Lucas Nikolau y Yanis Kanotas en su restaurante Periplo en Legazpi.

Lucas Nikolau y Yanis Kanotas en su restaurante Periplo en Legazpi. Cristina Villarino

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Lucas y Yanis dejaron sus trabajos en Atenas para montar el restaurante griego con la mejor nota de todo Madrid

Periplo abrió hace más de diez años en Chamberí. Ahora, y tras un éxito que les ha llevado a tener casi todos los días lleno, se ha trasladado a Legazpi.

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Las claves

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Lucas y Yanis dejaron sus trabajos en Atenas para abrir Periplo, un restaurante griego en Madrid, tras mudarse hace más de 10 años.

El restaurante comenzó en Chamberí y, tras buscar un nuevo local, ahora está en Legazpi, manteniendo su esencia familiar y personal.

En Periplo, Yanis cocina y Lucas atiende las mesas, ofreciendo platos tradicionales griegos elaborados con productos importados de Grecia.

Periplo destaca por su ambiente acogedor y auténtico, logrando la mejor puntuación en Google de los restaurantes griegos de Madrid.

Periplo significa viaje, aventura, recorrido o travesía. Y pocas palabras describen mejor la historia de Lucas Nikolau y Yanis Kanotas que esa. Antes de convertirse en los dueños de uno de los restaurantes griegos más singulares de Madrid, fueron un periodista de radio y un analista de datos de una compañía de estadísticas que decidieron abandonar Grecia para perseguir su sueño.

Y es que la pareja decidió dejar atrás Atenas, su casa y sus respectivas profesiones para empezar de cero en la capital española hace ya más de 10 años.

Quizá por eso decidieron bautizar así a su pequeño negocio: un restaurante donde la comida sepa a casa. No imaginaban cuando lo abrieron que aquel proyecto acabaría convirtiéndose en uno de esos lugares que están casi todos los días llenos, gracias al boca a boca.

"Habíamos venido antes de vacaciones a Madrid y nos gustó mucho el ambiente, la gente, el trato... Teníamos en la cabeza el deseo de venir a vivir alguna vez", cuenta Yanis.

La oportunidad llegó con la crisis económica que afectó a Grecia en la década de 2010. Yanis se quedó sin trabajo en la radio y a Lucas su empleo no le terminaba de llenar. Así que la idea de crear un restaurante empezó a rondarles la cabeza, influenciados por el que ya tenía la hermana de uno de ellos en Corfú, su ciudad de origen.

"Pero ya nosotros estábamos un poquito enamorados de Madrid. El verano del 2013 estábamos de vacaciones en una isla. Y entramos en una cafetería que tenía este estilo de café, con mesas bajitas, que era más parecido al local que teníamos en mente", cuenta Lucas. Y allí mismo tomaron la decisión.

Un par de meses después aterrizaron en Madrid para empezar a buscar un sitio donde asentar su idea. Mientras recorrían la ciudad en busca del lugar adecuado, Yanis aprovechó para comenzar a aprender español. Lucas, en cambio, ya llevaba algunos años estudiando el idioma por afición.

Yanis y Lucas en Periplo, en Legazpi.

Yanis y Lucas en Periplo, en Legazpi. Cristina Villarino

"Fue una locura", recuerdan. Tras conseguir la documentación necesaria para abrir el negocio y encontrar un establecimiento en Chamberí, a principios de 2015 cargaron el coche con cajas, maletas y su perro y emprendieron un viaje por carretera desde Atenas hasta Madrid. Una travesía de varios días y más de 3.000 kilómetros que marcó el inicio de su nueva vida.

Así, se instalaron en Chamberí hasta hace dos años, cuando la propietaria del espacio les comunicó su intención de venderlo. Tras muchos meses de búsqueda, al fin encontraron el nuevo: uno más grande en Legazpi.

Y es que si el primero lo consiguieron "por casualidad" -porque Agapi (su perro) de pronto quiso pasear por otra calle diferente donde vieron colgado el cartel de 'se alquila'-, este casi fue "el destino".

