De arriba abajo y de izquierda a derecha, Ana Sategna, Mouhssine Ghazal, Giobvana Toscano, Mohammed El Maimouni, Maicol Tovar y Jaziel Ribotta.

De arriba abajo y de izquierda a derecha, Ana Sategna, Mouhssine Ghazal, Giobvana Toscano, Mohammed El Maimouni, Maicol Tovar y Jaziel Ribotta. Arte EE

Sociedad

Moha llegó en patera, Ashley vivía en la calle, Ana es niñera... así son los 500.000 migrantes que dan las "gracias a Sánchez"

El Gobierno ha pactado con Podemos una regularización extraordinaria por medio de un Real Decreto. Ya se ha aprobado el inicio de la tramitación.

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Ana Sategna en Argentina vivía de crear contenido en sus redes sociales. "Lo que se llamaría influencer", dice. Sin embargo, la inseguridad que vivía en su país le hizo dejar atrás a su familia y todo lo que conocía para irse sola a España hace casi cuatro años.

No tenía planes, ni trabajo, ni permiso para ello, pero los trámites eran "muy lentos" y pensó que "desde aquí sería más fácil".

"Se me cruzaron los cables y no quise esperar. Me quería ir; estaba constantemente con miedo. En el tren tenía que ir siempre atenta. No podías ir tranquilamente por la calle escuchando música. No quería vivir así", añade.

Ahora, a sus 26 años, vive en una habitación alquilada en el distrito de San Blas, en Madrid. Se la paga con lo que gana cuidando niños. "Fue lo más sencillo que encontré. Tampoco me disgusta".

Su situación, como la de en torno a 500.000 personas en España, podría cambiar este 2026. Y es que el Gobierno presidido por Pedro Sánchez ha acordado con Unidas Podemos una regularización extraordinaria que permitirá a las personas extranjeras que cumplan determinados requisitos obtener la documentación necesaria para regularizar su situación administrativa.

Se trata de un pacto que se articulará a través de un Real Decreto que no tiene rango de ley. Por lo tanto, no necesita convalidación ante el Congreso. Ya este martes el Consejo de Ministros aprobó el inicio de la tramitación, con el objetivo de "garantizar derechos y dotar de seguridad jurídica al sistema".

En concreto, para optar a la obtención de los papeles se necesita haber residido al menos cinco meses en España antes del 31 de diciembre y no contar con antecedentes penales. Además, para acreditar esta estancia es necesario presentar documentos como un empadronamiento, citas médicas, contratos de alquiler...

Trabajar sin papeles

Ana, antes que a Madrid, llegó a Ibiza. Tenía un conocido allí con el que estuvo viviendo tres meses. En ese tiempo conoció a su expareja, con el que se fue a vivir a Málaga. Él era de allí y comenzaron los trámites para hacerse pareja de hecho, con la que obtendría los papeles para encontrar un contrato de trabajo.

Pero antes de que les aprobaran todos los documentos, rompieron la relación y Ana se mudó a Madrid. "Pasaron ocho meses desde que hicimos los trámites hasta que me fui. Una trata de hacer algo para estar legal, poder trabajar y aportar. Pero te lo complican. Y durante ese tiempo que estás perdiendo, estás esperando y pensado: '¿Qué hago? ¿De qué vivo? ¿Cómo pago el alquiler? ¿Cómo pago la comida?' Es una incertidumbre constante". Aun así, Ana asegura que en ningún momento volvería a Argentina.

Mohammed El Maimouni y Mouhssine Ghazal en la sede de la Cruz Roja.

Mohammed El Maimouni y Mouhssine Ghazal en la sede de la Cruz Roja. Alejandro Ernesto

También es argentino Jaziel Ribotta. Él como Maicol Tovar llegaron hace apenas unos meses a la capital. Ambos jóvenes -con 20 y 26 años- y sin estudios superiores vinieron buscando "un mejor futuro". "No tenía mucha estabilidad laboral, estaba desempleado y quería ayudar a mi familia", explica Maicol, natural de Colombia. "Mi hermano tampoco trabaja y mi madre tiene una enfermedad mental. Allí es complejo el tema de la salud psiquiátrica y la medicación".

