Ceuta.
La aduana comercial de Ceuta se inauguró con fotografía, discurso y esperanza. Desde entonces ha movido sobre todo arena y grava para la construcción, con alguna exportación testimonial.
Tiene el mérito raro de haber convertido los áridos en símbolo diplomático. La noche del 30 al 31 de julio, esa misma frontera movió unas 70.000 personas hacia una ciudad de 84.000 habitantes, según el Ministerio del Interior.
Por allí no pasan camiones, pero pasó más de media Ceuta en una madrugada. Conviene entender qué dice eso de la economía ceutí.
Los balances de aquellos días son confusos y dolorosos. Interior cifró en unas 72.000 las entradas irregulares de los últimos días de julio y en unas 70.000 los retornos a Marruecos.
La Delegación del Gobierno contabilizó 72 fallecidos y el Gobierno de la ciudad elevó la cifra a 88, casi todos ahogados al bordear el espigón del Tarajal. Digámoslo una vez y sin adjetivos, porque ninguna estadística lo compensa.
España y la Unión Europea han delegado buena parte del control del flujo migratorio en Marruecos a cambio de contrapartidas
Lo que queda después es una economía. Ceuta tiene la tasa de actividad más alta de España y una tasa de paro por encima del 20%, frente al 9,87% nacional (EPA del segundo trimestre de 2026, INE).
Casi todo el empleo es de servicios y buena parte depende del sector público y del puerto. Su única ventaja comparativa genuina es ser frontera. Y la frontera, por lo que parece, la administra el vecino.
El concepto que ordena todo esto es, de nuevo, el riesgo moral. España y la Unión Europea han delegado buena parte del control del flujo migratorio en Marruecos a cambio de contrapartidas: fondos, cooperación policial, silencios diplomáticos. Es un contrato de agencia clásico, con el problema clásico.
El principal no observa el esfuerzo del agente, solo el resultado, y ese resultado depende de una vigilancia que está por entero en manos del agente.
En contratos así, el valor de lo contratado es proporcional al daño visible de no prestarlo. Quien cobra por contener tiene un incentivo estable a recordar, cada cierto tiempo, cuánto vale la contención.
Los beneficios de la relación con Marruecos se cobran en Madrid y en Bruselas, en forma de estabilidad y cooperación
No hace falta atribuir intenciones a nadie para ver el mecanismo, porque cualquier agente en esa posición afrontaría los mismos incentivos. Rabat reconoció después que el éxodo no había sido espontáneo y lo atribuyó a las mafias.
Madrid habló de violación de la integridad territorial. Las dos versiones coinciden en lo esencial y es que parece que el grifo existe y no lo abre España.
La factura no es la de los días de crisis, que pasan, sino la prima de riesgo que queda instalada. La incertidumbre es un impuesto que no figura en ningún presupuesto y que se paga en inversión no realizada. La aduana comercial vuelve a estar suspendida hasta mediados de septiembre.
La licitación pública cayó un 62% en el primer trimestre respecto al mismo periodo de 2025, según la patronal ceutí. Estados Unidos ha elevado a nivel 3 su recomendación de viaje. Todo ello golpea justo lo que Ceuta vende que no es más que comercio, servicios y visitantes.
Hay además una lección incómoda sobre los incentivos en el margen. Desde que en enero se anunció la regularización extraordinaria, las llegadas irregulares a Ceuta pasaron de una media de 176 al mes entre 2022 y 2025 a unas 404 mensuales en 2026, mientras descendían en Canarias, en Melilla y en la Península.
Correlación no es causalidad y conviene no forzarla. Pero toda medida que altera las expectativas de quien decide cruzar es, lo pretenda o no, política migratoria.
Smith dedicó La riqueza de las naciones a demostrar las ventajas del intercambio libre y, aun así, defendió las Actas de Navegación con un argumento que hoy suena áspero y es que la defensa importa mucho más que la opulencia. No era una traición al comercio, sino su condición previa.
El mercado necesita un marco que nadie pueda mover a voluntad. Un contrato que la otra parte reescribe cuando le conviene no es un contrato, es una posición negociadora.
Y una frontera que otros abren y cierran no es una frontera, es una palanca. La geografía no se negocia, pero el reparto de sus costes sí. Los beneficios de la relación con Marruecos se cobran en Madrid y en Bruselas, en forma de estabilidad y cooperación. Los costes se pagan en veinte kilómetros cuadrados.
Ceuta no necesita compasión ni planes extraordinarios anunciados en agosto. Necesita algo más difícil como es la previsibilidad. Que la aduana opere los doce meses del año, que su régimen fiscal deje de revisarse cada legislatura, que invertir allí no dependa del humor del vecino.
Ninguna ciudad prospera con una economía cuyo principal activo es también su principal rehén.
*** Fernando Pinto es profesor titular de Economía Aplicada de la URJC.