Abelardo de la Espriella, presidente electo de Colombia
Hay un fenómeno que el capital global ya ha procesado y que los grandes actores industriales históricos todavía no han traducido en decisiones: en los ciclos de transición política, la ventaja del que ya está no se hereda.
Se compite. Colombia, el 7 de agosto, es el primer lugar del mundo donde eso se puede medir en tiempo real, con datos, nombres y fechas.
En algún momento entre 2008 y 2015, las grandes empresas españolas tomaron una decisión que nadie formuló como decisión: dejar de construir posición en América Del Sur y empezar a gestionarla. Era comprensible.
España nunca ha tenido más activos en América del Sur que ahora
La crisis financiera en casa exigía atención, los mercados de la región mostraban turbulencias, y la posición ya construida (liderazgo en banca, energía, telecomunicaciones e infraestructuras en los mercados más grandes del continente) generaba retornos suficientes para no forzar el debate.
Lo que no se calculó es que esa transición, de construir a gestionar, coincidió exactamente con el momento en que el resto del capital global empezaba a descubrir América del Sur.
Un mapa que cambia mientras nadie mira
El capital privado internacional de los últimos diez años no se parece al de la década anterior.
Los fondos de infraestructuras anglosajones, los vehículos de inversión soberana del Golfo y los gestores institucionales asiáticos han construido capacidades de análisis político y riesgo regulatorio, que hace quince años eran exclusividad de las firmas con presencia directa en los países.
Han aprendido a moverse en ventanas cortas de transición. Han desarrollado tolerancias al riesgo que los actores industriales clásicos (sujetos a ciclos de aprobación interna más lentos) no pueden igualar en velocidad.
El resultado no es anecdótico. En 2025, los fondos de capital privado desplegaron un récord histórico de 46.400 millones de dólares en América del Sur.
España es el segundo mayor inversor extranjero en Colombia, solo por detrás de Estados Unidos
El MSCI Latinoamérica rindió un 56% ese año, con un 15% adicional en el primer trimestre de 2026.
Colombia firmó su adhesión a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China en mayo de 2025, incorporándose como uno de los últimos grandes mercados latinoamericanos al marco de inversión estratégica de Pekín.
El capital global (anglosajón, del Golfo, asiático) lleva dos años construyendo posición activa en mercados que las empresas españolas llevan dos décadas gestionando como propios.
La paradoja es que España nunca ha tenido más activos en América del Sur que ahora. Y nunca ha estado menos presente en el diseño del próximo ciclo.
Argentina fue el ensayo. Colombia es el estreno
Lo confirmaba el patrón de consultas que llegaban a nuestro despacho a finales de 2024: los primeros en preguntar por Argentina no eran los consejos de administración con décadas de presencia allí, sino fondos que nunca habían operado en el país.
Cuando Javier Milei ganó en Argentina en 2023, el mundo corporativo lo interpretó como el regreso del mercado.
Las multinacionales que llevaban años gestionando exposición en el país (españolas, europeas, norteamericanas)asumieron que el ciclo favorable les devolvería automáticamente la posición privilegiada que habían sostenido durante décadas.
No ocurrió así. A pesar del gobierno más pro-mercado de Argentina en décadas, los flujos de inversión extranjera directa terminaron 2025 con saldo neto negativo, por primera vez desde 2003.
Los primeros en construir posición no fueron las multinacionales industriales históricas, sino los operadores de recursos naturales y los fondos de capital privado que no tenían historia que defender, ni inercia institucional que superar.
Las empresas con décadas de presencia llegaron después, cuando los activos más estratégicos ya tenían dueño.
El patrón no es argentino sino sistémico. En los ciclos de apertura post-populismo, el capital financiero llega antes que el capital industrial.
Y quien llega antes, no solo accede a los activos más atractivos, también construye las relaciones institucionales que los incumbentes históricos asumían como propias por antigüedad.
Colombia replica ese patrón el 7 de agosto, con una diferencia que lo hace más revelador.
Aquí el incumbente histórico es España, y la posición construida es real, profunda y (todavía) difícil de replicar.
España es el segundo mayor inversor extranjero en Colombia, solo por detrás de Estados Unidos.
