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A estas alturas, en los mercados todo el mundo conoce el acrónimo FOMO (fear of missing out). Se creó para definir las subidas bursátiles cuyo motor no son datos económicos o financieros concretos, sino simplemente las compras que realizan quienes tienen miedo de perderse la subida en vigor.
Lo que no existía es una expresión para explicar por qué, pese a todas las malas noticias que se publican últimamente, los grandes índices bursátiles se mantienen relativamente cerca de sus máximos históricos.
A muchos les causa sorpresa que, con la inflación en el EEUU en el 3,4%, avisos constantes sobre una (supuesta) burbuja de la IA y una significativa subida de los tipos de interés de los bonos de largo plazo, el índice MSCI World está a solo un 2 % de sus máximos históricos. Y el SP 500 más o menos igual.
El problema es el que venimos explicando desde hace mucho tiempo: en este mundo virtual, quienes publican post o suben vídeos ganan o generan seguidores en función de las visualizaciones.
En el caso concreto de los vídeos, ganan dinero cuando se “monetizan”. Y eso ocurre cuando la gente los abre.
En el caso del S&P 500, que es el índice más importante del mundo, la comparativa de los ingresos publicados en el último trimestre con los de hace un año es de un 52% superior en el trimestre más reciente
Y lo que hace que la gente abra los vídeos es publicar malas noticias. El viejo truco de los medios tradicionales: “no dejes que una buena noticia te arruine un gran titular”. Está comprobado psicológica, sociológica y estadísticamente.
Por el contrario, un analista como Ed Yardeni, que no se dedica a vender vídeos, pero que ha acertado mucho más en sus predicciones, tiene un altavoz mucho menor. Porque no habla del Armagedón financiero, sino de cosas como los beneficios empresariales.
Y tiene la “extraña” opinión de que, al final, en bolsa lo que cotizan son los beneficios de las empresas.
Una opinión desfasada donde las haya, pero con la que coincidimos y nos ha permitido aprovechar la subida bursátil de los últimos 12 meses (por ejemplo del 20 % en el caso del MSCI World). La que se han perdido quienes seguían los consejos de los que les decían que no invirtieran por la supuesta crisis y la supuesta burbuja.
En un intento deliciosamente boomer de llamar la atención, Yardeni ha creado con cierto sentido del humor el acrónimo FEMO (fabulous earnings momentum), haciendo referencia a los fabulosos beneficios que están teniendo las compañías cotizadas.
Lo de “fabulosos” no es una exageración. Es literal. En el caso del S&P 500, que es el índice más importante del mundo, la comparativa de los ingresos publicados en el último trimestre con los de hace un año es de un 52% superior en el trimestre más reciente. Solo se han visto incrementos así en recuperaciones post crisis o salidas de recesiones profundas (donde lógicamente hay un efecto rebote).
Si eliminamos esos casos, estaríamos ante un incremento histórico de los beneficios empresariales. Y esto no es de ahora: lleva ocurriendo todos los trimestres desde hace tiempo. De ahí que Yardeni hable de inercia (momentum).
Además, se mantiene la tendencia en cuanto a que la mayoría de los resultados publicados salen mejor de lo que esperaban los analistas. Concretamente, en el 80% de los casos resultan mejores de lo esperado. Y eso tampoco es habitual.
Pero los influencers que dominan actualmente la opinión pública solo se fijan en las variables negativas de la ecuación y se olvidan de los beneficios empresariales.
También se olvidan de que, históricamente, las empresas pueden ganar mucho dinero con una inflación del 3,4%, sobre todo cuando la inflación subyacente - que a la larga es la más importante - está en el 2,4% (a solo cuatro décimas del objetivo ideal de la Reserva Federal de los EE.UU.).
Respecto a la subida de los tipos de interés de los bonos, qué duda cabe que hay un punto en el cual pedir dinero prestado para los negocios puede resultar demasiado caro y, si siguen subiendo los tipos de los bonos de largo plazo, sin duda será así.
Pero cuando tienes empresas con un margen operativo del 40% o incluso del 70%, el hecho tener que pedir prestado al 5% o al 6% no es una tragedia. Todo depende de la rentabilidad esperada del negocio.
Alguien dirá, con razón, que no está garantizado que ese ritmo de crecimiento de los beneficios empresariales pueda mantenerse. Y es posible que no se mantenga.
Pero en los mercados son más importantes los datos que los relatos y, a día de hoy, el crecimiento de los beneficios empresariales es el que es y no tiene ningún aspecto de aflojar. Al menos de momento.
Evidentemente, si Trump no sale del avispero iraní, el 3,4% de inflación general se trasladará a la subyacente y eso ya es otro escenario, uno que ni siquiera un mercado con tendencia alcista puede ignorar. Un shock energético se puede asumir durante unos meses, pero si se convierten en algo estructural acabará afectando a los beneficios empresariales y podría situar los costes de financiación a niveles inadmisibles.
Eso sin duda es así. Pero de momento no es el caso y los datos – y los resultados de las bolsas - dan la razón a Yardeni (y a los que hemos apostado por la renta variable).
***Víctor Alvargonzález es socio fundador de la empresa de asesoramiento financiero independiente Nextep Finance.