El ministro de Hacienda, Arcadi España.

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Opinión

Radiografía de un récord de recaudación de impuestos en 2025

Publicada

En 2025, España redujo el déficit público desde 51.267 millones de euros hasta 40.330 millones de euros de desfase entre ingresos y gastos.

Esta reducción de algo más de 10.000 millones de euros supone pasar del 3,22% del PIB al 2,39% del PIB.

Aquí parece que la reducción es superior. Y efectivamente lo es, porque también ha crecido el PIB. En términos nominales, aumentó un 6,45%, aunque el aumento real del PIB fue del 2,7%. La diferencia es el denominado deflactor del PIB. Es decir, la inflación de nuestra producción interna.

Antes de seguir, estoy tomando los datos de la Intervención General de la Administración del Estado (IGAE), el Instituto Nacional de Estadística (INE) y la Agencia Tributaria (AEAT). Aunque desde instancias oficiales se ha difundido una cifra de déficit inferior, 2,18% del PIB, la realidad es que esto no deja de ser una estimación de lo que hubiese pasado si no hubiese habido una DANA devastadora en Valencia.

Pero la realidad es que la hubo, tuvo los efectos devastadores que tuvo, y eso hay que pagarlo, nos guste o no.

Esta reducción del déficit se debe prácticamente en exclusiva a dos elementos. En primer lugar, el aumento del PIB, que es una mezcla, casi a partes iguales, de crecimiento real y de aumento de precios.

Del crecimiento real, la mayor parte se debe al aumento de la población, que parece haber crecido algo más del 1% el año pasado.

Y, como los lectores seguramente ya saben, todo este aumento, y algo más, se debe a la inmigración. En España el número de nacimientos sigue siendo inferior al de defunciones.

Una de las conclusiones de todo esto es que el crecimiento real de lo que ganan los españoles (o más exactamente de los que residen en España), el aumento del PIB per cápita, fue muy, muy modesto.

No somos más ricos, y la razón es que nuestra productividad apenas mejora. Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

El segundo elemento que ha permitido reducir el déficit ha sido el aumento de los ingresos públicos.

Aquí destaca el espectacular incremento de la recaudación de impuestos. La Agencia Tributaria pasó de recaudar 294.734 millones de euros en 2024 al récord de 325.356 millones del pasado año.

Pese a este aumento recaudatorio de más de 30.500 millones, el déficit sólo se redujo en unos 11.000 millones. La razón es que, aunque otros ingresos como las cotizaciones a la Seguridad Social se incrementaron, el gasto público también creció mucho, alcanzando un récord, en términos absolutos de 764.854 millones de euros.

Eso sí, como lo hizo a un ritmo inferior al del PIB. Su peso en la economía se redujo hasta sólo el 45,64%.

¿De dónde viene el récord de recaudación de impuestos? Pues, en primer lugar, simplemente de subirlos. El pasado año se creó algún impuesto nuevo, como el de márgenes bancarios, se endureció el impuesto de sociedades, especialmente para los grupos consolidados y grandes empresas, y se recuperaron los niveles de IVA habituales (anteriores a su rebaja para paliar la inflación posterior a la pandemia y al estallido de la guerra de Ucrania).

Esto, según la Agencia Tributaria permitió aumentar la recaudación en 10.798 millones de euros. Eso sí: de aquí se destinaron casi 3.000 millones de euros a devoluciones extraordinarias. Más del 80% de estas devoluciones fueron a los antiguos mutualistas beneficiados por varias sentencias del Tribunal Supremo.

El resto del aumento, unos 23.000 millones de euros, proviene del crecimiento económico y de la inflación. En la nota oficial del Ministerio de Hacienda se señala que sólo 1,8 puntos del aumento recaudatorio se corresponden con la inflación.

No sé cómo se ha realizado la estimación, de unos 5.000 millones de euros, pero parece escasa. Simplemente, el aumento del IPC en la base del IVA supondría más de la mitad. Y en general, salvo los impuestos especiales de base no monetaria (hidrocarburos), el resto de los impuestos, de una forma u otra, tienen bases monetarias y su recaudación aumenta con la inflación.

