Fotomontaje del mapa de Oriente Próximo con las banderas de EEUU e Irán y una lupa.

Fotomontaje del mapa de Oriente Próximo con las banderas de EEUU e Irán y una lupa. Invertia

Opinión

Espejismo energético. La tregua que engaña

José Parejo
Publicada

La tregua del 8 de abril entre EEUU e Irán redujo el precio del Brent en los mercados de futuros, pero el mercado físico de crudo sigue cotizando a 30 dólares por encima: una divergencia que revela que la tregua no ha resuelto el shock estructural de oferta.

Durante las últimas semanas, hemos estado muy activos con briefings a equipos directivos de grandes compañías europeas y norteamericanas sobre la guerra del Golfo Pérsico.
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El 8 de abril, el precio del Brent caía un 14% en cuestión de horas. Los mercados europeos subieron. Los titulares hablaron de alivio; los analistas revisaron sus modelos a la baja.

Con el crudo sostenido por encima de 100 dólares, la factura energética nacional se incrementa en cerca de 8.000-10.000 millones de euros anuales.

Dos días antes, el Brent físico (el crudo real, entregado hoy, no el contrato de junio) cotizaba a 124,68 dólares por barril. El día del alto el fuego cayó a 94. Pero el mercado físico seguía por encima de 100. Y los cargamentos de crudo norteamericano entregados en Europa se negociaban con primas de entre 18 y 20 dólares sobre el benchmark (el doble del récord anterior).

Cuando los futuros caen y el físico no cede, más que celebrar una solución, el mercado está reconociendo que no tiene petróleo suficiente para hoy, independientemente de lo que se prometa para mañana.

Lo que los números dicen antes del conflicto

Para entender por qué el alto el fuego no resuelve nada, hay que entender el estado del mercado antes de que comenzara la guerra.

En noviembre de 2025, la AIE (Agencia Internacional de la Energía) proyectaba un superávit global de hasta 4,09 millones de barriles diarios para 2026. Goldman Sachs estimaba el Brent en torno a 60-64 dólares para el año. JP Morgan era aún más bajista, con 60 dólares de media anual, con un mercado estructuralmente sobre abastecido. El consenso institucional era inequívoco: demasiado petróleo, demasiada oferta, precios a la baja.

El 28 de febrero comenzó la guerra. El Estrecho de Ormuz (por donde transita el 20% del petróleo mundial y el 20% del GNL global) quedó efectivamente cerrado. En cuatro semanas, las pérdidas de producción en Oriente Próximo alcanzaron 11 millones de barriles diarios. Goldman estimó que podrían llegar a 17 millones antes de cualquier recuperación. El Dated Brent (el precio del crudo físico) alcanzó un máximo histórico de 144,42 dólares, superando el récord de 2008.

Goldman reconoció en su revisión del 22 de marzo que este es el mayor shock de oferta en la historia del mercado global de crudo y que sus propios modelos no tienen historia comparable más allá de seis semanas de disrupción.

El mayor shock de oferta en la historia del mercado global de crudo no estaba en ningún modelo base de ningún banco de inversión del mundo.

Después vino el alto el fuego.

Aquí está el error que los mercados están cometiendo ahora mismo, y que tiene consecuencias directas para cualquier institución española con exposición a energía, inflación o deuda soberana.

Una tregua de dos semanas no reabre una infraestructura energética que ha estado paralizada durante cinco semanas. No reenciende los pozos que han sido cerrados bajo fuerza mayor. No rehabilita los terminales de exportación que han suspendido operaciones. No reconstituye los inventarios globales que llevan semanas en caída libre.

ANZ fue el único banco grande que lo dijo con claridad, identificando que existe un riesgo significativo de que entre 1 y 2 millones de barriles diarios de capacidad productiva que haya sido dañada de forma permanente, o esté sometida a restricciones prolongadas.

El banco añadió que el mercado probablemente necesitará precios sostenidos por encima de 100 dólares para gestionar el déficit si la situación se prolonga más allá de cuatro o cinco millones de barriles diarios.

La AIE, en su revisión de abril, lo cuantificó de otra manera: la demanda global de petróleo se contrajo 800.000 barriles diarios en marzo y 2,3 millones en abril (no porque el mundo necesite menos petróleo, sino porque no hay suficiente al precio al que la demanda lo absorbería normalmente.

Eso es destrucción de demanda inducida por precio. Más que equilibrio es racionamiento.

