Un trabajador de la construcción en Valladolid. Efe
Los últimos datos de la Encuesta de Población Activa apuntan a factores de continuidad, pero también de ruptura. Entre los primeros, destacan las grandes cifras de creación de empleo, con un incremento del empleo de 486.000 personas en términos anuales, lo que propulsa el número de ocupados hasta 22,7 millones.
La tasa de paro vuelve a situarse por debajo de la barrera psicológica del 10%. Todo ello pese a las turbulencias generadas por la guerra en Oriente Medio.
También prosigue la ola migratoria, que explica en buena parte la ganancia de población activa, que en los últimos doce meses se ha incrementado en 452.400 personas, en un trimestre que ha estado marcado, además, por el proceso de regularización extraordinaria aprobado por el Gobierno: el crecimiento del empleo entre los foráneos es del 6,8%, muy superior al de los españoles (1,3%).
Sobre todo, son los jóvenes inmigrantes los que impulsan la tasa de actividad entre extranjeros, 13 puntos por encima de la española, con el 70% en disposición de trabajar. Entre los inmigrantes varones, la tendencia al alza del empleo en el último sexenio es relativamente clara en los nacidos en un país europeo distinto de España, y también lo es, en el último trienio, en los nacidos en América.
Ambos orígenes presentan tasas de ocupación superiores a la de los autóctonos. La excepción es la de los inmigrantes con origen africano, que creció casi diez puntos en 2022 pero permanece estable desde entonces, en niveles inferiores a los del resto de orígenes.
Entre los sectores que más crecieron destacan el de actividades profesionales, científicas y técnicas
La principal inflexión procede de los servicios de alto valor añadido y los empleos intensivos en conocimiento tecnológico y científico, que emergen como uno de los principales motores de transformación en el mercado laboral español en 2026.
El sólido avance de las actividades profesionales y tecnológicas ha más que compensado el retroceso estacional en las actividades postales y de mensajería.
También se detecta señales de la revolución tecnológica en marcha, en sus dos facetas: tecnología versus logística y administración. Los perfiles vinculados a los servicios intensivos en conocimiento y tecnología avanzada—que abarcan desde las telecomunicaciones, la programación y la consultoría informática hasta la inteligencia artificial y la ciencia del dato—registran fuertes subidas de ocupación.
Esto es especialmente visible en comunidades con ecosistemas digitales potentes, como la Comunidad de Madrid, donde el empleo ha crecido con mucha fuerza entre las personas con estudios universitarios.
Entre los sectores que más crecieron destacan el de actividades profesionales, científicas y técnicas (sumó 39.000 nuevos ocupados respecto al primer trimestre del año), alcanzando un total de 1.344.100 trabajadores y consolidándose como un pilar estratégico de cualificación.
La digitalización se está consolidando como uno de los principales motores de la transformación del crecimiento económico en España
El segmento que incluye programación, consultoría informática y servicios de información sumó 3.000 ocupados más en el trimestre, registrando un potente incremento interanual del 6,3% respecto a 2025.
Por último, las actividades financieras y de seguros sumaron 3.200 ocupados en estos tres meses, alcanzando un volumen total de 514.100 profesionales en España.
A la inversa, las tareas administrativas más básicas y de soporte empiezan a acusar el impacto de la automatización y las herramientas de inteligencia artificial. Asimismo, esa automatización afecta al empleo del sector de transporte y almacenamiento.
A mediados de 2026, las plantillas de logística adelgazaron un 1,9% interanual debido principalmente a una pérdida de casi 25.000 ocupados en las actividades postales y de mensajería. Este desplome en la mensajería y logística lastró al sector global de transporte y almacenamiento, que destruyó 7.000 empleos directos en el segundo trimestre.
En suma, la digitalización se está consolidado como uno de los principales motores de la transformación del crecimiento económico en España. La incorporación de las nuevas tecnologías permite a las empresas desarrollar nuevos productos y modelos de negocio y suele ir acompañada de mayor inversión en activos intangibles que refuerzan la capacidad competitiva de las empresas.
Esos cambios favorecen una mejor asignación de recursos, el aprovechamiento de economías de escala y de red, y la mejora de la productividad. La digitalización mejora los resultados empresariales e impulsa el dinamismo del tejido productivo.
Ahora bien, la economía española aún presenta un retraso en digitalización respecto a Europa: los sectores de alta intensidad digital -principalmente, los servicios de información y comunicaciones, la fabricación de material de transporte, las actividades jurídicas y contables, la investigación y el desarrollo- aportan el 21,2% del producto interior bruto (PIB) (frente al 24,3% de la UE-27), mientras que los de baja digitalización tienen un peso muy superior al europeo (37,9% frente al 31,5%).
Son los sectores de alta digitalización los que registran un mayor dinamismo empresarial y una mayor creación de empleo. En 2025 concentraban el 20,4% de los ocupados, 1,6 puntos más que en 2013.
Ese mayor dinamismo de los sectores más digitalizados se apoya, entre otras cosas, en una mayor presencia de las llamadas “empresas de rápido crecimiento” o empresas gacela.
El reto está en potenciar ese tipo de empresas, que aún representan una proporción reducida del tejido productivo, pero que concentran una parte muy significativa de la creación de empleo porque crecen rápido. Ese es el camino para que la economía española aproveche plenamente el potencial de la transformación tecnológica sobre el crecimiento.
*** Mónica Melle Hernández es profesora de Economía de la UCM.