Ninguno de los dos ha conseguido ninguna manera de sustentarse en todo este tiempo. "Estuve probando un poco en Chueca, entregando flyers, pero por poco tiempo", explica Maicol. Tanto él como Jaziel siguen sobreviviendo con los ahorros que se trajeron de su país.

"Primero me quedé en un hostal y luego renté una habitación en Humanes, donde estoy ahora. Me vine sin mucha idea. Pensé que sería más fácil encontrar trabajo, porque el mercado laboral creo que es muy bueno, pero nadie te quiere hacer un precontrato", dice este último. El colombiano, por su parte, continúa pagándose un albergue.

Antonio Carrión, de 20 años, llegó a principios de 2024 sin intención de quedarse en España. "Solo vine para acompañar a mi sobrino y dejarle con mi cuñado". Sin embargo, fue este último el que le instó a quedarse en Madrid, con promesas de un contrato que nunca llegó.

Maicol Tovar, colombiano en Madrid.

Maicol Tovar, colombiano en Madrid. Cedida

Estuvo durante dos años trabajando en su casa, hasta que hace unos meses, ante la falta de dinero que le adeudaba y las "mentiras", decidió irse a vivir con una amiga. "Ahora no sé qué hacer", expresa con preocupación.

Giobvana Toscano, de 35 años, llegó a Madrid tras varios sustos debidos a la inseguridad que vivía en Perú, su país, siendo madre soltera de dos niñas. "A mi hija mayor casi me la secuestran. Y decidí venirnos. Fue más por ellas que por mí".

Tenían la posibilidad de vivir con su hermano, que residía en la capital. "No quise pedir el asilo, porque ya no podría volver a mi país. Así que comencé a trabajar en lo que pude". Ella era enfermera y al poco tiempo le ofrecieron un puesto en una residencia "precaria" donde consiguió entrar.

"Al final, tuve suerte. Me pude empadronar, que sabía que era un primer paso muy importante, y he podido estar trabajando este tiempo. Mis hijas al mes también estaban ya estudiando en un colegio. Les va muy bien aquí", señala.

Jaziel Ribotta, argentino en Madrid.

Jaziel Ribotta, argentino en Madrid. Cedida

Y es que el padrón es otro de los temas que más preocupan a quienes emigran. "En Madrid he estado compartiendo apartamento en dos ocasiones. En ninguna de las dos casas me quisieron empadronar", cuenta Ana.

Sin embargo, no todas las situaciones de irregularidad comienzan en una llegada reciente. Ashley Sainz, cubano de 40 años, llegó a España en el 2000 de forma legal junto a su madre y su marido, que era español. "Iba a un colegio privado en El Escorial. Tenía una vida muy buena". Pero por cuestiones personales, se desvinculó de su familia.

Conoció a una mujer con la que tuvo una hija y en 2008 tuvo "una situación muy difícil". "Me dejó la madre de mi hija y se llevó a la niña. Empecé a pasarlo muy mal: dejé el trabajo que tenía, no renové mi documentación y me dediqué a vivir en la calle. Podía haber solicitado la nacionalidad y todo".

En los últimos años, ha intentado rehacer su vida. "Trabajo en 40 sitios: hago mudanzas, eventos, doy clases de inglés... He estado a veces hasta 16 horas al día. Ahora vivo en Pinto porque unos conocidos me alquilaron una habitación. Pero estoy un poco desconectado de la sociedad. No veo mucho la tele ni suelo meterme en Internet". Sin embargo, asegura que "hay cosas que no cambiaría": "He aprendido mucho".

Ana Sategna, argentina en Madrid.

