Panel de la bolsa de Madrid.
Los mercados europeos de renta variable atraviesan un periodo de notable fortaleza. Tras los avances registrados en los últimos meses, los principales índices se mantienen cerca de máximos históricos y la actividad en los mercados de capitales continúa siendo elevada.
En el mercado primario, sin embargo, esa fortaleza se está manifestando de forma muy diferente según el tipo de operación.
Las colocaciones aceleradas de acciones, los llamados accelerated bookbuilds o ABBs, han registrado una actividad especialmente intensa, con el mercado capaz de absorber operaciones de gran tamaño en plazos muy reducidos. El número de IPOs, en cambio, sigue siendo comparativamente limitado y los inversores se muestran mucho más selectivos ante nuevos emisores.
Ese contraste plantea una pregunta interesante: ¿cómo puede el mercado absorber cientos de millones de euros en acciones de una compañía en apenas unas horas y necesitar semanas o meses para construir suficiente demanda en torno a un IPO?
Parte de la respuesta está precisamente en el distinto perfil de riesgo de ambas operaciones. Un IPO obliga al inversor a tomar una decisión con más incógnitas y menos referencias contrastadas, lo que eleva la incertidumbre y, con ella, el riesgo percibido.
Existe un precio observable, un histórico de cotización, resultados publicados, cobertura de analistas y referencias claras sobre la liquidez de la acción
Algunos inversores pueden ser estructuralmente más cautos ante este tipo de operaciones; otros estarán dispuestos a asumir ese riesgo, pero exigirán mayor convicción o una valoración que les compense por hacerlo. La clave está, por tanto, en entender de dónde procede esa incertidumbre adicional.
En una compañía ya cotizada, gran parte de ese trabajo está hecho. Existe un precio observable, un histórico de cotización, resultados publicados, cobertura de analistas y referencias claras sobre la liquidez de la acción. El mercado conoce la estrategia, ha tenido oportunidad de evaluar al equipo directivo a lo largo del tiempo y dispone de una base común de información sobre la que formarse una opinión.
Eso no significa que participar en un ABB sea una decisión automática. El inversor tendrá que valorar el descuento ofrecido, el tamaño de la operación, la posible presión sobre la cotización o sus propias expectativas sobre la compañía. Pero todas esas decisiones se toman alrededor de una referencia que ya existe.
En un IPO, el punto de partida es muy diferente. El inversor debe construir prácticamente desde cero una opinión sobre el negocio, su posición competitiva, el equipo directivo y las perspectivas financieras. Debe entender el equity story, decidir qué compañías cotizadas constituyen los comparables adecuados y determinar qué valoración está dispuesto a pagar.
Pero, además, tiene que anticipar elementos que todavía no puede observar: qué liquidez tendrá la acción, cómo evolucionará la base accionarial o cómo puede comportarse la compañía una vez que empiece a cotizar.
Esa diferencia ayuda a entender las dos velocidades que observamos actualmente en el mercado. Un mismo inversor puede comprometer capital con enorme rapidez en una colocación de una compañía que conoce bien y, al mismo tiempo, necesitar mucho más análisis, interacción con el equipo directivo y hacer un profundo price discovery antes de participar en un nuevo IPO.
Por eso resulta cada vez menos útil describir el mercado de IPOs simplemente como “abierto” o “cerrado”. La elevada actividad en bloques y operaciones posteriores a la salida a bolsa muestra que existe capital dispuesto a asumir exposición a renta variable.
Lo que cambia es el nivel de convicción necesario para movilizarlo. Y esa distinción ofrece una lectura constructiva para las compañías que estén considerando una futura salida a bolsa.
Si una parte importante de la diferencia entre un ABB y un IPO reside en la familiaridad y en la información disponible, la preparación de un potencial emisor consiste, en buena medida, en reducir con antelación el número de preguntas que el mercado tendrá que resolver durante la operación.
Eso requiere algo más que preparar el proceso cuando se aproxima la fecha de salida. Un equity story claro y creíble, un historial financiero que permita entender la evolución del negocio, indicadores relevantes y consistentes, un equipo directivo preparado para explicar la estrategia y unas expectativas de valoración alineadas con el mercado contribuyen a construir esa confianza.
También importan la estructura accionarial, el tamaño del free float y la capacidad de generar suficiente liquidez una vez iniciada la cotización.
No se trata de eliminar la incertidumbre. Ningún emisor puede hacerlo. Se trata de distinguir entre aquella que es inherente a cualquier inversión y aquella que puede reducirse mediante preparación, información y tiempo.
En última instancia, probablemente esa sea la mejor explicación de las dos velocidades del mercado primario de equity actual. Cuando los inversores conocen el activo y disponen de una referencia de valoración, el capital puede movilizarse extraordinariamente rápido.
Cuando se enfrentan a una compañía nueva, necesitan construir primero esa referencia y esa convicción.
Para una compañía que contemple un IPO, la conclusión no es que deba esperar a que aparezca una hipotética “ventana” perfecta de mercado. Es que buena parte del trabajo necesario para aprovecharla cuando aparezca puede (y debe) hacerse mucho antes.
***José Manuel Gómez-Borrero es responsable de Equity Capital Markets (ECM) en BBVA Corporate & Investment Banking a nivel global.