“Everything counts in large amounts”. Martin Gore.

El Fondo Monetario Internacional ha publicado su última revisión de estimaciones económicas y, con ellas, demuestra el fracaso del “cohete” de propaganda de Sánchez. Tras despilfarrar el mayor estímulo fiscal y monetario de la democracia, la política de Sánchez de dopar el PIB con inmigración y gasto público refleja que es la receta de la ruina. 

Primera evidencia: PIB per cápita estancado y disparando el gasto público. El PIB per cápita de España solo crecerá un 0,9% en 2026 y un 0,8% en 2027, es decir, menos que la media de una eurozona estancada.

Sí, el PIB “sube”, pero con calorías vacías y sin productividad. Es decir, entre 2018 y 2027 el PIB per cápita de España crecerá menos que el de una eurozona estancada en las proyecciones del FMI (6,8 puntos frente a 8,5 puntos de la eurozona). 

Segunda evidencia: España registra la mayor tasa de paro de todo el informe del FMI de las economías desarrolladas (9,8%), y eso con la forma de cálculo de la tasa oficial, que deja fuera casi un millón de fijos discontinuos inactivos escondidos.

Mientras tanto, Grecia, que tenía más tasa de paro (19,3%) que España (15,3%) en 2018, ha reducido mucho más rápido el paro hasta una estimación del 7,4% en 2026 y del 7,1% en 2027. España cerrará 2027 con dos puntos y medio más de tasa de paro que Grecia cuando en 2018 Grecia tenía cuatro puntos más alta la tasa oficial de desempleo. Toma cohete. 

El FMI espera que en 2026 y 2027 la inflación media en España sea ligeramente superior a la de la eurozona

Tercera evidencia: más inflación que la media de la zona euro. El FMI espera que en 2026 y 2027 la inflación media en España sea ligeramente superior a la de la eurozona, algo que ya es evidente en 2025 y desde hace doce meses. 

Cuarta evidencia, y la más preocupante: crecimiento de productividad estancado, solo 1,9 puntos entre 2018 y 2027, menos de la mitad que la media de la eurozona.

El FMI vuelve a resaltar el pobre crecimiento de la productividad en un modelo extensivo y dopado, reflejando un dato aterrador: la productividad en España apenas ha crecido desde 2018 y es menos de la mitad que la de los países de nuestro entorno, que no es que estén en una situación maravillosa. 

El Fondo Monetario Internacional se ha convertido, pese a los esfuerzos de propaganda de La Moncloa, en el principal factor que desmonta el marketing económico del sanchismo. El Artículo IV de 2026 para España, leído completo y no a golpe de titular, describe una economía dopada por turismo y gasto público, que se enfría, con inflación elevada, paro estructural y desequilibrios crecientes, justo lo contrario del “cohete” que vende el Gobierno. 

El Gobierno presenta el informe del FMI como una confirmación de que España “lidera el crecimiento en Europa” gracias a su política económica. Es cierto que el Fondo reconoce que la economía española, si miramos el PIB titular, ha crecido por encima de la media del área euro y que el ritmo sigue siendo relativamente positivo, pero lo hace subrayando que ese impulso es transitorio, con bases muy débiles y que se desacelera con rapidez.

Lejos de una historia de “España va como un cohete”, el FMI muestra una economía que pierde el impulso de factores externos y se encamina hacia un crecimiento mediocre

El relato es muy diferente: desaceleración del PIB, rebaja de previsiones y serias advertencias sobre inflación, vivienda, deuda y necesidad de una consolidación fiscal que el Ejecutivo ni siquiera contempla. 

El primer dato incómodo que el Gobierno maquilla es la revisión a la baja del crecimiento. El Gobierno habla del impacto de la guerra, pero el FMI va más allá. El FMI prevé que el PIB se modere al 2,1% en 2026, desde el 2,8% estimado para 2025, y admite que esta cifra supone dos décimas menos que lo proyectado en enero.

Para 2027, el propio Fondo rebaja la expansión al 1,8%, una décima menos que en la actualización anterior, y explica que, a partir de ahí, el crecimiento convergerá hacia un potencial en torno al 1,7%. Es más, cuando aterrizamos en el PIB per cápita, los datos son demoledores: en 2025 el PIB per cápita creció exactamente lo mismo que en una eurozona estancada, y en 2026 y 2027 el FMI espera un crecimiento del PIB per cápita menor que el de la eurozona (eurozona 1,0%, España 0,9% en 2026, y eurozona 1,0%, España 0,8% en 2027). 

