“She said, you have to be cruel to be kind in the right measure” Nick Lowe.

A pesar de que la Unión Europea habla de reducir regulación y hacerla más eficiente, las nuevas iniciativas presentadas en la Unión Europea continúan orientando la legislación hacia un intervencionismo que, como casi siempre, genera resultados contraproducentes.

Un ejemplo evidente es el endurecimiento fiscal y regulatorio en Europa, que no está eliminando la demanda de tabaco y nicotina, sino desplazándola hacia canales ilícitos, productos falsificados y alternativas de peor calidad para el consumidor.

Los datos más recientes de KPMG muestran que, mientras cae el consumo legal, el mercado sumergido e ilícito gana peso, especialmente en los países con mayor presión regulatoria y tributaria.

En 2025, los cigarrillos ilícitos superaron el 10% del consumo total en la Unión Europea por primera vez en más de una década, hasta alcanzar 41.800 millones de unidades, equivalentes al 10,3% del mercado. Esa cifra implicó unas pérdidas fiscales estimadas de 16.700 millones de euros en la UE y de 22.400 millones en el conjunto de los 38 países europeos analizados por KPMG, donde el consumo ilícito total llegó a 55.300 millones de cigarrillos.

Lejos de corregir el problema, la combinación de altos impuestos, restricciones crecientes y prohibiciones parciales está incentivando a los consumidores a acudir a una oferta fuera del circuito legal.

El informe subraya además que el consumo total de cigarrillos en los 38 mercados cayó un 4,1% en 2025. Eso suena bien, ¿verdad?

Sin embargo, el volumen ilícito aumentó un 5,9% hasta representar el 11,1% del total. Esto confirma una tendencia cada vez más visible en Europa: se contrae el mercado legal, pero esa demanda no desaparece y una parte relevante migra a la economía sumergida.

El consumidor paga el coste

El gran perjudicado de este proceso es el consumidor, que queda más expuesto a productos sin garantías de trazabilidad, control sanitario o calidad mínima.

Las falsificaciones se han convertido ya en la principal fuente de cigarrillos ilícitos en la UE, con 18.300 millones de unidades y el 44% del consumo ilícito total en 2025, tras crecer más de un 20% en un solo año.

En el conjunto de los 38 mercados europeos, los cigarrillos falsificados alcanzaron 24.700 millones de unidades

En el conjunto de los 38 mercados europeos, los cigarrillos falsificados alcanzaron 24.700 millones de unidades, reflejando un avance sostenido de redes criminales cada vez más sofisticadas.

Una regulación y fiscalidad miope e intervencionista han generado un auténtico boom en los fabricantes ilegales a través de una cadena de suministro criminal más fragmentada, localizada y difícil de detectar, con fábricas, empaquetado, almacenamiento y distribución repartidos entre varias jurisdicciones.

Esas falsificaciones incorporan elementos cada vez más avanzados, como sellos y códigos que imitan los sistemas oficiales, lo que complica su identificación por parte del consumidor y del propio comercio legal.

Este ejemplo es otra evidencia de la paradoja regulatoria europea: normas diseñadas para proteger al consumidor que terminan empujándolo a productos opacos y más inseguros.

Los países más golpeados por el comercio ilícito son, precisamente, los que combinan mayor presión fiscal y un marco regulatorio más agresivo e intervencionista. Francia se mantiene como el mayor mercado ilícito de Europa, con una cuota del 41,4% del consumo total y 20.500 millones de cigarrillos ilícitos en 2025; casi 9.700 millones fueron falsificaciones. Bélgica alcanzó cerca del 25% de cuota ilícita y los Países Bajos superaron el 22,1%, un nivel no visto desde 2006.

Lo que muestran estos datos es algo que cualquier economista serio entiende y que conocemos por el ejemplo del alcohol o la gasolina. La demanda no desaparece porque el producto legal sea más caro o difícil de acceder, solo cambia de canal.

Cuando la distancia entre el precio legal y el ilegal se dispara, o cuando determinadas categorías se restringen en exceso, el incentivo económico para el contrabando y la falsificación aumenta rápidamente.

En los mercados donde las bolsitas de nicotina están prohibidas o fuertemente restringidas, sigue existiendo una amplia oferta de productos no aptos para la venta, incluidos artículos falsificados, no conformes o importados ilegalmente, especialmente en Países Bajos, Alemania y Bélgica.

El mensaje es difícil de ignorar. La prohibición no elimina la demanda, la empuja a canales menos controlados, y esto reduce la protección efectiva del consumidor y fortalece a operadores ilegales que incumplen estándares, evaden impuestos y no responden ante ninguna autoridad.

El documento sobre la futura revisión de la Directiva de Productos del Tabaco advierte de que la Comisión Europea estudia medidas restrictivas o incluso prohibiciones que podrían impedir a fumadores adultos acceder a alternativas mejores que seguir fumando.

Entre las medidas señaladas figuran la prohibición de bolsitas de nicotina, la equiparación regulatoria total entre productos con y sin combustión, límites máximos de nicotina desproporcionados y otras decisiones que pueden reducir el atractivo o la viabilidad de productos alternativos.

Ese enfoque, según el propio documento, puede provocar dos resultados contraproducentes: la vuelta al cigarrillo tradicional o el aumento del mercado ilícito.

El contraste con el tabaco calentado es ilustrativo. Según KPMG, el contrabando en esa categoría representa solo el 1,2% del consumo total en los mercados analizados y no se identificaron flujos falsificados, aunque la presencia de producto ilícito demuestra que ninguna categoría es inmune.

Precisamente por eso, una regulación proporcionada al riesgo parece más eficaz que una equiparación indiscriminada que termine desincentivando las alternativas legales y controladas.

Los propios informes muestran que algunos países han logrado reducir el problema con una combinación equilibrada de fiscalidad predecible, regulación proporcionada y aplicación sostenida de la ley.

Grecia redujo su cuota ilícita al 14,1% y registró una de las mayores caídas interanuales, mientras Ucrania disminuyó en casi 1.000 millones de cigarrillos su volumen ilícito pese a un entorno operativo extremadamente complejo.

No hay una medida milagro, pero sí un patrón común en los países que mejor funcionan.

Ese patrón pasa por evitar los extremos. Cuando la regulación distingue entre productos, mantiene estabilidad tributaria y refuerza la persecución del delito, se reduce el espacio del mercado ilegal.

Cuando, por el contrario, se recurre a prohibiciones indiscriminadas, equiparaciones regulatorias artificiales o cargas fiscales excesivas, la demanda se desvía hacia productos ilícitos o de peor calidad, exactamente lo contrario de lo que debería perseguir una buena política sanitaria y de protección al consumidor.