Emilia Pérez en su tienda de telas. EE
Emilia Pérez, la autónoma de 64 años que vende telas a Netflix desde Carabanchel: "Esto no es ser funcionario; es sacrificado"
Desde los años cuarenta, el número 11 de Antoñita Jiménez ha sido testigo de la transformación del barrio, donde curiosos, vecinos y productoras apuestan hoy por su propio estilo vintage.
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Emilia Pérez (64 años) creció entre fardos de tela de cientos de kilos. La calle de Antoñita Jiménez, en Carabanchel, no solo da nombre a la tienda textil, sino también a su casa y a una parte de la historia del barrio.
La entrada se confunde al principio con la de un taller mecánico, de los tantos que abundan en la zona. Solo un cartel lateral de 'tejidos' invita a descubrir lo que hay dentro.
El patio de viviendas, sin embargo, hace presuponer que detrás de las puertas de madera hay algo más especial. Allí, Antoñita Jiménez despliega todo su esplendor, sin estridencias ni redes sociales que la promuevan.
El patio de viviendas que da paso a la tienda Antoñita Jiménez EE
Emilia sigue al frente del negocio familiar que fundó su abuelo Víctor en los años cuarenta y que ahora se prepara para su cuarta generación, aunque, según confiesa, la empresa no nació vendiendo telas para el hogar o la decoración.
"Cuando empezó nuestro abuelo no se vendían telas así", explica Pérez. "Lo que se hacía era comprar ropa usada y convertirla en trapos de limpieza industrial. Se lavaban, se cosían y se preparaban para imprentas, talleres y cosas de esas".
Esa actividad industrial evolucionó hacia el comercio de tejidos: "Poco a poco fuimos progresando hasta meternos en el mundo de las telas y que fuera algo más dedicado al hogar, a la decoración, más personalizado".
Emilia guarda todos sus recuerdos impregnados en la tienda: "Mi madre tiene 92 años y las fotos de su boda están hechas en el patio". Ese espacio fue durante décadas el centro de la vida de barrio que Emilia y sus hermanos disfrutaron, en un Carabanchel muy distinto al actual.
"Era muy divertido, este barrio era una zona muy industrial y no había tanto tráfico ni movimiento. El patio era un poco el recreo de todos los chavales del barrio".
Había fardos de trescientos o cuatrocientos kilos y nosotros jugábamos al escondite entre ellos. Era algo diferente, porque no había tanta venta directa al público como ahora", rememora Emilia.
Hoy el negocio sigue abierto, pero el oficio ha cambiado mucho. Hubo una época en la que la tienda era un 'río de gente' todo el día: "Veías a las clientas con las piezas en la mano, 'es lo que yo quiero, de esa también'. Era una locura."
La rutina de Emilia EE
Parte de ese cambio tiene que ver con la desaparición de muchos oficios asociados a la costura y al tapizado. Hay menos costureras y gente especializada en trabajar las telas.
Emilia comenta que el mercado chino también influyó mucho, pues la gente compra una 'cortina barata' y cuando se rompe, la tira.
Sin embargo, la pandemia marcó un punto de inflexión: "Pasamos tanto tiempo en casa que la gente empezó a pensar: '¿Y si cambio estas cortinas? ¿Y si tapizo el sofá?'". "Actualmente hay un regreso del auge de la decoración. Se llevan mucho los cabeceros tapizados con telas alegres".
Metamorfosis de barrio
En las últimas décadas, el barrio que rodea la tienda también ha cambiado. Carabanchel fue durante buena parte del siglo XX una zona de talleres, pequeñas fábricas y comercio de proximidad, donde negocios familiares como Antoñita Jiménez formaban parte del paisaje cotidiano.
Hoy el distrito vive un nuevo cambio: antiguas naves industriales se han reconvertido en estudios de artistas y espacios culturales, han llegado nuevos vecinos y el barrio ha ganado fama por su escena creativa.
En medio de esa transformación, algunos comercios de toda la vida siguen funcionando como pequeñas cápsulas del tiempo.
Y entre tanto cambio, en una tienda que no posee redes sociales ni campañas de publicidad, han aparecido clientes inesperados: distintas productoras como Netflix o Atresmedia, buscan telas para sus series.
Todo ha sido boca a boca: "Probablemente alguien que vivía por aquí se dedicaba a ese mundo y empezó a recomendar la tienda".
Emilia reconoce que le agrada ver las series e ir buscando: "Ah, mira, esta tela es de aquí". Entre las que recuerda, temporadas de Cuéntame, Las chicas del cable, Reina Roja, Sueños de libertad, La promesa o El secreto de Puente Viejo han tenido en sus sillones, cortinas y vestidos a Antoñita Jiménez como una coprotagonista silenciosa.
El carácter del local también forma parte de su atractivo y no se parece a las boutiques de decoración del centro de Madrid.
No es una tienda al uso, pero ahora que "se lleva mucho el vintage", con paredes un poco descascarilladas, Antoñita Jiménez encaja en ese estilo "sin querer".
Emilia con su hijo Daniel, que continúa con el legado familiar EE
Relevo generacional
Sus dueños definen la atención como cordial, correcta y cercana, como a la gente del barrio le gusta. Daniel, hijo de Emilia, tiene 35 años y toma el relevo de la cuarta generación dedicada a las telas. Reconocen que no es fácil encontrar gente que quiera seguir con un comercio así.
El horario es largo —de nueve a dos y de cuatro a ocho— y quienes llevan el negocio suelen pasar el día entero en la tienda: "Mucha gente quiere ser funcionaria, tener un trabajo cómodo y salir a las tres. Este es un trabajo sacrificado, conciliar es difícil".
Después de más de setenta años de actividad, Emilia quiere que Antoñita Jiménez sea recordada como un sitio peculiar y entrañable, parte de la historia de Carabanchel.
El cartel de Tejidos en la calle Antoñita Jiménez EE
Entre rollos de tela quedan las historias de su niñez, mezcladas con el aire nuevo que trae el barrio. Quien recorra desde el inicio la calle puede venir a reparar el coche, llevarse una tela o visitar una galería de arte. Todo en menos de 200 metros.