Como señalaba John Maynard Keynes, “la inflación también es un impuesto”. Y recauda mucho.

Aquí, el punto clave está en el IRPF. Pensemos simplemente en que los salarios y pensiones son alrededor del 80% de la base del IRPF. Las pensiones crecieron en 2025 en línea con el IPC. En realidad, algo más, pero la casi totalidad de los pensionistas beneficiados por un aumento superior, beneficiarios de pensiones mínimas y no contributivas, no tienen que pagar IRPF.

Por otra parte, el salario medio ha subido ligeramente por encima de la inflación, sobre el 3,4-3,5%, frente a un índice de precios al consumo en un 2,7% el pasado año.

Todo esto quiere decir que, si la inflación hubiese sido cero, entonces, apenas hubiesen crecido salarios y pensiones. Simplemente, una reducción del 2,5% de la base total de IRPF e IVA (1,7 billones de euros) supondría un recorte de las bases de ambos impuestos de 251.415 millones de euros.

Como el tipo efectivo de ambos impuestos fue del 15,1% (esto es una casualidad) esto hubiese supuesto, sólo por este efecto en bases y por ambos impuestos, una reducción de casi 6.300 millones de euros en caja. Además de las subidas oficiales de impuestos y del crecimiento económico, la inflación también le está permitiendo recaudar más.

He hablado de subidas oficiales porque en nuestro principal impuesto, el IRPF, que supuso el pasado año el 44% de la recaudación, el efecto de la inflación lleva a un aumento tributario.

Esto ocurre siempre que no se deflacte ni la tarifa ni se toque alguno de los elementos estructurales del impuesto, como los mínimos personales y familiares.

Esto es lo que ha ido ocurriendo en los últimos años, algunos de ellos con una inflación elevada. El resultado es que el tipo medio efectivo, la parte de nuestra renta que tenemos que dedicar a pagar el IRPF, no hace más que aumentar.

El tipo medio efectivo estaba en 2019 en el 12,7%, pero el pasado año aumentó hasta el 15,1%.

Cuando el aumento del tipo efectivo se debe simplemente al aumento nominal de renta, pero este aumento sólo sirve para compensar la inflación (o a veces ni eso), recibe el nombre en la jerga hacendística de progresividad en frío.

Y esto volvió a pasar en 2025. Casi toda la subida de salarios y pensiones (y en general de otras rentas) sólo sirvió para compensar la inflación. Pero, el tipo efectivo del IRPF subió un 3,42%.

Esta subida, 0,5 puntos, no parece tan grande, pero afecta a la totalidad de la base del IRPF. Es decir, que la soportaron muchos millones de contribuyentes y supuso un aumento recaudatorio de 4.853 millones de euros. Al menos dos terceras partes de este aumento se debieron a la progresividad en frío.

Esto no sólo es recaudación derivada de la inflación, que lo es, sino también un aumento de impuestos que no ha pasado por el Congreso. Y está lloviendo sobre mojado, porque el tipo efectivo en los últimos seis años ha aumentado casi un 19%.

Esto sería justo y aceptable, si además de haberse aprobado en el Congreso, un residente en España hubiese ganado bastante más poder adquisitivo en términos reales en estos años. Sin embargo, ha sucedido lo contrario, en no pocas ocasiones, ha sido este aumento del IRPF el que no le ha permitido, simplemente, conservar su poder adquisitivo.

Es la otra cara de la moneda, un récord de recaudación es que los contribuyentes pagan muchos más impuestos. Esto tiene que ver con que haya más contribuyentes, que los hay por la inmigración. Pero, sobre todo, tiene que ver con que paguen más impuestos. Y los españoles pagan más impuestos porque algunos impuestos subieron y por una mejora de la actividad económica.

Pero, sobre todo, pagamos cada vez más por la inflación, y por no adaptar nuestro principal impuesto, el IRPF a una inflación, que, además, recientemente, ha vuelto a subir. Ha sido y es la principal subida de impuestos, y desde luego, no es la más justa.

***Francisco de la Torre Díaz. Economista e inspector de Hacienda. Ex diputado en el Congreso.