Rogelio Castro en el restaurante con su nombre, Roge, ya a su perra Croqueta en el delantal.

Rogelio Castro en el restaurante con su nombre, Roge, ya a su perra Croqueta en el delantal. Roge

Ocio

Roge, de investigar el terrorismo a abrir un restaurante en el centro de Madrid en el que "mexicaniza" sus platos

La propuesta de Roge, en Conde de Romanones, es un bistró francés que "mexicaniza" sus platos entre velas y, por la noche, se convierte en un speakeasy.

Más información: Carmen, la chilena que a los 67 años ha abierto un restaurante en Tirso de Molina: "Era el sueño de mi vida".

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Las claves

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Rogelio Castro dejó su carrera como investigador de terrorismo para abrir su propio restaurante, Roge, en el centro de Madrid.

El chef fusiona técnicas francesas clásicas con sabores y productos mexicanos, creando platos únicos como pato con salsa bigarade y chipotle, o corvina con mole verde.

El local, decorado como un bistró francés, transforma su ambiente en un speakeasy con coctelería de autor durante las noches de jueves a sábado.

La carta, de filosofía "menos es más", incluye menús degustación y platos emblemáticos, y apuesta por la hospitalidad y el ambiente hogareño inspirado en las cenas familiares mexicanas.

Mirar de frente a la oscuridad del mundo acaba por agotar a cualquiera. Rogelio Castro (Ciudad de México, 32 años) lo vivió en primera persona.

Durante gran parte de su carrera, su jornada consistía en desentrañar el proceso de radicalización en jóvenes como coordinador en el área de terrorismo, diseccionar manifiestos de extrema derecha y analizar la seguridad internacional, colaborando incluso con la Guardia Civil. Estudiaba a nazis, grupos radicales y patrones de violencia hasta que el peso de la realidad le pasó factura.

"Me quedé un poquito loquito", confiesa ahora con la distancia que da el tiempo. "Era un tema muy feo, de violencia y muerte".

Platos de Roge.

Platos de Roge. Roge

A mitad de su doctorado en Madrid, Rogelio entró en crisis. La pregunta de "¿a dónde va a llegar esto?" le hizo cambiar de rumbo.

La respuesta no estaba en los despachos de investigación, sino en los recuerdos de aquellas cenas de sesenta personas en la casa de su abuela en México y en aquel 'Erasmus' en París donde descubrió que la cocina era el único lenguaje que realmente quería hablar.

Del Cordon Bleu al corazón de Madrid

Hace apenas cuatro años, Rogelio decidió dejar su doctorado en seguridad internacional para convertirse en cocinero. Se formó en Le Cordon Bleu y trabajó, entre otros restaurantes, en el vanguardista dos estrellas Michelin DSTAgE. "Ahí reafirmé que la parte de gastronomía de innovación no es lo que quiero", cuenta. A día de hoy, esa transición culmina en Roge, un restaurante con su nombre en la calle Conde de Romanones, zona Tirso de Molina, que es, en esencia, su casa.

Y en su casa siempre te recibirá Croqueta, su pequeño bulldog francés, cuya cara está bordada en todas las servilletas y delantales de Roge. También podrás ojear su biblioteca de más de 60 libros de gastronomía y ciencia de los alimentos.

"Mi restaurante surge de ese sentimiento de hogar", explica el chef, quien busca que el comensal se sienta como en aquellas cenas dominicales que él mismo organizaba siempre para sus vecinos durante su etapa de coliving.

Una cocina de "menos es más" con ADN franco-mexicano

La propuesta de Roge esconde una interpretación técnica y profundamente emocional. El chef toma la espina dorsal de la cocina clásica francesa —aquella de Paul Bocuse y Robuchon que tanto admira— y la "mexicaniza", con sentido común y una predilección especial por los sabores mediterráneos.

El mejor ejemplo es su pato con salsa bigarade de naranja y chipotle, uno de los que más gustan a su clientela. Otros de sus platos fusión son la corvina con mole verde, pistacho y espárragos, las croquetas de ternera con alioli de maíz o el tartar de atún, mango, aguacate, albahaca y chile serrano.

Roge Castro.

Roge Castro. Roge

La imaginación también se pone de manifiesto en platos como los langostinos con salsa bisque y chile de árbol, que une México y España en un bocado equilibrado. Las verduras también cobran un papel protagonista en elaboraciones como las flores de calabacín rellenas de queso camembert con mole amarillo de piña. "Mi línea es que menos es más", explica. "Todo tiene que tener una armonía".

Todos estos platos se podrán maridar con su pequeña bodega, caracterizada por sus referencias más nacionales, que irán renovándose cada seis meses, a excepción de sus dos referencias insignia: Dominio del Soto Tempranillo Ribera del Duero y Gatuno Albillo Región de Madrid.

Postres solo hay tres opciones porque son los que Roge hace especialmente bien: tarte tatin de manzana con helado de vainilla y caramelo; el flan casero con dulce de leche; o los bombones de crema de limón y lima con chocolate blanco.

El ticket medio es de 45-55 euros. A ello le suma una propuesta de menús degustación de 45 y 60 euros, para dos personas.

El refugio y el secreto

El restaurante, decorado como un bistró francés en tonos rojos y dorados —los colores favoritos de Roge—, se divide en dos almas. La entrada, con grandes ventanales que te hacen sentir en una terraza y luces bajas, invita a observar el ritmo de la calle desde el confort de tu mesa bajo la luz de las velas.

En el comedor interno, con vistas a un acogedor patio central, es el lugar de las familias y las confidencias. Pero el verdadero giro de guion ocurre al llegar la medianoche de los jueves a sábados: las cortinas se cierran y Roge se transforma en un speakeasy íntimo donde los Martinis, Negronis y la coctelería de autor toman el relevo.

Sala interior de Roge.

Sala interior de Roge. Roge

Rogelio Castro ya no busca patrones de comportamiento violento. Ahora busca el punto exacto de la cocción y la felicidad del que se sienta a su mesa.

"Puede que lo esté idealizando, pero pasé de un tema lúgubre a que la gente salga feliz y gorda de mi casa. Cocinar es un acto de amor y todo lo hacemos con cariño", cuenta. En un mundo radicalizado, Roge ha elegido combatir el ruido con un mole poblano heredado de su abuela y una copa de Gatuno Albillo.