Lejos de una historia de “España va como un cohete”, el FMI muestra una economía que pierde el impulso de factores externos y se encamina hacia un crecimiento mediocre, más propio de una economía atrapada en grandes rigideces y falta de reformas.

Esta desaceleración se explica, según el propio FMI, por la moderación de los flujos de inmigración que han inflado la demanda a corto plazo, el agotamiento del impulso de los fondos europeos y el envejecimiento demográfico.

En otras palabras, el diferencial de crecimiento que tanto difunde el Gobierno es, en gran parte, un espejismo sustentado en vientos de cola temporales y externos, no en la solidez de un modelo productivo transformado y sólido. 

La segunda pieza que derriba el relato oficial es la inflación. Mientras el Gobierno insiste en que la subida de precios está “controlada”, el FMI estima que la inflación general se situará alrededor del 3% a finales de 2026, y solo bajaría al 2,2% en 2027, aún por encima del objetivo del 2% del BCE y por encima de la media de la eurozona.

La inflación acumulada con Sánchez supera el 24,8% desde 2019 a febrero de 2026, según el INE, y a ello se añade este jarro de agua fría al poder adquisitivo durante más tiempo del que reconoce la narrativa triunfalista, en un país donde los salarios, la productividad y la renta per cápita están estancados o caen. 

La mayor parte del crecimiento nominal del que se vanagloria el Gobierno es, en realidad, inflación. Cuando se depura el dato y se mira la renta real neta por habitante, el cuadro es mucho menos complaciente. En España somos más pobres y estamos más alejados de la convergencia con las grandes economías europeas.

Los salarios reales netos han caído con Sánchez y la renta per cápita ajustada a poder adquisitivo no ha mejorado con respecto a la media de la Unión Europea, como refleja Eurostat. 

El informe también desmonta el relato de “récord de empleo” que repite Moncloa. Las proyecciones del FMI sitúan la tasa de paro española por encima del 9,8% en los próximos años, haciendo de España el líder negativo en desempleo tanto en la Unión Europea como en la OCDE y, además, uno de los países que menos ha reducido la tasa de paro entre los comparables.

Incluso en el escenario diplomático del Fondo, el país seguirá doblando las tasas de paro de la zona euro, lo que desmiente el supuesto éxito estructural del mercado laboral. Si, además, incluimos el subterfugio de los fijos discontinuos inactivos, la holgura laboral supera también la media de la UE y de la OCDE. 

Mientras Carlos Cuerpo habla de política fiscal prudente, el FMI alerta sobre la fragilidad de las cuentas públicas. La deuda se mantiene cerca del 100% del PIB a medio plazo, el déficit sobre PIB nominal no baja del 2% hasta 2027 y el organismo reclama “esfuerzos adicionales” de consolidación fiscal para reducir desequilibrios y crear espacio frente a futuras crisis.

Es decir, con el actual nivel de gasto y la ausencia de reformas, España entra en la última parte de la década con unas finanzas públicas muy débiles y sin aprovechar el extraordinario volumen de recursos europeos recibidos. 

El Fondo critica y desautoriza la política del Gobierno en vivienda. El FMI pide una “acción más contundente” para aumentar la oferta y aconseja explícitamente eliminar los controles de alquileres que atacan los incentivos a construir y sacar viviendas al mercado.

El FMI recomienda justo lo contrario de las medidas estrella que el sanchismo vende como falsa protección a los inquilinos, y pide menos intervencionismo y más incentivos a la inversión y a la oferta. Cuando se interviene el precio y se penaliza la inversión, la oferta cae, empeoran las condiciones para los más vulnerables y se hace más grave el problema.

El FMI exige reformas estructurales en mercados como el laboral, el de pensiones, el fiscal o el de vivienda, mientras el Gobierno utiliza el informe como si fuera un aplauso a su política, cuando es lo opuesto.

Que el Gobierno haya intentado convertir este informe del FMI en algo positivo no sorprende a nadie, pero la realidad es muy distinta.

El informe que el Gobierno usa para validar sus políticas las desautoriza, y además alerta sobre la enorme debilidad de la economía española, además de la oportunidad perdida con los fondos europeos. El FMI desmonta la propaganda sanchista y, además, lo hace con un informe diplomático. El cohete de Sánchez es un espejismo inventado por su maquinaria de propaganda.