Bolsa de Madrid.

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Opinión

Los grandes relatos no siempre están anclados en la realidad

Fabiana Fedeli
Publicada

En el último año, el ritmo al que han cambiado los relatos del mercado ha sido vertiginoso. La velocidad y la ubicuidad del flujo de información hacen que las narrativas resulten tan influyentes como efímeras.

En el transcurso de un solo año, pasamos de los aranceles a la bajada de tipos, de ahí al "apocalipsis del SaaS", y posteriormente a las trágicas imágenes del conflicto en Irán, con varias otras narrativas de por medio.

Estos relatos pueden resultar en su momento muy convincentes, pero no todos tienen el mismo anclaje en la realidad. Como inversores, nuestra labor consiste en saber dónde trazar la frontera entre los hechos y las tendencias de moda.

El cierre del estrecho de Ormuz y los daños prolongados en las infraestructuras energéticas podrían mantener los precios de la energía en cotas elevadas durante bastante tiempo —incluso una vez concluida la guerra— y, con ello, afectar a los factores que impulsan los mercados de riesgo.

Por el momento, salvo breves episodios puntuales, las bolsas parecen relativamente tranquilas y las divisas se han depreciado frente al dólar estadounidense menos de lo que cabría haber esperado en situaciones similares del pasado.

Los mercados de riesgo se muestran más calmados de lo esperado en circunstancias parecidas

Hemos asistido a una mayor volatilidad en los rendimientos de la deuda pública y los diferenciales de crédito se han ampliado, aunque es difícil saber hasta qué punto esto obedece a las inquietudes sobre los precios de la energía o a las tensiones en el crédito privado.

Estos movimientos del mercado han venido a confirmar algo que ya empezábamos a percibir. Las «reglas del juego» tradicionales —sobre todo en materia de riesgo percibido, activos refugio y busca de seguridad— ya no funcionan como antes.

Los mercados de riesgo se muestran más calmados de lo esperado en circunstancias parecidas, el dólar estadounidense se ha fortalecido, pero mucho menos de lo que habría sugerido una "huida hacia la seguridad" clásica, los rendimientos de la deuda de los mercados desarrollados han subido y el oro se ha replegado.

Aunque los inversores no dan señales de pánico, no podemos caer en la autocomplacencia: no sabemos cuándo llegará a su fin el actual conflicto ni cuando remitirá realmente su impacto en los precios de la energía. Tal como hemos visto, las negociaciones para un alto el fuego pueden encallar y prolongar la incertidumbre, aunque tampoco hay que descartar una resolución a corto plazo.

Conviene centrarse en lo que el mercado ya ha puesto en precio

Operar a corto plazo en este mercado resulta complicado. Dejarse llevar por un flujo de noticias diarias cada vez más errático puede acabar siendo nefasto para cualquier cartera. Además, en un entorno en el que la evolución del cuadro macroeconómico es difícil de anticipar, prácticamente no tiene sentido tomar grandes apuestas direccionales basadas solo en el ángulo macroeconómico.

Nuestro enfoque es distinto. No rotamos toda una cartera cada vez que surge una tendencia macro. Creemos que la mejor manera de que las carteras mantengan la resiliencia es seleccionando sus valores con rigor, manteniéndonos fieles a los fundamentales y diversificando de forma óptima las posiciones.

Renta variable: tras la recompensa en los "perdedores de la IA"

A pesar del conflicto y de las dudas sobre el coste de la energía, seguimos viendo buenas oportunidades en bolsa.

Suele ser precisamente en fases como esta cuando surgen las oportunidades más interesantes, ya que el miedo, el exceso de confianza y los posicionamientos generalizados provocan distorsión en las cotizaciones. Hemos ajustado nuestra exposición al sector tecnológico porque pensamos que algunas de las compañías metidas en el saco del "apocalipsis del SaaS" no solo no desaparecerán por culpa de la inteligencia artificial (IA), sino que se verán impulsadas por la misma.

Para financiar parte de estas posiciones, hemos recortado nuestras inversiones en fabricantes de semiconductores de memoria de Estados Unidos y Asia. En nuestra opinión, asistimos a un auténtico "superciclo para las memorias", con un salto extraordinario en la rentabilidad de los fabricantes de DRAM, si bien gran parte de esa fortaleza ya se encuentra reflejada en los precios.

Los supuestos "perdedores de la IA", castigados porque el mercado teme que sus modelos de negocio queden obsoletos por culpa de esta tecnología, nos señalan a nuestro entender oportunidades muy atractivas que trascienden el sector tecnológico.

Por ejemplo, el sector de consumo básico se revalorizó en febrero para después replegarse cuando la escalada del precio del petróleo reavivó el temor a un incremento de los costes de producción y a una caída del poder adquisitivo de los consumidores. Aun cuando los movimientos recientes del mercado han obedecido a cambios de narrativa, creemos que el trasfondo del consumo sigue determinado por una serie de tendencias estructurales de largo plazo.

El gasto se desplaza de forma gradual de los productos a las experiencias, lo que beneficia a las empresas ligadas al ocio y los viajes. Los consumidores, además, prestan cada vez más atención al precio y la comodidad, y los criterios de salud y bienestar tienen cada vez más peso en la cesta de la compra.

La historia demuestra que la volatilidad suele abrir ventanas de entrada interesantes en empresas sólidas que saben adaptarse a un entorno cambiante.

La trayectoria reciente de minoristas tradicionales como Next y Walmart ilustra bien esta dinámica. Hace una década, se les veía como víctimas de la denominada "apocalipsis del retail", y sus extensas redes de tiendas físicas se consideraban un lastre estructural ante el auge del comercio electrónico.

Aunque no todas las empresas han superado con éxito este proceso, las acciones de Next y Walmart han generado rentabilidades totales cercanas al 240% y al 580%, respectivamente, en los últimos diez años, lo que pone de relieve la relevancia de identificar a los ganadores. Entre las compañías de consumo básico afectadas por las recientes ventas, puede que se encuentren algunos de los grandes vencedores de los próximos años.

Temáticas estructurales para la resiliencia a largo plazo

Seguimos apostando por temáticas de inversión a largo plazo como la seguridad energética y el ecosistema de bajas emisiones de carbono, las infraestructuras y la innovación (tanto en el ámbito tecnológico como en otros sectores como el sanitario). Todas ellas son áreas hacia las que el capital seguirá fluyendo de manera inevitable.

Creemos que la seguridad energética volverá a situarse en lo más alto de la lista de prioridades tanto para los inversores como para las empresas y los países, y que la resiliencia de las infraestructuras relacionadas con la energía será una prioridad fundamental en todo el mundo.

El actual conflicto en Oriente Próximo subraya la dependencia económica de los combustibles fósiles y destaca cómo las perturbaciones regionales pueden tener unas repercusiones desmesuradas en la salud de la economía mundial.

A largo plazo, los países tendrán que diversificar el suministro energético, lo que previsiblemente se traducirá en más inversión en energías renovables, capaces de aportar una mayor seguridad tanto en precios como en suministro, además de sus ventajas para el medio ambiente.

En lugar de engañarnos creyendo que podemos saber con precisión qué ocurrirá dentro de cinco años, procuramos separar lo que se puede saber de lo que es pura especulación, y poner el capital del lado donde las evidencias y las valoraciones nos respaldan.

De este modo, aumentamos nuestras posibilidades de no sucumbir a las modas pasajeras.

*** Fabiana Fedeli es directora de inversiones en renta variable, multiactivo y sostenibilidad de M&G.