Francisco Montero, sacerdote jubilado y creador de la Misa Castiza.

Francisco Montero, sacerdote jubilado y creador de la Misa Castiza. Cedida

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La desconocida historia de Paco Montero, el cura jubilado que creó en Alemania hace 30 años el himno de San Isidro

Francisco creó en los años 90 la Misa Castiza en honor al patrón de Madrid para los emigrantes españoles en la ciudad alemana de Hanau.

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Las claves

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Paco Montero, sacerdote jubilado nacido en Puente de Vallecas en 1947, compuso en Alemania a principios de los 90 el himno de San Isidro.

La "Misa Castiza" surgió en Hanau, Alemania, para celebrar el patrón madrileño entre emigrantes, y posteriormente fue popularizada por Mari Pepa de Chamberí.

Aunque la misa nunca fue oficial en la liturgia madrileña, sus canciones forman parte del repertorio festivo de San Isidro y han sido interpretadas en lugares emblemáticos.

Montero, tras décadas de labor social y musical entre emigrantes, reside en Los Molinos, Madrid, y sigue conectado a su obra a pesar de su jubilación y problemas de salud.

La banda sonora más castiza de San Isidro nació lejos de Madrid, en el mismo sitio de donde proceden los cuentos de los hermanos Grimm. Fue en Hanau, la ciudad alemana donde nacieron los célebres escritores y que se levanta junto a Frankfurt. Allí, Francisco Montero comenzó a componer, a principios de los años 90, las canciones que décadas después acabarían sonando entre chulapos, rosquillas y organillos en las fiestas del patrón madrileño.

Aquellas piezas, reunidas bajo el nombre de Misa Castiza, terminaron formando parte del imaginario popular de San Isidro con himnos al patrón de la capital. Fue bajo la voz de Mari Pepa de Chamberí, convertida desde hace años en uno de los rostros imprescindibles de estas celebraciones por su empeño por recuperar y renovar el repertorio castizo en los festejos (cuya fecha grande se celebra el 15 de mayo).

Sin embargo, y pese a añadirlas a su repertorio de conciertos —como el que tendrá lugar la mañana de este sábado en los Jardines de las Vistillas— durante todos estos años, la historia detrás de ellas ha caído en el olvido. Una historia singular tras la que está Francisco (o Paco, como le suelen llamar), un sacerdote jubilado que ahora tiene 79 años y se encuentra retirado en el municipio madrileño de Los Molinos, donde reside tras una larga vida dedicada a ayudar a los demás.

Seminarista con 11 años

Felipe Francisco Montero (que así es su nombre completo) nació en Puente de Vallecas allá por el año 1947. Era el mayor de cuatro hermanos y el único varón, como también muestra su hermana, Pilar Montero, exprofesora y autora de una reciente novela gráfica que representa el Vallecas de los 60 y su infancia.

Su vocación por el sacerdocio llegó muy pronto. "Me viene de familia. Mis padres eran muy religiosos y yo de pequeño hacía de monaguillo los veranos, cuando estaba en Riaza, el pueblo de mi madre", explica.

Acompañaba a su padre a la Parroquia de San Ramón Nonato, donde —a pesar de los cuatro trabajos que tenía el progenitor— acudía cada noche a hacer la adoración nocturna. Es decir, a cubrir los turnos para que hubiera alguien velando las 24 horas en la capilla. También tenía una tía, "la monja", muy religiosa, que acabó por influir en su decisión.

"Entré en el seminario con 11 años", cuenta Francisco. Precisamente ubicado en Las Vistillas. "La verdad es que con esas edades no sabes todavía muy bien por dónde vas a orientar tu vida. Pero todo el ambiente en el que me movía me influyó para entrar. Y estoy muy contento con la decisión que tomé".

Francisco Montero en algunas de las fiestas de los años 90 celebradas en honor a San Isidro durante la misión de Hanau en Alemania.

Francisco Montero en algunas de las fiestas de los años 90 celebradas en honor a San Isidro durante la misión de Hanau en Alemania. Cedida

En esa época de estudiante comenzó a impartir alemán, lo que acabó provocando que desde el 68 hasta el 72 se marchara los veranos a trabajar a fábricas del país germano como Kodak, en la ciudad de Stuttgart, y Standard Elektrik Lorenz, la fábrica de tubos de televisión de Esslingen.

"Eran unos años en los que la situación en Alemania estaba más establecida. Era ya un país que se había reconstruido después de la Segunda Guerra Mundial y había mucha industria. Necesitaban mano de obra extranjera. Los famosos gastarbeiter (trabajadores invitados) que venían de Italia, España, Portugal, Grecia y, a finales de los 70, de Turquía". Por eso, comenzó a conocer "de cerca" cómo era la vida de los que emigraban.

"Fue por eso que, cuando me ordené sacerdote en el año 73, pedí a través de la Comisión de Mediación de la Conferencia Episcopal Española un puesto de capellán en Alemania para atender a emigrantes", afirma.

Así, llegó a la ciudad alemana de Hanau con solo 26 años. Sobre todo al principio, hizo una labor "grande" de asistente social. Tenía que hacer de intérprete "para ir al médico, a la fábrica...". "Había grandes dificultades con el idioma para los españoles. Trabajaban muchas horas, hacían el trabajo de la fábrica correspondiente y luego hacían trabajos de limpieza o de algunas horas extra en otras fábricas. También había muchos problemas con las autoridades de sus países para los extranjeros".

El disco de la Misa Castiza de Francisco Montero cantado por Mari Pepa de Chamberí.

