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Opinión

España ante el reto de no desperdiciar su potencial renovable

Abel Martin
Publicada

Nuestro país ha vuelto a batir, un verano más, el récord de energía renovable que no es capaz de aprovechar. Durante el mes de junio, alrededor del 10% de la electricidad renovable generada en España se desperdició sin llegar a integrarse en el sistema eléctrico.

En julio, el porcentaje se incrementó hasta el 11%. Cifras más que considerables en torno a un volumen energético desaprovechado que alcanzaría para cubrir aproximadamente el consumo eléctrico anual de un territorio como La Rioja.

Esto no se trata de una anomalía limitada a los meses de más sol. Según las estimaciones de APPA Renovables, en 2025 España habría dejado de aprovechar más del 20% de la energía renovable que podría haber producido, lo que equivaldría a 37.768 GWh. Una cantidad suficiente para abastecer a 11 millones de hogares durante un año.

Este hecho resulta especialmente relevante a las puertas de un otoño llamado a convertirse en uno de los más difíciles en materia energética de los últimos años. Sobre todo para las empresas e industrias altamente dependientes del gas, combustibles o la electricidad.

Tal es así que algunas de ellas, incluso, ya han advertido de posibles paradas de producción en los próximos meses ante la escalada de los precios. Una situación que podría afrontarse, sin ninguna duda, desde una mejor posición si tuviéramos mayor capacidad para aprovechar nuestros recursos.

España ha recorrido con éxito la primera etapa de la transición energética

La explicación de todo esto la tenemos en el propio funcionamiento del sistema eléctrico. La electricidad debe encontrar un uso en el momento en el que se genera. Cuando la producción supera la demanda y la red no puede transportarla hacia otros puntos, el sistema se ve obligado a reducir la generación.

Unas circunstancias que se ven también reflejadas en los datos. Según el Balance Energético Provisional de 2025 del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, las renovables aportaron el 56,2% de la generación eléctrica bruta de España.

La electricidad, sin embargo, representó únicamente el 23,9% del consumo final destinado a usos energéticos. La diferencia entre ambas cifras muestra que la transformación de la generación eléctrica ha avanzado con mayor rapidez que la electrificación de los consumos de las empresas, industrias y el transporte.

La transición energética se ha medido, en los últimos años, a partir de la potencia instalada principalmente. Este despliegue era imprescindible y ha permitido a España producir ya más de la mitad de su electricidad a partir del sol, el viento y el agua.

Sin embargo, esa progresiva incorporación de potencia renovable no garantiza por sí sola que toda esa energía pueda ser aprovechada.

Tras este gran avance, nuestro país debe ahora abrir una segunda etapa, quizá menos visible, pero igual de importante que la anterior. Una etapa centrada en integrar esa electricidad dentro del sistema y convertirla en un consumo útil para el conjunto de la economía.

Buena parte de la generación renovable se concentra lejos de los principales núcleos industriales, empresariales y urbanos, por lo que necesita una red capaz de transportarla hasta los lugares donde se encuentra la demanda.

Cuando esa red está saturada, un parque fotovoltaico puede verse obligado a reducir su producción mientras, a cientos de kilómetros, una empresa no dispone de la potencia necesaria para ampliar sus instalaciones.

Esa misma saturación puede impedir que compañías con elevadas necesidades de potencia se instalen en determinados territorios, incluso cuando estos disponen de abundantes recursos renovables. Dos caras de la misma moneda.

Junto con el desarrollo de las redes eléctricas, el almacenamiento constituye otra de las grandes dimensiones pendientes de la transición energética. La producción renovable y el consumo no siempre coinciden en el tiempo.

La energía solar alcanza sus máximos durante las horas centrales del día, mientras que una parte importante de la demanda se concentra en torno al final de la tarde, justo cuando la generación comienza a descender. Si las redes permiten trasladar la energía de un lugar a otro, las baterías permiten trasladarla de una franja horaria a otra.

Esta posibilidad resulta especialmente interesante para todas aquellas empresas que cuenten con instalaciones de autoconsumo. En 2025 se dejaron sin aprovechar 2.100 GWh procedentes de este tipo de generación por falta de almacenamiento, limitaciones en la red o restricciones técnicas.

Un volumen valorado en 82 millones de euros, según los datos presentados por APPA Renovables en su último congreso de autoconsumo. Las baterías facilitan aprovechar esos excedentes de producción para consumirlos, por ejemplo, durante las horas de mayor precio.

El despliegue de las redes eléctricas y el almacenamiento deben avanzar, a su vez, junto con la electrificación de la economía. Buena parte del transporte y la industria, por ejemplo, continúan dependiendo de combustibles como el petróleo y el gas.

Sustituirlos progresivamente por electricidad permitiría dar salida a una mayor cantidad de generación eléctrica renovable, reduciendo considerablemente la dependencia energética del exterior.

No se trata de consumir más de manera indiscriminada para aprovechar la energía que se está tirando a la basura. Se trata de incorporar nuevos usos eléctricos con planificación, eficiencia y capacidad de almacenamiento.

España ha recorrido con éxito la primera etapa de la transición energética. Ahora debe completar la infraestructura que le permita aprovechar todo lo construido hasta ahora.

Solo entonces, los megavatios renovables instalados dejarán de ser únicamente una cifra de capacidad y se convertirán plenamente en ahorro, inversión y competitividad para las empresas.

***Abel Martin, fundador y CEO de Evoluz.