Acabó el curso y la EBAU y más de una vez, como profesor universitario hay padres que me preguntan: ¿Que grado universitario debe estudiar mi hijo?

La respuesta no es fácil. Pero si hay algunos criterios a tener en cuenta.

Hay veces que los hijos tienen una vocación clara. Les gusta una determinada materia científica. Incluso, como le pasa a un nieto mío de cinco años, le gustan la matemáticas. Otros aman la música o cualquier otro arte.

En esos casos la respuesta es fácil: que estudie lo que le gusta; para lo que tiene curiosidad y facilidad. Eso le hará ser más eficaz y, sobre todo más feliz.

Pero hay muchos casos en los que la vocación no está clara. A los 17/18 años la chica o chico no sabe exactamente a que quieren dedicar su futura vida profesional.

Los futuros profesionales deben escoger carreras de amplio espectro

En ese caso el consejo es más delicado. Se trata de mantener un abiertas las posibilidades para no cerrarse caminos futuros.

No cerrarse los caminos futuros significa mantener abiertas las posibilidades de hacer todo tipo de postgrados.

Por tanto los futuros profesionales deben escoger carreras de amplio espectro. Es decir, las de siempre, las clásicas.

Las de las ciencias naturales, sanitarias, ingenierías, ciencias sociales, juridicas, humanas o artísticas. Las que les den una formación de la cabeza amplia y estructurada.

¿Por qué? ¿Por qué no especializarse en temas muy técnicos que tengan una salida profesional rápida?

La necesidad de tener una mente cuya mejor competencia será la de aprender y querer hacerlo

Por varias razones. La primera es porque "las modas profesionales" pueden decaer y, de hecho, decaen.

Sobre todo, porque al albur de una burbuja de crecimiento crecen la oferta de profesionales y, eso, a la larga presiona sus salarios a la baja. Está pasando con algunos de los grados de moda.

Segundo, porque el profesional que empiece en sus años 20' a trabajar, debe pensar en que puede jubilarse más allá de los 70'.

En cincuenta años no sólo cambiará probablemente de trabajo, también de profesión. Incluso aunque su profesión mantenga su nombre la ejercerá de maneras muy distintas.

De ahí, la necesidad de tener una mente cuya mejor competencia será la de aprender y querer hacerlo. Por eso lo importante es la formación básica.

El tercer criterio a tener en cuenta es que, hoy en día, el grado es la puerta al postgrado (master, curso de especialización o doctorados). Postgrados necesarios para una inserción profesional inicial.

Con una aclaración: hay postgrados generalistas a los que se puede acceder desde muchos grados. Por ejemplo, los dedicados a la empresa; pero también pasa en muchas otras opciones.

Teniendo en cuenta que los llamados master habilitantes, en realidad son la extensión del grado.

En la conveniencia de no cerrarse el acceso a una amplia panoplia de postgrados hay dos condiciones necesarias: a) conocimiento suficiente en inglés (el idioma necesario para muchos estudios, en particular en el extranjero); b) no perder una cierta familiaridad con las matemáticas, necesaria para muchos estudios; aunque eso no exige que se tenga que estudiar una carrera de "ciencias" (como se suele decir).

En resumen, dado que el grado es sólo un primer peldaño en la carrera profesional, su importancia es relativa.

Lo importante es lo que el estudiante haga después del grado. Ahí los conocimientos ayudan, pero es la voluntad y el esfuerzo el que decide.

Se sabe que la correlación entre los resultados académicos y los éxitos profesionales es débil. Las "matriculas de honor" son una garantía para la carrera académica. Sin embargo, hay muchos casos en los que estudiantes mediocres han tenido un brillante desarrollo profesional.

Ese desarrollo depende de habilidades como la empatía, la capacidad de ejercer la influencia o el liderazgo, la imaginación, adaptación, aprendizaje... y, a todo ello, hay que añadir le tesón, el esfuerzo, la resiliencia ante las dificultades, ...

Es decir el carácter, las virtudes que modelan el temperamento de cada persona construyendo su personalidad.

De manera que si hay que elegir el grado, ya se sabe, a lo que se tenga vocación y sino, lo más fácil, lo más corto y lo que no cierre puertas. Eso sí, no descuidar la formación del carácter, el aprendizaje del inglés, y no olvidar del todo las matemáticas.

** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.