él y que le nombró en el viaje por lo menos 30 o 40 veces.
Es el Papa que necesitábamos en estos momentos. Un Papa que sepa decir sí y que sepa decir no. Este Papa es un Papa valiente y un Papa listo que sabe y que está en el mundo actual.
P.- ¿Qué ha sacado usted de su viaje?
R.- El viaje del Papa ha servido para que resucite la Iglesia y para que no nos avergoncemos de esta. Parecía que estábamos avergonzados; ibas por ahí y decían: "Mira ese cura" o "mira ese que va a misa", como si fuera una cosa... Y ahora dicen: "Estos que creen en la Iglesia son buena gente". Ha tenido que venir un Papa a reafirmar esto y a demostrarlo con todas esas masas de gente que arrastraba tras de él. Y en uno de los lugares más especiales: en el Congreso. Habló de temas como el de los no nacidos, como la eutanasia, como el empleo... Y todos estaban de acuerdo.
P.- ¿En qué cree, entonces, que la Iglesia debería modernizarse?
R.- En todo. La Iglesia fue pionera. Fue la primera institución que empezó a hacer aquellos códices, aquellos colegios, universidades... Y ahora, si quiero sacar la partida de bautismo mía, tengo que ir al pueblo, a buscar al cura, al sacristán, para que revuelvan en el libro a ver si está mi nombre. Debemos estar al día. Estar al día no quiere decir que debamos despreciar lo que han hecho nuestros abuelos o nuestros padres. Pero no se puede hacer una tostada de pan igual que la hacía mi abuelo con carbón.
P.- En redes sociales parece haber un renovado interés de algunos jóvenes por el catolicismo. ¿Percibe este fenómeno?
R.- Es cierto, porque sale lo que tenemos dentro y salen los jóvenes que son más legales y más abiertos de lo que son las personas mayores. Si hacemos una encuesta entre jóvenes y mayores, aunque parezca mentira, hay más espiritualidad, más fe en los jóvenes que en los mayores. ¿Por qué? Porque nacemos con algo espiritual dentro; algo que es sobrenatural. Y hay que ser muy zote para creer que no somos algo sobrenatural.
Y después ayuda mucho lo que es poder expresarte con canciones. El que cante Rosalía o cualquier otro cantante saca lo que es espiritual dentro de ellos.
El Padre Ángel durante la entrevista con EL ESPAÑOL.
P.- Durante la visita del Papa volvió a ponerse sobre la mesa una cuestión que sigue afectando profundamente a la Iglesia: los casos de abusos sexuales cometidos por algunos de sus miembros. ¿Cree que la Iglesia ha hecho lo suficiente para afrontar este problema?
R.- La Iglesia lo negó en algunas ocasiones. Pero cuando el Papa dio el silbato de salida, todos clamaron fuertemente a que no había derecho, a que eso había que pararlo, que había que indemnizar, que había que pedir perdón y que había que castigar a quienes lo hacen.
Creo que es una de las grandes ventajas de haberlo sacado a relucir, para que no se vuelva a hacer eso. Pero pasará como con la corrupción. Ahora se habla mucho de la corrupción. Seguro que en las próximas legislaturas habrá corrupción, pero habrá menos.
También con la venida de este Papa salió a relucir que en la Iglesia no todo son abusos sexuales ni corrupción. En la Iglesia hay muchos misioneros, mucha gente buena y voluntarios que dan la vida por los demás. Eso salió a relucir y eso es lo que le vino bien a la Iglesia para resucitar, porque parecía que la Iglesia era todo podredumbre. La hay, pero no es todo.
P.- Con el Papa Francisco tenía una relación muy estrecha. ¿Con el Papa León XIV cómo la percibe?
R.- Las relaciones personales no se pueden traspasar. No puedes querer igual al Papa Francisco que a otro Papa. Sin embargo, en mi caso concreto, yo quería todavía mucho más al Papa Pablo VI que el Papa Francisco, porque fue el primer Papa de esos siete que saludé en persona. El primer Papa que conocí, que me salvó.
