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Opinión

No hay mayor riesgo para un país que ser el último en entender lo que le está pasando

José Parejo
Publicada

Este mes de junio, en una sola jornada, la prima de riesgo española se movió 40 puntos básicos; y no derivaba de un dato macroeconómico, sino de una declaración política.

Los analistas de riesgo soberano de Londres, Nueva York y Singapur tienen hoy un modelo más elaborado sobre lo que le va a pasar a España en los próximos veinticuatro meses que la mayoría de los consejos de administración españoles.

Entienden mejor la mecánica de su sistema político. Modelizan con más precisión los escenarios post-electorales; y tienen cuantificado el coste de capital de cada configuración parlamentaria probable. En consecuencia, llevan meses tomando decisiones sobre esa ventaja.

La falta de presupuestos no genera ninguna crisis inmediata, pero produce una erosión lenta de la confianza

Dejemos a un lado cualquier percepción abstracta. Los despachos que asesoran a los grandes inversores internacionales con posición en España (la mayoría de los cuales operan desde fuera del país) llevan meses construyendo esos modelos. El desafío no es la calidad del análisis disponible en España, sino que no ha entrado en el ciclo de decisión de quien debe actuar sobre él.

Por esto, más que un problema de información es un problema de soberanía decisional; es decir, la capacidad de entender el propio tablero antes que quienes operan sobre él desde fuera. Cuando esa capacidad se pierde, aunque sea temporalmente, el país pierde poder de negociación y margen para decidir.

Una visita privada que revela mucho

A finales de marzo de 2026, Larry Fink, consejero delegado de BlackRock, la mayor gestora de activos del planeta con más de 14 billones de dólares bajo gestión, aterrizó en Madrid y se reunió en el Hotel Santo Mauro, con ejecutivos de las principales energéticas e infraestructuras del IBEX 35.

Casi 100.000 millones de euros de posición acumulada en España; no fue ninguna conferencia.

Fuentes cercanas comentaban que el Gobierno preparó a conciencia el encuentro, consensuando el formato y los mensajes a transmitir sobre la resistencia de la economía española al impacto de la guerra de Irán.

Lo revelador es que el Ejecutivo necesitaba que el mayor inversor del mundo transmitiera un mensaje de confianza sobre su propia economía.

Los gestores de los principales activos del IBEX escucharon de boca de un fondo de Nueva York, lo que el entorno institucional español no había conseguido transmitirles con suficiente claridad: La asimetría de soberanía decisional ya había cambiado de signo …antes de que la reunión comenzara.

Una lectura diferente

En enero de 2026, Goldman Sachs situó el riesgo político de España por encima del de Italia, algo que no había ocurrido en casi una década.

La base no era tanto su fundamentales económicos, dado que el banco proyecta que España crece en 2026 a un ritmo tres veces superior al de la eurozona, con un 2,1% frente al 0,7% europeo, el mejor registro entre las grandes economías del continente.

A finales de marzo de 2026, Larry Fink, consejero delegado de BlackRock, aterrizó en Madrid

Sin embargo, España lleva más de tres años gobernada sin presupuesto aprobado. No hay precedente equivalente en ninguna democracia consolidada de la Unión Europea.

Esa combinación de crecimiento real sostenido y gobernabilidad estructuralmente frágil, es exactamente el patrón que los analistas de riesgo soberano identifican como el más difícil de gestionar.

No cabría esperar ninguna crisis inmediata, pero produce una erosión lenta de la confianza, que no aparece en ningún indicador macroeconómico hasta que ya es demasiado tarde para revertirla a corto plazo.

La prima de riesgo lo registra de forma puntual. Llegó a 86 puntos básicos en cuestión de horas cuando el PNV condicionó su apoyo al presupuesto; hoy cotiza en torno a los 47.

Esa oscilación, medida en días, no en meses, es la huella digital de un activo cuyo precio, el mercado no sabe calcular con consistencia porque la variable dominante no es económica, sino política.

Y la política española es, en este momento, estructuralmente más opaca para los actores domésticos que para los analistas internacionales que la modelizan desde fuera (sin el ruido del debate diario).

Un error de marco

El debate interno trata el riesgo electoral como un riesgo binario. Habrá o no elecciones, ganará la derecha o la izquierda… Ese marco es correcto para el periodismo político, pero es completamente insuficiente para quien gestiona activos, gobierna instituciones o dirige empresas con exposición a decisiones regulatorias.

Los analistas de riesgo soberano no trabajan con ese binario. Trabajan con distribuciones de probabilidad sobre variables que el debate doméstico apenas nombra.

Un país como España que crece al 2,1% y no puede aprobar su presupuesto opera por debajo de su potencial estratégico.

Por ejemplo ¿qué velocidad de ejecución de reformas permite cada escenario de gobierno posible? ¿Qué presupuesto fiscal es sostenible en cada configuración parlamentaria probable? ¿Qué coste de capital implica cada escenario para los sectores con mayor exposición regulatoria (dígase energía, banca, telecomunicaciones, infraestructuras)? En gestión del riesgo soberano, cuando el panorama se aclara para todos, ya no hay ventaja para nadie; por eso el precio ya se ha movido, y las posiciones ya se han tomado.

Riesgo real y coste de no gestionarlo

Los fundamentales de España son reales; Goldman Sachs la sitúa como la economía de mayor crecimiento de Europa en 2026; la inversión extranjera directa acumulada supera los 627.000 millones de euros con una década de crecimiento ininterrumpido; la AIReF confirma que la trayectoria fiscal a corto plazo es sostenible, aunque la estabilización de la deuda a largo plazo exigirá una mejora del saldo primario estructural de 5,3 puntos del PIB.

Pero un país que crece al 2,1% y no puede aprobar su presupuesto opera por debajo de su potencial estratégico. Sus activos son reales, pero su arquitectura de gobernanza no le permite convertirlos en poder de negociación, con la velocidad que los mercados de capital requieren.

Esa brecha entre el activo que España tiene y la capacidad institucional para capitalizarlo, es la variable que los mejores análisis de riesgo soberano están midiendo ahora mismo.

Y es la que el debate público español, atrapado en la pregunta de si habrá elecciones, todavía no ha sabido nombrar.

Los inversores que llegaron a España hace cinco años con un modelo estructural del sistema político están, en su mayoría, todavía aquí. Los que llegaron siguiendo el ciclo macroeconómico sin ese modelo, están en pausa o reposicionando. La diferencia fue la calidad del análisis con el que interpretaron el tablero antes de que los eventos ocurrieran.

Los consejos de administración españoles con exposición a este ciclo deberían preguntarse si tienen ese proceso. Porque los fondos que operan sobre sus activos desde Londres y Nueva York llevan meses con él funcionando. Y esa asimetría, por sí sola, ya es una posición.

*** Jose Parejo es CEO y fundador de JPA (Jose Parejo & Associates), firma de inteligencia estratégica que asesora a consejos de administración, instituciones financieras y gobiernos en análisis geopolítico aplicado, anticipación estratégica y toma de decisiones en entornos de alta incertidumbre.