En los cuatro años del gobierno Petro, el número de empresas españolas presentes creció de 800 a más de 1.000. La presencia no se contrajo, se consolidó en modo defensivo. Por eso el problema no es la presencia, sino lo que se hace con ella cuando el tablero cambia.
Cuál es ese tablero desde el 7 de agosto
Abelardo De la Espriella llega a la presidencia con tres elementos que redefinen quiénes serán los interlocutores privilegiados del nuevo ciclo colombiano.
Colombia es un mercado que JPA conoce desde hace años. Lo que observamos ahora es cualitativamente distinto a cualquier transición anterior: la velocidad con que el nuevo gobierno está cerrando su agenda de interlocutores no tiene precedente reciente.
El primero es geopolítico: ganó con el respaldo explícito de Donald Trump y el día de su toma de posesión Colombia se incorpora al "Escudo de las Américas", el marco de seguridad regional liderado por Washington.
Eso orienta los flujos institucionales y los marcos regulatorios hacia el capital anglosajón, con una claridad que no existía bajo Petro.
El segundo es económico: su vicepresidente José Manuel Restrepo (ex ministro de Hacienda) ya se ha reunido con la OCDE y con la banca multilateral, comprometiendo estabilidad regulatoria y disciplina fiscal.
El déficit público, situado entre el 7% y el 8% del PIB, requiere refinanciación urgente con los mercados internacionales. El gobierno que llega necesita capital rápido y socios creíbles, no puede esperar a los que esperan.
El tercero es de mercado: JPMorgan ha desarrollado una tesis de inversión específica sobre Colombia articulada en cinco ejes. El capital anglosajón no está analizando, sino posicionándose.
En ese contexto, la pregunta que nadie está haciendo en Madrid es la más importante de todas: ¿en qué categoría tiene el nuevo gobierno colombiano a las empresas españolas? ¿Son socios estratégicos del nuevo ciclo, o son los actores del ciclo anterior, que gestionaron bien la tormenta, y ahora esperan que el sol vuelva a salir solo?
La diferencia entre las dos categorías no la decide la historia. La decide lo que ocurra antes de que termine este año.
Lo que Colombia revelará sobre América del Sur
Si en los próximos doce meses los actores industriales históricos llegan a Colombia con estrategias activas de relanzamiento (antes de que el nuevo gobierno haya cerrado su arquitectura de alianzas), el patrón confirma que la ventaja del incumbente funciona cuando se activa.
Que décadas de presencia, conocimiento institucional y redes de confianza son una barrera real, frente al capital que llega sin historia.
Si llegan tarde (después de que las primeras concesiones energéticas, las subastas de infraestructura y los contratos de largo plazo hayan encontrado contrapartes), Colombia no será solo un mercado mal gestionado.
Será el primer caso documentado en tiempo real, de que la ventaja española en América del Sur no es estructural. Que es contestable. Y que otros actores han aprendido a contestarla con más velocidad y menos inercia.
Este resultado importa mucho más allá de Bogotá. Y debería importar a cualquier institución global que gestione exposición en mercados emergentes, y quiera entender si el modelo de ventaja histórica sigue siendo válido en el nuevo ciclo de capital.
La pregunta que Colombia obliga a responder
No es "¿es este un buen momento para invertir en Colombia?".
Esa pregunta ya la están respondiendo los fondos. JPMorgan tiene su tesis. El capital del Golfo está posicionado. Washington está diseñando los marcos de alianza con el nuevo gobierno.
La pregunta estratégicamente relevante (la que ningún analista de mercado está haciendo porque no es su trabajo hacerla) es:
¿Ha actualizado la organización su tesis de análisis político al mismo ritmo que los mercados han actualizado sus precios? ¿O sigue operando con el mapa de 2022 en un tablero que ya es de 2026?
Y Colombia solo va a hacer eso visible antes de que acabe el año. No es la primera vez que un mercado latinoamericano actúa como espejo para quien cree que la historia es una ventaja permanente.
La diferencia es que esta vez, el espejo está encendido, el capital global está mirando, y el resultado va a quedar documentado en tiempo real.
***Jose Parejo es CEO y fundador de Jose Parejo & Associates (JPA), firma de inteligencia estratégica que asesora a consejos de administración e instituciones en análisis geopolítico aplicado, riesgo político y toma de decisiones en entornos de alta incertidumbre.