Pero a este me une mucho afecto y mucho cariño. Es muy curioso, ya que habla español y eso hace mucho. Pero el que tenga esa mirada limpia y que tenga claro qué es la Iglesia. Que la Iglesia no es cualquier institución, es la de Jesús Nazaret. Y este no se va a salir de la línea del Jesús de Nazaret, ni le va a cambiar Trump, ni le van a cambiar los lefebvrianos estos que vienen por ahí, ni le va a cambiar nadie.
La Iglesia no son los Papas. La Iglesia somos todos. Y me atrevo a decir que son más los feligreses que los grandes jerarcas. Los jerarcas pasan unos y pasan otros. Papas he visto siete, pero obispos he visto unos cuantos allá en Asturias, igual que presidentes del Gobierno. A mi edad han pasado casi ocho presidentes y todos han sido buenas personas, algunos mejores y otros peores. Y todavía quedan varios por venir.
La Iglesia de San Antón en Chueca.
P.- Ha dicho que todos los presidentes han sido buenas personas. ¿Incluye también a Pedro Sánchez?
R.- Yo creo que todos los presidentes tienen algo bueno. Todos tenemos algo bueno que decir. Cuando yo era niño, el cura de mi pueblo nos ponía un ejemplo: había un perro por el camino, que se había muerto y que pasaron por ahí unos cuantos. Y uno dijo: "Qué dentadura más buena tiene el perro". Hasta los perros, cuando están muertos y apestan, si les miras, todavía tienen una buena dentadura.
El creer que el hombre es malo, yo creo que es una barbaridad. El creer que el hombre está enfermo sí es verdad. Hay algunos que están enfermos y que a veces no hacen lo que deben hacer. Cuando uno apuñala a otro o mata a otro, no puedes decir que es mala persona. Puedes decir que está enfermo o se ha puesto loco.
P.- Ha vivido usted una posguerra, el franquismo, la democracia y ha escuchado también a miles de personas que lo han perdido todo. Ha vivido y conocido muchísimas situaciones. ¿Hay algo que aún consiga sorprenderle?
R.- No, yo creo que el mundo, desde que es mundo, es como es. Lo que sí he conocido en toda la historia de mi vida ha sido que la gente es buena. Yo no he encontrado ninguna persona mala. Solamente he encontrado algunas personas enfermas. El tema es que son los que hacen las guerras, los que insultan, los que no son capaces de dialogar; esos están tarados. Como tú y yo podríamos estarlo si nos enfadáramos ahora y empezáramos a discutir e incluso nos llegáramos a pegar el uno al otro. Pero normalmente nos sentamos y nos miramos con cariño.
Yo en mi vida he pasado por muchas catástrofes de guerras y de terremotos. El de Haití, que fue todavía mucho peor que el de ahora en Venezuela. Siempre encuentras gente buena. Encuentras periodistas que a veces van con ese botellín de agua y se lo dan a los niños. Y es su propia agua. O les montan en su coche ensangrentado. Eso es lo que hay en la sociedad.
Y además, vamos cada vez mejorando: nunca en la historia, en estos casi 90 años míos, hubo tanta solidaridad como hay ahora. Nunca hubo tanta gente buena, tanta gente preocupada. Ahora, actualmente, con lo de Venezuela, todos estamos preocupados, ofreciéndonos con lo que podamos hacer. Ayer mismo estaba esto lleno de ropa, de alimentos, de personas que estaban clasificando para mandar allá.
P.- ¿Cómo le gustaría que le recordara la gente?
R.- El testamento de Tarancón decía al final: "Quiero que me recuerden como un hombre que intentó unir a los unos y a los otros. Que intentó pasar el bien por los demás". Yo creo que es la mejor definición que pueden tener de nosotros.