Lo que esto significa para España

España ha gestionado este shock mejor que sus socios europeos. Nomura lo reconoció la semana pasada: la economía española muestra una robustez relativa ante el riesgo energético, con un crecimiento proyectado del 2,7% para 2026 frente al 0,8% alemán.

Esa ventaja es real, dado que refleja el mix renovable, la menor dependencia del gas ruso, y una estructura exportadora de servicios menos intensiva en energía que la industria alemana o italiana.

Pero robustez relativa no es inmunidad.

Tres vectores de transmisión merecen atención:

Primero, la inflación de segunda ronda. El crudo a 100 dólares sostenido no es el mismo problema que el crudo a 100 dólares puntual. Cuando los contratos de suministro, los costes logísticos y las tarifas energéticas industriales se renegocian sobre una base de precios elevados durante semanas, el efecto de segunda ronda sobre la inflación subyacente llega con un desfase de tres a seis meses.

Segundo, la prima de riesgo soberana. España emite deuda en un entorno en que los países importadores de petróleo ven deteriorarse simultáneamente su balanza de pagos y sus cuentas fiscales. El diferencial con el Bund alemán ha permanecido contenido hasta ahora, pero la sostenibilidad de esa contención depende de que el shock energético sea percibido como temporal.

Si el acuerdo se rompe (o si se sostiene pero la producción no se recupera al ritmo que los futuros descuentan) esa percepción cambia.

Tercero, la exposición corporativa no declarada. Varias empresas del IBEX 35 con operaciones en la región o con contratos de suministro energético indexados al Brent tienen exposiciones que no han sido comunicadas al mercado con la granularidad que esta situación exige.

La volatilidad entre el mercado físico y el de futuros, recordemos, con spreads de 20 a 30 dólares entre contratos de distinto plazo, es una señal de estrés en los balances de trading que no aparece en los estados financieros trimestrales.

España importa aproximadamente el 60% de su energía primaria. Con el crudo sostenido por encima de 100 dólares, la factura energética nacional se incrementa en cerca de 8.000-10.000 millones de euros anuales respecto al escenario base que los presupuestos públicos descontaban a principios de año.

La pregunta que los modelos no hacen

Goldman reconoció en su revisión del 22 de marzo que este es el mayor shock de oferta en la historia del mercado global de crudo y que sus propios modelos no tienen historia comparable más allá de seis semanas de disrupción.

Es una admisión extraordinaria. Y plantea la pregunta que ningún modelo de commodities puede responder:

¿Cuánto tiempo puede sostener la presión el régimen iraní (política, económica y militarmente) antes de que un acuerdo sea estructuralmente inevitable, o antes de que la escalada sea estructuralmente irresistible?

Esa no es una pregunta de ingeniería financiera. Es una pregunta de inteligencia estratégica. Depende de la lectura de la capacidad de resistencia del régimen, de los incentivos de los actores regionales, de la dinámica interna iraní, y del margen de maniobra diplomático real (no declarado) de los intermediarios que están negociando entre bambalinas.

Los mercados que tratan el ceasefire como señal de resolución estructural están confundiendo el titular con el análisis. La tregua es un paréntesis táctico en un conflicto cuyas variables estructurales no han cambiado.

El petróleo físico, que no miente, lo sabe. Por eso sigue a 30 dólares por encima del futuro de junio.

Esta es una parte del mapa general. El segundo nivel de trabajo entra en las decisiones específicas de cada institución: su cartera, su geografía de exposición, su ventana temporal.

Pero piensen que, cada vez que una crisis sorprende al consenso, aparece recurrentemente como explicación la incertidumbre y la imposibilidad de la previsión. Esto no son excusas, sino el límite estructural de los modelos.

Además, durante los períodos de estabilidad (si es que eso existe), la geopolítica se trata como una disciplina filosófica. Geopolítica de salón diríamos. Útil para contextualizar; interesante en un panel, cómoda en un informe anual; pero no urgente. Para nosotros es base fundamental de la inteligencia estratégica.

Y aunque parezca no urgente, de pronto lo es.

Y en ese momento, la diferencia entre haber construido el análisis antes (o empezar a construirlo cuando el mercado ya se ha movido) no es una diferencia de conocimiento… es una diferencia de impacto financiero.

*** José Parejo es fundador y CEO de Jose Parejo & Associates (JPA), firma internacional de inteligencia estratégica que asesora a instituciones y empresas en análisis geopolítico, riesgo político y toma de decisiones en entornos económicos y regulatorios complejos.