Pago con tarjeta.

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Opinión

Bizum y la soberanía monetaria europea

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En Europa dependemos de EEUU en los pagos del día a día, ya que aproximadamente dos tercios de las transacciones europeas con tarjetas se realizan a través de Visa, Mastercard y PayPal, empresas que funcionan bajo normas no europeas.

Sólo estas tres empresas tienen el oligopolio a nivel mundial de pagos mediante tarjetas -según el Nilson Report de 2024, canalizando el 63% del total de las transacciones mundiales-.

El hecho de que la mayor parte de los pagos europeos pasen por las redes de estas tres corporaciones supone un riesgo elevado, que se ha agravado en la actualidad por la posición de la Administración norteamericana frente a la Unión Europea.

Los pagos son el sistema nervioso de la economía, y dejarlos en manos de intereses e infraestructuras extranjeras supone una vulnerabilidad estructural tanto para los bancos europeos como para la soberanía financiera de la Unión.

La guerra comercial iniciada por Trump podría incluso derivar, en algún momento, en restricciones al acceso a estos medios de pago por parte de los europeos.

El Banco Central Europeo lleva años buscando soluciones, bien a través de la creación de un euro digital o impulsando soluciones de pagos instantáneos ‘made in Europe'

El Banco Central Europeo lleva años buscando soluciones, bien a través de la creación de un euro digital o impulsando soluciones de pagos instantáneos ‘made in Europe'. Más de 50 entidades están desarrollando la parte técnica del euro digital y si se aprueba la normativa europea, podría lanzarse un programa piloto en la segunda mitad del 2027, para llevar a cabo su emisión definitiva en 2029. Así, el euro digital sería una forma electrónica de dinero público, emitido y respaldado directamente por el Banco Central Europeo.

Se trata, por tanto, de una versión digital del efectivo para realizar pagos en la zona euro, de forma gratuita, tanto por ciudadanos como por empresas, y que previsiblemente podrá utilizarse tanto en línea como sin conexión a internet.

En paralelo, las entidades están intentando desarrollar sistemas de pagos instantáneos válidos en toda la Unión, siguiendo el modelo de Bizum utilizado en España o Wero, que actualmente funciona en Bélgica, Alemania y Francia. Todo ello, de momento, de manera gratuita para el consumidor.

A diferencia del euro digital, estos vehículos de pago emanan del sector privado, siendo propiedad, en el caso de Bizum, de las principales entidades bancarias españolas.

El sistema nació como una solución entre particulares, pero, posteriormente, se ha ido extendido a las transacciones en comercios electrónicos (ya el 30% de dicho comercio en línea se opera con Bizum), administraciones públicas y donaciones a entidades sociales.

Está previsto crear una entidad central de interoperabilidad para coordinar la conexión técnica entre todos los sistemas, que mantendrán sus marcas nacionales

Ahora Bizum ha dado el salto a los pagos en comercios físicos: los comercios que tengan acuerdo con Bizum permitirán el pago con el móvil, sin necesidad de pasar por una plataforma extranjera (como PayPal o GooglePay) ni necesitar el uso de tarjetas (Visa o Mastercard).

Es muy interesante para los bancos, que se beneficiarán al prescindir de un intermediario y podrán ganar más margen, y también para los comercios, que podrán negociar mejores comisiones respecto a las actuales que mantienen con Visa y Mastercard. Pero, para el éxito de su uso es preciso que los usuarios también perciban algún beneficio, por ejemplo, en términos de flexibilidad.

Al mismo tiempo, la plataforma española Bizum ha ido expandiéndose internacionalmente. Primero a Italia, Portugal, Andorra y Grecia, al ser ya interoperable con sus homólogos europeos Bancomat (Italia), MB Way (Portugal) y IRIS Payments (Grecia).

Más recientemente se han sumado a esta alianza el antes mencionado Wero, así como Vipps MobilePay (países nórdicos), con el objetivo de crear una especie de “Bizum europeo”, que estaría operativo a partir de este año.

Podría suponer un avance hacia la soberanía monetaria europea porque permitiría conectar a 130 millones de usuarios de 13 países europeos, que podrían realizar pagos instantáneos sin necesidad de cambiar de aplicación.

La previsión, además, es que en 2027 se extienda su uso a comercios europeos, tanto físicos como electrónicos, y de esa manera podamos prescindir prácticamente del uso de los sistemas de pagos como Visa, Mastercard o PayPal. Así, el futuro “Bizum europeo” se convertiría en una realidad para el 72% de la población de la UE y Noruega.

Está previsto crear una entidad central de interoperabilidad para coordinar la conexión técnica entre todos los sistemas, que mantendrán sus marcas nacionales. Bizum seguirá siendo Bizum en España, con la misma operativa actual.

Lo que cambiará será la capacidad de enviar dinero y realizar pagos en comercios, tanto físicos como on line, fuera de las fronteras.

Sin IBAN largos, ni comisiones adicionales visibles o necesidad de descargar nuevas aplicaciones. Se desarrollará un nuevo distintivo común europeo que convivirá con cada marca local y permitirá identificar en qué países y comercios se aceptan estas soluciones de pagos.

Con todo, falta ver cómo se articulará el euro digital, respaldado por el BCE, con las soluciones privadas, enmarcadas en el “Bizum europeo”. En segundo lugar, el éxito de las iniciativas europeas depende de su acogida por parte de los particulares y de las empresas, acostumbrados a usar los métodos de pago de las corporaciones norteamericanas.

Finalmente, falta avanzar en disponer de proveedores europeos de tecnología en la nube, ya que, en la actualidad, las compañías responsables de proveer de esa tecnología imprescindible para hacer un pago -como son Amazon Web Services (AWS), Azure y Google Cloud- son también estadounidenses. Pese a cuál, hay que celebrar que Europa esté avanzando en esta cuestión clave para su autonomía estratégica.

*** Mónica Melle Hernández es profesora de Economía de la UCM.