Plantación de trigo.

Plantación de trigo. Europa Press

Opinión

Nuevos paradigmas geopolíticos y las commodities

Pedro Nonay
Publicada

"Cuando teníamos todas las respuestas, cambian las preguntas." Mario Benedetti.

Durante décadas construimos modelos, teorías y certezas sobre cómo funcionaba el comercio global de commodities: eficiencia, especialización, integración de cadenas de suministro.

Hoy, esas respuestas ya no encajan con las preguntas que plantea el nuevo tablero geopolítico. Para comprenderlo te propongo un recorrido secuencial por esos nuevos paradigmas y su efecto en cascada sobre los mercados agrícolas. Estamos ante el nacimiento del mundo de la Geo-commodity.

1. El nuevo orden: del poder militar al poder comercial-tecnológico

El liderazgo global ha desplazado su centro de gravedad. Ya no se mide únicamente en capacidad militar, sino en poder comercial, tecnológico y financiero.

En ese tránsito, Estados Unidos y China protagonizan el cruce entre una potencia establecida y una potencia emergente, el escenario que Graham Allison bautizó como "la trampa de Tucídides": el punto de inflexión históricamente más peligroso, cuando una potencia en ascenso desafía a la dominante.

El resultado es un mundo fragmentado y asimétrico, donde bloques, alianzas y esferas de influencia sustituyen a la globalización lineal de las últimas tres décadas. Pero incluso en la fragmentación, un elemento preside todas las relaciones: la interdependencia. Nadie puede desconectarse del todo de nadie. Se compite y se necesita al mismo tiempo.

2. El momento "BI"

Vivimos un momento que podríamos llamar "BI": bipolar, biglobal, bilateral, binario. En el terreno de las commodities, ese prefijo se traduce también en el auge de la bio-energía, síntoma de un fenómeno más amplio: el "efecto -ISMO", proteccionismo, nacionalismo, soberanismo. Todos los sectores, incluida la alimentación, refuerzan sus defensas en nombre de la soberanía nacional.

Esto marca un giro conceptual relevante: hoy la alimentación importa más por razones de seguridad nacional, el paradigma de los años setenta y ochenta, que por el discurso de sostenibilidad que dominó la última década. La comida vuelve a pensarse como arma estratégica, no solo como recurso a optimizar.

3. Efectos en cascada sobre las commodities

Seguridad de suministro por encima de la eficiencia de costes. La prioridad estratégica ya no es producir al menor coste posible, sino garantizar que el suministro llegue. Por ahora, la soberanía pasa más por almacenar lo que otros producen de forma eficiente. Alimentar al mundo se convierte en instrumento de control geopolítico.

Un dato ilustra el punto: 36 países dependen de importaciones de más del 50% de su trigo panificable (base del pan y la pita, consumo esencial) y, Rusia (marginalmente Ucrania) es el principal proveedor de esa materia prima. Quien controla ese grano, controla parte de la estabilidad social de esos países.

Países más expuestos

Países más expuestos Elaboración propia

De just-in-time a just-in-case. La lógica logística ha cambiado de paradigma para evitar caer en el just-too-late. Los cuellos de botella se convierten en los verdaderos catalizadores de precios: el estrecho del Bósforo es a la agricultura lo que el estrecho de Ormuz es a la energía. Un bloqueo, real o percibido, dispara la volatilidad.

Bio-energia, o biocombustibles es la intersección donde las familias de commodities como la energía, las agrícolas y los metales se entrecruzan. Punto de encuentro de la alimentación y la energía gobernado por la “seguridad nacional”. Se convierte en el comodín del nuevo paradigma de las commodites.

Asimetría en costes de producción. La agricultura global enfrenta hoy un mapa de costes profundamente desigual, liderado por el precio de la energía y los fertilizantes. Quien tiene acceso barato a ambos gana una ventaja competitiva estructural; quien no, queda expuesto a los ciclos de precios internacionales.

4. Economía: crecimiento, demanda y oferta

La incertidumbre geopolítica reduce el crecimiento mundial y, con él, la demanda de commodities —presionada también por una inflación más persistente. Las cosechas, en cambio, siguen superando a esa demanda, ya debilitada por la desaceleración demográfica. Estructuralmente, esto no configura una tendencia alcista de precios. Pero la logística y la geopolítica pueden generar estrechamientos puntuales de oferta que sí mueven el mercado, aunque los fundamentos de fondo no lo justifiquen.

5. Flete: el coste oculto de la fragmentación

El transporte marítimo refleja fielmente esta nueva realidad: cambios de ruta, incrementos en el precio del combustible, primas de seguro más altas y una ineficiencia general que se traduce en fletes más caros. A esto se suma el riesgo creciente de la dark fleet (flotas que operan fuera de los marcos regulatorios habituales), consecuencia directa de la fragmentación del mundo y del régimen de sanciones. El flete deja de ser un simple coste logístico para convertirse en un termómetro geopolítico.

6. Finanzas: el dólar bajo presión, sin perder el trono

En el plano financiero, sanciones, BRICS, criptoactivos, stablecoins, tipos de interés y alternativas al SWIFT dibujan un sistema que cambia más rápido, se vuelve menos costoso y erosiona - lentamente - el papel del dólar como instrumento de pago.

Sin embargo, el dólar mantiene su predominancia como instrumento de reserva. La transición no es una sustitución súbita, sino una erosión gradual de funciones, no de estatus.

La anatomía del mercado interconectado

En conclusión, para entender este nuevo mapa, resulta útil pensar el mercado global como un cuerpo humano. La energía es el sistema circulatorio: irriga toda la actividad económica. La agricultura es el sistema digestivo: transforma insumos en sustento.

Las finanzas son el cerebro: procesan información y toman decisiones. La geopolítica es el sistema nervioso: transmite señales de alerta y coordina reacciones.

Y el clima es la piel: la primera frontera de contacto con el exterior, la más expuesta y la más visible.

Un problema en cualquiera de estos sistemas se refleja, tarde o temprano, en los demás. Un shock energético afecta el coste de los fertilizantes; una tensión geopolítica altera el flete; una decisión financiera modifica el apetito por el riesgo agrícola. No se puede entender la anatomía de una sola parte sin entender la anatomía del conjunto.

Asi, una “geo-commodity” es aquella materia prima en la que el riesgo geopolítico deja de ser una variable externa al precio y pasa a ser una parte constitutiva de su valor.

Cuando cambian las preguntas, como decía Benedetti, la primera tarea no es buscar nuevas respuestas apresuradas, sino comprender el organismo completo que las genera. Ese es, hoy, el verdadero ejercicio de quienes analizamos los mercados de commodities.

*** Pedro Nonay es director del Programa de Agro-Commodities del IEB.