Aficionados de la Selección Española durante el partido del Mundial de fútbol 2026.
España y su diáspora: sin estrategia de país para ayudar a volver a 3,2 millones de españoles
Más de 3,2 millones de españoles viven hoy fuera de España. Hablamos de una cifra equivalente a casi el 6,5% de la población residente en el país, un porcentaje que debería bastar para situar a la diáspora y sus derechos en el centro del debate público.
Para entender mejor su dimensión, basta una comparación: Soria, la provincia menos poblada, ronda los 90.000 habitantes.
Dicho de otro modo, la ciudadanía española residente en el exterior equivale a más de 35 veces la población de esta provincia.
Si ese peso demográfico se reflejara en una circunscripción propia con representación proporcional, estaríamos hablando de 22 escaños en el Congreso. Pese a ello, España sigue sin contar con una política nacional que atienda sus necesidades y favorezca su retorno.
Existen programas autonómicos y medidas aisladas, pero no responden a la necesidad real de la diáspora. No hay una estrategia de país capaz de abordar de forma coordinada la vinculación, el reconocimiento de sus derechos y cuestiones relacionadas con su retorno como empleo, vivienda o fiscalidad entre otros.
Investigadores, sanitarios, ingenieros y profesionales altamente cualificados que estarían dispuestos a volver si existieran las condiciones adecuadas
La comparación con otros países resulta inevitable. Irlanda, país con una tradición migratoria como la española, lleva años tratando su relación con la diáspora como una auténtica política de Estado. Ha desarrollado estrategias específicas para ello y las ha dotado de estructura, continuidad institucional y recursos.
Ha entendido que es una cuestión estratégica para el país: una red de ciudadanía, talento, vínculos económicos y proyección internacional. La diferencia no está únicamente en los recursos, sino en saber que la relación con la diáspora forma parte del proyecto de país.
España, en cambio, ha abordado el retorno de forma intermitente. Pero la vinculación con la diáspora y su retorno afecta al empleo, a la economía, a la vivienda, a la educación, a la cultura y al reto demográfico.
En un país que envejece, que afronta problemas para cubrir determinados puestos y que compite con otras economías por atraer talento, facilitar el regreso es una decisión estratégica. Y como tal, exige planificación y liderazgo político.
Conviene recordar que no existe un único perfil de retornado. Hay quienes emigraron a partir de la crisis de 2008 y nunca encontraron el momento adecuado para regresar. Investigadores, sanitarios, ingenieros y profesionales altamente cualificados que estarían dispuestos a volver si existieran las condiciones adecuadas. Familias que quieren que sus hijos crezcan cerca de sus abuelos.
Miles de españoles toman cada año una de las decisiones más importantes de sus vidas sin contar con una administración capaz de acompañarlos
Y hay también españoles nacidos fuera, descendientes de la emigración histórica, que quieren instalarse en España y desarrollar su vida donde lo hicieron sus padres, tíos y abuelos.
Incluso hay quien no se plantea regresar pero quiere mantener su vínculo con España. Pretender atender una realidad tan diversa mediante ayudas puntuales es insuficiente.
Por esa ausencia de una estrategia nacional, durante la última década ha sido la sociedad civil la que ha dado respuesta a esta situación. Una labor de acompañamiento a miles de personas en su retorno, de sensibilización y de colaboración con Administraciones Públicas en el desarrollo de planes específicos.
Que el sector privado haya asumido una función que en otros países lidera el sector público debería invitar a una reflexión colectiva.
No se trata de ayudar a quienes quieren regresar sino de entender que el retorno genera valor para toda la sociedad. Cada profesional que vuelve trae consigo experiencia, redes de contacto, idiomas y formas distintas de trabajar.
Cada familia contribuye al consumo, a la actividad económica y al mantenimiento de servicios públicos. Cada proyecto empresarial impulsado por un retornado supone una oportunidad de empleo e innovación. El retorno no es un coste sino una inversión.
España ya llegó a comprenderlo. Entre 2018 y 2020 se desarrolló el primer plan de retorno estatal, llamado Un país para volver e impulsado por el entonces Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social bajo el liderazgo de Magdalena Valerio.
Fue un primer intento de construir una estrategia nacional y de coordinar políticas dispersas. Sin embargo, tras un cambio de equipo a nivel ministerial, aquella iniciativa no tuvo continuidad. Las razones por las que pasó nunca se han explicado con claridad. El resultado, en cualquier caso, es evidente: España volvió a quedarse sin una estrategia nacional de retorno.
Mientras tanto, miles de españoles toman cada año una de las decisiones más importantes de sus vidas sin contar con una administración capaz de acompañarlos. Volver sigue siendo una carrera de obstáculos que depende más de la capacidad individual para resolver problemas que de la existencia de una política pública diseñada para facilitar el proceso.
España necesita una estrategia nacional de retorno con objetivos, presupuesto y coordinación entre los diferentes ministerios y territorios. Una estrategia transversal que aborde el retorno en toda su complejidad y que conecte con las necesidades reales de las personas.
Hagamos de nuestra diáspora nuestro orgullo, nuestra Marca España. Reconozcamos sus derechos y ayudémosles en su camino de vuelta a casa.
Porque lo necesitan y porque los necesitamos. Porque con más de 3 millones de españoles en el exterior, la pregunta no es si España puede permitirse una política nacional de retorno. Es cuánto tiempo más puede permitirse no tenerla.
Quizás, si esos 3,2 millones de españoles contaran con una representación política acorde a su peso demográfico, el retorno ocuparía un lugar muy distinto en la agenda política. Mientras eso no ocurra, España seguirá desaprovechando una oportunidad histórica de recuperar su talento y experiencia.
***Cristina Navas es directora de Volvemos.