El disco de la Misa Castiza de Francisco Montero cantado por Mari Pepa de Chamberí. Cedida

"Fue un trabajo muy exhaustivo y muy cansado. Me hacía unos 3.000 kilómetros al mes porque atendía una zona de unos 70 kilómetros de largo por 45 de ancho", añade recordando aquella época. Tenía a su cargo a unos 5.000 emigrantes.

"Toda mi vida laboral ha sido dar más de lo que se me exigía. He intentado siempre ir más allá de mis propias fuerzas. Para mí prácticamente no había horarios. Yo siempre estaba dispuesto a colaborar". Posteriormente, le encomendaron otra misión que se había quedado sin cura en Aschaffenburg.

San Isidro en Alemania

El trato de Francisco con la gente a la que atendía era bastante estrecho. Las familias españolas incluso le invitaban a comer en su casa o a sus celebraciones. Tanto es así, que incluso esos vínculos los mantiene a día de hoy. Hace poco estuvo en Sevilla, precisamente, visitando a uno de estos viejos conocidos. "La que fue mi segunda madre en Alemania, porque me acogieron como a un hijo, estaba muy grave en el hospital".

Con frecuencia celebraba con estas familias fiestas de las distintas regiones de España, coincidiendo con los festejos de Galicia, Andalucía, Murcia... Así, surgió la idea de conmemorar San Isidro para los emigrantes de Madrid. Compraron una máquina de hacer churros y los preparaban con chocolate, pero querían algo más propio.

Francisco Montero en una de las fiestas de San Isidro en Hanau hace 30 años.

Francisco Montero en una de las fiestas de San Isidro en Hanau hace 30 años. Cedida

Francisco conocía bien las fiestas del patrón de la capital. Pese a haber nacido en Puente de Vallecas, su familia se mudó cuando él tenía unos 21 años a Marqués de Vadillo. Muy cerca de donde se encuentra la Pradera de San Isidro junto con su ermita. Cuando estuvo de seminarista, de hecho, el párroco le dio autorización para poner un kiosko de bebidas y bocadillos durante los festejos, con el objetivo de conseguir fondos para ir a Roma a la canonización del beato Juan de Ávila.

Así que, a raíz de esto, el sacerdote hizo averiguaciones para ver si había alguna misa castiza, igual que había misas huertanas, misas navarras, misas flamencas... "No pude encontrar ninguna. Y, por lo tanto, después de celebrar un par de años la fiesta de San Isidro, me surgió la idea de componerla yo mismo".

Así se creó "con el ritmo madrileño" que tiene y los textos que "iba adaptando" las diez canciones que componen esta Misa Castiza. "En el seminario estudiamos tres años de solfeo, pero soy más bien autodidacta a la hora de componer".

Su música por unos años solo sonó en las pequeñas verbenas de Alemania. Hasta principios del 2001: "Asistí a una fiesta organizada por la ONCE con motivo del Día de Santa Lucía. Y allí actuaba Mari Pepa de Chamberí".

"Hablé con ella y estuvo de acuerdo en cantar mi misa y grabarla". Francisco la registró en el Registro de la Propiedad Intelectual de la Sociedad General de Autores y sacaron un disco del que él costeó todos los gastos —salvo una parte que le subvencionó el Balneario de Archena, del que era cliente y con cuyos dueños tenía muy buena relación—.

"No los puse a la venta. Le di 200 copias a Mari Pepa, que se encargó de la maquetación, y el resto se los regalé a compañeros, amigos y gentes del balneario", cuenta.

Letra de uno de los himnos de San Isidro.

Letra de uno de los himnos de San Isidro. Cedida

Sin embargo, con el tiempo y la existencia de Internet, Francisco afirma que la cantante subió algunas de las canciones a YouTube sin añadir su nombre. "A mí no me importa mucho. Lo que me interesa es que la gente tenga una mayor devoción a San Isidro. Con esa letra tan castiza y con esa música tan madrileña, las fiestas se siguen manteniendo".

Ahora "la canción es del pueblo", aunque la misa castiza "oficialmente no se ha estrenado". Y es que Francisco habló con las autoridades competentes de la Diócesis de Madrid para intentar que se cantara el himno de San Isidro. Pero a las autoridades litúrgicas les parecieron "un poco irreverentes" las letras y la música para una celebración litúrgica. "Y no he vuelto a intentarlo".

En el año 2003 logró que Mari Mari Pepa de Chamberí cantara dos días antes del 15 de mayo en la Ermita de San Isidro, durante la bendición del agua (una tradición castiza que conmemora el 'milagro de la fuente', donde el santo hizo brotar agua con su aguijada para calmar la sed de su amo).

"Mari Pepa también las ha cantado en sus actuaciones de la Pradera y de las Vistillas. Hizo algún arreglito. Yo he asistido a alguna y he visto a entidades castizas que lo han usado para hacer sus bailes, como la Asociación de la Villa de Vallecas"

Por su parte, Francisco ha compuesto más obras musicales, como villancicos. "Uno lo han cantado las Hermanas Pobres de Santa Clara. Tuvo mucho éxito estas últimas Navidades".

Pasados casi 30 años, el 31 de diciembre de 1999, el sacerdote volvió a Madrid de su misión en Alemania. "Mi salud allí había decrecido bastante por la humedad que había allí por los ríos, y yo tenía problemas de huesos y de sinusitis".

Ahora, ya jubilado y con Parkinson, su prioridad es descansar. "Voy con frecuencia al balneario". Además, en estos años ha vuelto alguna vez al país germano para "hacer primeras comuniones o asistir a confirmaciones de los que quedan todavía por allí" y con los que mantiene "una especial conexión".