"Habían pasado dos años... Nos fuimos hasta Lanzarote. Y ya habíamos decidido volver; habíamos comprado hasta cartones para hacer la mudanza. Lo teníamos todo listo para irnos a finales de abril y, en el último momento, un mes antes, vimos el anuncio de este. Al final, las cosas llegan cuando tienen que pasar", narra Lucas.

"Como invitados en casa"

En Periplo no hay una frontera clara entre quienes sirven los platos y quienes los reciben. No hay camareros corriendo de un lado para otro ni un jefe dando órdenes. Solo están ellos dos. Yanis cocina y Lucas atiende las mesas. Todo de forma organizada y coordinada, para que todo salga como tiene que salir.

Hablan con los clientes, les preguntan qué tal está todo y se despiden como quien acompaña hasta la puerta a unos amigos. Y es esa, precisamente, la sensación que buscan: "Cuando estoy en la cocina, siento que estoy haciendo la comida para los invitados que tengo en casa", cuenta Yanis.

El restaurante Periplo en Madrid.

El restaurante Periplo en Madrid. Cristina Villarino

Su intención no es crecer. "Periplo es nuestro sueño. No lo vemos como un negocio para abrir franquicias. Solo queremos hacer lo que nos gusta", recalca Lucas.

Y esa singularidad es lo que atrae gente de todas partes y hace que estén completos casi todos los días. "Han venido de Bilbao, de Galicia, de Alicante, de Menorca...". Incluso de fuera de España: "De Francia, de Portugal, de Italia, de Suiza...". Y hasta los propios griegos, "que también es importante, porque alguien que lo come desde niño va a saber si lo que le ofreces es bueno o no".

La prueba está en Google, donde ostentan una nota de 4,9 de cinco estrellas. La mejor de todos los restaurantes de comida griega en Madrid.

En la carta incluyen platos tradicionales como la musaka, hummus, queso feta al horno, pan de pita con diferentes tipos de carne, tzatziki (yogur griego con pepino y ajo) o los dolmadakia (hojas de parra rellenas con arroz).

Todos los días ponen en el restaurante la 'palabra del día': un término griego con su traducción.

Todos los días ponen en el restaurante la 'palabra del día': un término griego con su traducción. Cristina Villarino

Todo ello casero y hecho por el mismo Yanis, que usa las recetas tradicionales típicas que ha conocido de toda la vida en su familia. "Siempre me ha gustado cocinar para mis amigos. Veía a chefs de Grecia y lo que me llamaba la atención, lo intentaba hacer en casa", relata.

Los productos utilizados (aceite, orégano, yogures, pan... incluso las bebidas) son importados del país heleno, para no perder la esencia de cocina tradicional y que sepa lo más parecido a comer en una casa griega. Y aun así, "intentando siempre mantener los precios en un nivel lo más bajo posible". El ticket medio ronda los 20 o 30 euros.

"No queremos ser un restaurante al que solo vas los fines de semana o en ocasiones especiales. Queremos que cualquier vecino pueda venir a comer o a cenar un martes o un miércoles con un amigo", añade Lucas.

Esta dedicación conlleva que ninguno de los dos entienda el restaurante como un trabajo del que se sale al cerrar la puerta. Se llevan las conversaciones a casa, hablan de nuevos platos mientras cenan fuera o se fijan en la vajilla de otros restaurantes. "Siempre estamos pensando cada día en algo para el local", reconoce Lucas. "Es pasión", concluyen casi al unísono.

Cuando se les pregunta si alguna vez imaginan cómo habría sido su vida de haberse quedado en Grecia, prefieren no perder demasiado tiempo en esa idea. Lucas recuerda entonces un verso de Ítaca, de Konstantinos Kavafis: "Lo importante es la experiencia que has adquirido en el camino y no si has llegado al destino". Después de todo, eso es precisamente lo que significa Periplo.