Ana Sategna, argentina en Madrid. Cedida

Las historias de Mohammed El Maimouni y Mouhssine Ghazal son similares. Ambos tienen 19 años y llegaron desde Marruecos en patera hace casi dos años. "Llegué a Lanzarote y desde allí me mandaron en avión hasta el centro [de inmigrantes] de Alcalá de Henares", dice Mouhssine.

Son solicitantes de asilo y ahora viven en uno de los Centros de Acogida Temporal (CAT) de la Cruz Roja. "Yo he hecho un curso de cocina, me gustaría trabajar de eso", explica Mohammed, que también ha tenido que aprender el idioma. Mouhssine, por su parte, cuenta que le gustaría hacer peluquería y tener un puesto en una barbería.

Ayuda de las ONG

Muchos de ellos, como Mohammed y Mouhssine, son amparados por ONG o asociaciones que los guían en los pasos que dar. "Tratamos de ayudarles a conseguir la documentación, apoyarles en los trámites, les empadronamos... También tenemos seguimiento de salud, psicológico, damos cursos y gestionamos ayudas económicas puntuales", explica Cristina Benítez, trabajadora social del CAT de la Cruz Roja.

Maicol Tovar, en su caso, se ayudó de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). "Cuando yo llegué, no estaba muy bien aconsejado. Hice cosas muy tarde, como el abono de transporte o empadronarme. Aquí me han aconsejado y dado información", cuenta.

"A nosotros nos abre un abanico muy grande porque ahora no tenemos tantas trabas como antes. Según el perfil que hay ahora mismo en el centro, todos podrían acogerse a este decreto", comenta Benítez.

Sin embargo, la mayoría de los posibles beneficiados dudan sobre que vayan a conseguirlo. "Nunca es así de fácil", expresa Ashley. "Ahora mismo están todos muy contentos, pero todavía hay muchas dudas de cómo se va a proceder. Hasta que no lo vean, no lo creen", añade Benítez.

Giobvana Toscano, peruana en Madrid.

Giobvana Toscano, peruana en Madrid. Cedida

"Si es así, le damos muchas gracias a Pedro Sánchez. Es una gran ayuda. No solamente para mí, sino para muchas personas", dice Maicol. "Solo queremos trabajar, seguir adelante y construir un futuro".

"Ya con 40 años hay cosas que no pensabas antes y ahora sí. En estos últimos años, como profesor de inglés, me gustaría poder oficializar lo de las clases o tener una especie de empresa online. Permitirme hacer un trabajo que me guste", dice Ashley.

"Me cambiaría la vida. Poder tener un sueldo fijo, vivir en un lugar estable, acceder a la sanidad... Me daría tranquilidad y paz", agrega Maicol. "Si se me diera la oportunidad, me gustaría volver a ser creadora de contenido. Ahora mismo, no hay ninguna marca que me quiera pagar. Si no, trabajaría de dependienta o lo que fuera. Algo que me diera una estabilidad económica".

"También pienso que no hay tantos lugares de trabajo para todos. Habría que poner un límite. Hay un montón de gente que está irregular y que no hace las cosas bien. Hay que ser consciente de que voy a otro país y me tengo que comportar", añade.

Mohammed El Maimouni y Mouhssine Ghazal en la sede de la Cruz Roja.

Mohammed El Maimouni y Mouhssine Ghazal en la sede de la Cruz Roja. Alejandro Ernesto

Es una noticia que ha causado opiniones diferentes entre expertos, asociaciones y partidos políticos. La Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA) ya ha mandado un comunicado estimando que este proceso podría traducirse en alrededor de 70.000 nuevas altas en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA). "Desde la organización se prevé que cerca del 14% opten por emprender y desarrollar una actividad por cuenta propia".

Otras opiniones, como la de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, aseguran que generará "graves dificultades" para gestionar servicios públicos.

Por ahora, tienen esperanza. Giobvana ya ha comenzado a reunir, junto a su abogado, los documentos necesarios para optar a esta regularización. "Ya he ido a pedir el informe de antecedentes penales. El consulado de Perú estaba lleno cuando fui hace unos días", explica, consciente de que el proceso apenas acaba de empezar.