Carmen Galo en el Parque de la Mar Océana de El Pardo, centro del barrio y lugar donde se conmemoraron los 75 años del distrito este mes.

Carmen Galo en el Parque de la Mar Océana de El Pardo, centro del barrio y lugar donde se conmemoraron los 75 años del distrito este mes. I.G.

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Carmen, premiada por Almeida con 92 años: "Mi padre era de derechas. Vinieron a matarlo y lo salvaron los republicanos"

Fuencarral-El Pardo cumple 75 años como distrito de Madrid y el Ayuntamiento entregó varios premios a vecinos ejemplares.

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Las claves

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Carmen Galo, de 92 años, ha sido reconocida por el alcalde Almeida por su trayectoria vital y su arraigo en El Pardo, donde ha vivido la guerra civil, la posguerra y la transformación del barrio.

Carmen recuerda cómo su familia, de ideología derechista, fue ayudada por los republicanos durante la Guerra Civil para salvar a su padre y sobrevivir en El Pardo.

Además de Carmen, otros vecinos históricos de Fuencarral-El Pardo han sido homenajeados por su contribución al barrio, como el hostelero Pedro Guiñales y la docente Rosa Nieves Trigo.

La anexión de Fuencarral y El Pardo a Madrid cumple 75 años, conmemorándose la integración de estos municipios a la capital y su fuerte identidad local.

Fuencarral y El Pardo siempre habían sido dos municipios independientes de la Comunidad de Madrid. Pero eso cambió hace 75 años, en 1951. Desde entonces, forman parte de los 21 distritos que conforman actualmente la capital.

Precisamente para conmemorar este hecho, este mes de junio se realizó en el Parque de la Mar Océana un acto presidido por el alcalde, José Luis Martínez-Almeida, en el que se hizo entrega de unos reconocimientos a varios vecinos del actual distrito de Fuencarral-El Pardo. Seis personas con trayectorias vitales vinculadas a estos barrios y cuyos nombres han sido propuestos por los propios vecinos.

Una de ellas es Carmen Galo, que tiene nada menos que 92 años, aunque la vitalidad y los recuerdos no le fallan ni un ápice. "Me acuerdo de todo". Desde su casa de El Pardo, donde vivió parte de su infancia, juventud y en la que acabó casándose y criando a sus cuatro hijos, cuenta a Madrid Total anécdotas y memorias de una vida que ha visto pasar una guerra, una posguerra y una transformación integral de esta zona periférica de la ciudad.

Carmen nació muy cerca del Palacio Real y el Campo del Moro, en la casa de sus abuelos. Allí estuvo viviendo hasta los dos años, cuando estalló la Guerra Civil.

Tras pasar unos meses "hacinados" en la casa de sus tíos y sus ocho primos, su padre decidió ir a El Pardo, que por aquel entonces no tenía nada que ver con su aspecto actual: "Yo todas las casas las he visto hacer. Todo lo que hay construido ahora lo hizo luego Franco para su guardia. Cuando llegamos, solo había un par de casas, el palacio, un convento, una plaza y las calles estaban sin asfaltar. No había más. Todo eran huertos y campo", relata.

"Mi padre se vino antes por el monte andando y nos dijo que allí había de comer, porque donde estábamos no había comida. No teníamos nada. En El Pardo había huertos para sembrar y conejos", añade.

La llegada a El Pardo es una de las cosas que Carmen cuenta como si lo acabara de vivir ayer, pese a su corta edad en aquel momento. Y es que la zona era republicana y en ella se encontraba el Cuartel General de la Octava División del Ejército Republicano. Es decir, era un recinto militar cerrado al público.

"Para pasar el control, a mi madre, a una hermana que tuve que murió a los 15 años, pero tenía cinco entonces, y a mí nos metieron en un carro de esos de doble fondo. En un colchón nos taparon con botellas de vino, que era lo que transportaba. Me acuerdo de que mi madre me tuvo que amordazar, porque yo tenía dos años, para que no gritase ni llorase", cuenta.

Allí su padre consiguió una casita, donde pasaron el primer año y medio de la guerra. "Mi padre trabajaba en Madrid y le echaron. No teníamos sueldo. Y lo pasamos mal".

Carmen Galo en su casa de El Pardo.

Carmen Galo en su casa de El Pardo. I.G.

"Tuvimos también la gran suerte de que había una cocina donde hacían la comida para los militares. Y se portaron muy bien con nosotros. Siempre hemos sido de derechas y ellos eran republicanos, pero mi madre me decía que gente buena y gente mala hay en todas las ideologías y bandos. Vinieron una vez a llevarse a mi padre para matarle y consiguieron que no lo hicieran", rememora.

Pese a esto, Carmen asegura que siempre fue "muy alegre y divertida". En su juventud, empezó a ayudar en la mercería que sus padres abrieron al acabar la guerra y a trabajar como esteticista. "Iba por las casas de los militares. Fui de las primeras que empezó a hacer la cera de las piernas".

Y también descubrió una de las facetas de su vida: la religión. "Es un poco beata ella", menciona su hija, Ana, en un momento de la entrevista. "Desde niña siempre me había gustado mucho la Iglesia", reconoce.

