Trenes de Ouigo, Renfe e Iryo.jpg

Trenes de Ouigo, Renfe e Iryo.jpg Europa Press.

Opinión

El tren es Marca España y ahora toca que llegue a todos

Pedro García
Publicada

Surcar la península ibérica en alta velocidad ya no es una excepción, es una seña de identidad consolidada en tres décadas. En 2025, la red española de alta velocidad transportó 43,78 millones de viajeros, un récord histórico que refleja hasta qué punto el tren se ha convertido en la opción preferente de millones de ciudadanos.

Sin embargo, el éxito de este modelo no reside solo en la infraestructura física. España se encuentra hoy en un punto de inflexión donde lo físico debe dar paso a una infraestructura digital que garantice que la liberalización llegue realmente al bolsillo y a la tranquilidad del viajero.

Y para lograr este objetivo, la implantación de los agregadores en nuestro país ha resultado clave: se han convertido en actores indispensables para que la competencia sea una realidad que el ciudadano percibe y disfruta.

España ha conseguido algo que parecía poco probable cuando en 1992 se inauguró la línea Madrid-Sevilla: convertir el tren en una opción preferente, competitiva y asumida socialmente.

"A pesar de los incidentes sufridos por el sector a principios de año, la relación de los españoles con el ferrocarril continúa siendo sólida"

A pesar de los incidentes sufridos por el sector a principios de año, la relación de los españoles con el ferrocarril continúa siendo sólida.

Lo confirman los datos: el tren representa ya el 56,5% del reparto modal frente al avión en los desplazamientos de larga distancia, más de cinco puntos por encima de lo que suponía hace apenas unos años.

Cuando comenzó esta aventura ferroviaria, el tren no solo cambió la vida de muchas personas, sino que permitió un salto tecnológico y cultural. Este modo de viajar se fue democratizando con el paso de los años, dando acceso a trenes ultramodernos y rápidos a nuevos perfiles de viajero: familias, turistas, jóvenes estudiantes. Un espectro que se ha ampliado de forma exponencial con la apertura del mercado.

Cinco años después del inicio de la liberalización, los números son elocuentes. El tren ha ganado 4,8 millones de usuarios que antes viajaban por carretera o en avión, según datos de la CNMC.

Los precios han caído de forma generalizada en toda la geografía ferroviaria: Madrid-Málaga acumula una bajada del 52% respecto a 2019, Madrid-Barcelona del 44%, Madrid-Sevilla del 38%.

"La apertura multiplicó la oferta, tensionó los precios a la baja y disparó la demanda hasta cifras récord"

La apertura multiplicó la oferta, tensionó los precios a la baja y disparó la demanda hasta cifras récord que consolidan al tren como una opción más atractiva y sostenible que el avión, el autobús o el automóvil. Con la llegada de la competencia a las vías, el mercado se vuelve más dinámico, aumentan las frecuencias y bajan los precios.

Ante este panorama surge un reto nuevo: hacer visible y accesible toda la oferta de los operadores. Ningún operador puede resolver esto por sí solo.

Cada compañía tiene un incentivo estructural para priorizar sus propios billetes. Solo una plataforma genuinamente independiente puede mostrar toda la oferta de forma neutral, y es precisamente esa neutralidad la que convierte a viajeros indecisos en pasajeros de tren.

Aquí es donde las plataformas independientes cobran una trascendencia estructural. Hoy, dos de cada diez billetes de tren en España, el 22%, según la CNMC, se adquieren a través de plataformas como Trainline.

No se trata solo de comodidad: sin una distribución transparente y abierta, la liberalización de las vías no llega realmente al bolsillo del ciudadano. Los datos lo confirman: los viajes gestionados por plataformas independientes generan un 18% de demanda incremental, pasajeros que sin ese acceso comparativo no habrían elegido el tren.

"Lo que construye la confianza del viajero es poder comparar, decidir con información completa y anticipar lo que va a ocurrir antes de subir al tren"

Lo que construye la confianza del viajero es poder comparar, decidir con información completa y anticipar lo que va a ocurrir antes de subir al tren. La claridad y la transparencia no son valores añadidos: son la condición para que la competencia funcione de verdad.

A ello se suma, por supuesto, la inversión en infraestructuras, la puntualidad y la velocidad. Todo forma parte de un mismo ecosistema que estrecha la relación entre el usuario y el ferrocarril.

El modelo español no es un caso aislado, sino una referencia para Europa. Los mercados ferroviarios europeos evolucionan a distintas velocidades, pero la dirección es la misma: allá donde se ha introducido la competencia, los resultados han sido positivos para el viajero.

Francia abrió su mercado en diciembre de 2021: en el corredor París-Lyon, los precios han caído un 43% y las reservas han aumentado un 334%.

Italia, con una apertura más temprana, ofrece el ejemplo más maduro: en la ruta Roma-Milán, el tren ha pasado de una cuota modal del 36% al 75%, con precios de media un 40% más bajos.

"España, que inició su apertura antes que muchos de sus vecinos, puede erigirse como el caso de éxito que Europa necesita"

España, que inició su apertura antes que muchos de sus vecinos, puede erigirse como el caso de éxito que Europa necesita: no solo por sus infraestructuras o sus kilómetros de vías, sino por la combinación de apertura del mercado, competencia real entre operadores y acceso a plataformas de distribución independientes.

Este liderazgo tiene además un retorno tangible: genera empleo de alto valor en ingeniería y tecnología, refuerza una industria manufacturera de referencia mundial y proyecta a España como un actor con voz propia en el diseño del futuro ferroviario europeo.

Situar al viajero en el centro supone entender que un viaje comienza con la libertad de poder comparar y decidir. Que la confianza se construye con información clara, precios transparentes y acceso real a toda la oferta disponible.

España ha demostrado que la liberalización funciona cuando es completa: cuando llega no solo a las vías, sino también a la pantalla del viajero. Porque la confianza va de la mano de la calidad. Y esta comienza mucho antes de subir al tren.

*** Pedro García es General Manager de Trainline en Europa