Es uno de los factores de que haya sido tan querida y conocida en el pueblo, pues estuvo 40 años colaborando con Cáritas y en la parroquia. "Fue al poco de casarme. Iba de casa en casa visitando a los enfermos. Yo les consolaba mucho. Me daba mucha tristeza ver a las personas mayores que me decían siempre: 'La vejez es muy dura'. Tú no te lo crees hasta que te llega".

Carmen Galo en el parque de la Mar Océana de El Pardo.

Carmen Galo en el parque de la Mar Océana de El Pardo. I.G.

Aunque el punto clave de su acercamiento con Dios fue tras un desamor: "Estuve siete años con un novio. Estábamos hablando de boda y un día vino a decirme que se había enamorado de otra y me dejó plantada. Me llevé un disgusto. Así que lo que hacía era meterme en la Iglesia y lloraba. Me costó mucho tiempo saber que era el mismo Dios el que me estaba oyendo. Y cuando me pasó, le dije a mi padre: 'Se acabó llorar'. Empecé a salir con mis amigas y a los años conocí a mi marido, un militar de Valencia".

"Siempre he tenido muchas amigas. Nos agarrábamos del brazo, no sé por qué era costumbre, y paseábamos por la plaza, por la carretera... Por la noche, la gente sacaba las sillas a las puertas de las casas. El Pardo siempre ha sido un pueblo y todavía mantiene esa esencia", asegura Carmen.

La anexión de Fuencarral-El Pardo

La última sesión del Ayuntamiento de El Pardo, en la que se formalizó su integración en la capital, se celebró el 27 de marzo de 1951. Por su parte, el Ayuntamiento de Fuencarral se anexionó a Madrid por Decreto del Ministerio de Gobernación del 10 de noviembre de 1950, formalizándose el 20 de octubre de 1951. Posteriormente, la reorganización administrativa de Madrid integró ambos territorios en el mismo distrito en 1971. El nombre definitivo de Fuencarral-El Pardo se consolidó en 1987.

Fue una anexión que formó parte del proceso por el que, entre 1940 y 1951, Madrid incorporó 12 municipios limítrofes: Aravaca, Barajas, Canillas, Canillejas, Carabanchel Alto y Bajo, Chamartín de la Rosa, Fuencarral, Hortaleza, El Pardo, Vallecas y Vicálvaro. Villaverde se sumó poco después.

Ambas zonas suponen el 40% de la superficie de la ciudad. En palabras de Almeida durante el acto de conmemoración, estos dos barrios siempre han contado "con una fuerte identidad y un grandísimo sentimiento de arraigo".

De hecho, El Pardo es uno de los núcleos menos poblados, con una población de unas 3.500 personas, la gran mayoría mayores. "Aquí nos conocemos todos y nos llevamos estupendamente. Aquí viven inmigrantes y también ha llegado gente joven. Pero nunca hay peleas".

El premio entregado por el Ayuntamiento de Madrid en casa de Carmen.

El premio entregado por el Ayuntamiento de Madrid en casa de Carmen. I.G.

Carmen recuerda el día en que se anexionó su pueblo a Madrid. "Yo tenía 17 años y salimos a celebrarlo. Hicieron una fiesta y fuimos al Ayuntamiento. Creo que habló el que era alcalde, pero nosotros estábamos a lo que estábamos: a la fiesta", dice entre risas. "Luego pusieron una oficinita con una chica que era la que nos hacía todos los trámites. Y todo el mundo le pedía cosas".

Ahora, y desde que murió su marido hace nueve años, vive junto a su hermana menor y dedica sus días a realizar los pasatiempos que le gustan: "Hago mis rezos, que tengo una lista muy larga con toda la gente por la que pido, y me pongo con el punto de cruz. A mí esas cosas me dan paz". Incluso algunas veces se 'escapa' con sus hijas a La Vaguada. "Me gusta mucho la ropa y me encanta ir de tiendas".

"Y bueno, así ha pasado la vida", concluye la entrevista.

- ¿Y cuál diría que es su secreto para tener una vida tan larga?

- No lo sé. El ánimo lo tengo muy bien. Nunca pienso que me voy a morir. Sé que me voy a morir, pero yo no lo pienso.

Los homenajeados de Fuencarral-El Pardo

Además de a Carmen, Almeida también hizo entrega junto al concejal del distrito, José Antonio Martínez Páramo, de una placa al hostelero Pedro Guiñales del Valle, propietario de Casa Pedro, el restaurante más antiguo de Madrid; a Ángela Casero Carretero, propietaria de la farmacia Casero (fundada en 1913), y a la hermana Rosa Nieves Trigo, docente retirada que fue directora del Colegio Sagrado Corazón durante más de cuatro décadas. Este fue el primer colegio femenino en el antiguo pueblo de Fuencarral y tuvo un papel relevante en la educación de niñas con pocos recursos que vivían en un entorno rural.

Asimismo, han recibido este reconocimiento Carmina Curiel Martín, propietaria de una mercería, y María Paz Mondéjar Rodríguez, enfermera del Centro de Salud El Pardo, ya jubilada.