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Opinión

España puede convertir la inestabilidad geopolítica en una ventaja

Raúl Gil Boronat
Publicada

La nueva escalada de tensión en Oriente Próximo ha vuelto a sacudir el delicado equilibrio del mercado energético mundial. El petróleo y el gas vuelven a situarse en el centro del tablero geopolítico, con la atención internacional puesta en el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del crudo global.

En este contexto, el barril de Brent ha vuelto a superar la barrera de los 100 dólares. Además, la creciente inseguridad en la región ha obligado a navieras y compañías energéticas a modificar rutas y reforzar medidas de protección, elevando los costes logísticos.

Este encarecimiento se traslada en cascada al conjunto de la economía, presionando al alza los precios de la energía, del transporte y, en última instancia, alimentando la inflación global.

En medio de esta incertidumbre, España emerge como una de las grandes potencias renovables de Europa.

A este escenario se suma el impacto estructural de la guerra en Ucrania. Desde la imposición de sanciones a Rusia por parte de la Unión Europea, incluido el veto al petróleo transportado por vía marítima y la drástica reducción de las importaciones de gas, Europa ha tenido que rediseñar su mapa energético, para evitar una crisis de suministro, que a su vez ha consolidado un mercado más caro, volátil y expuesto a tensiones geopolíticas.

Y, en medio de esta incertidumbre, España emerge como una de las grandes potencias renovables de Europa. El país cerró 2025 con un récord histórico: el 56,6% de la generación eléctrica procedió de fuentes renovables. La eólica lideró el mix con un 21,6%, seguida de la solar fotovoltaica con un 18,4%.

En la última década, el crecimiento ha sido extraordinario: eólica y la solar han más que duplicado su peso en el sistema eléctrico, convirtiéndose en el eje central del modelo energético.

De hecho, España ha logrado en varias ocasiones cubrir el 100% de la demanda eléctrica con energías renovables durante horas consecutivas, un hito impensable hace apenas unos años.

Quienes critican la transición energética suelen decir que las energías renovables encarecen la factura de la luz, pero esto no es así en España: nuestro país se coloca en el segmento bajo de los precios europeos de la electricidad mayorista, con 65€/MWh como valor medio en 2025. Mercados con una penetración de renovables mucho menor, como Italia y Alemania, presentan precios de 90 y 115 €/MWh.

Como resultado, España cuenta hoy con uno de los mix energéticos más limpios y competitivos de Europa. Su combinación de abundante recurso solar, excelentes condiciones eólicas y disponibilidad de suelo la sitúan en una posición privilegiada para liderar la transición energética impulsada desde Bruselas.

No obstante, este potencial no aún no se explota debido a un problema estructural: la limitada interconexión eléctrica.

Además, esta ventaja ha sido resaltada recientemente por el Financial Times, que sitúa a España como un modelo a seguir en la gestión del impacto de las crisis energéticas globales, como la generada por el conflicto en Irán.

Mientras países como Italia o el Reino Unido sufren un fuerte aumento de los precios de la electricidad debido a su alta dependencia del gas, en España la generación a gas es sólo la cuarta fuente de generación: en España el precio del gas solo determina el coste de la electricidad el 15% del tiempo, frente al 89% en Italia.

Esta estrategia no solo protege a los consumidores, sino que refuerza la autonomía política del país y convierte a España en un referente para la transición energética en Europa.

No obstante, este potencial no aún no se explota debido a un problema estructural: la limitada interconexión eléctrica. Actualmente, la capacidad de intercambio, principalmente a través de Francia, apenas alcanza el 3–4% de la capacidad instalada, muy lejos del objetivo del 15% fijado por la Unión Europea.

Esta restricción genera importantes ineficiencias. En momentos de alta producción renovable, España se ve obligada a reducir generación o a aceptar precios muy bajos, incluso cercanos a cero. Solo este verano, el sistema llegó a desperdiciar energía renovable valorada en hasta 129 millones de euros, un récord histórico.

Este fenómeno no solo limita el aprovechamiento de los recursos, sino que también desincentiva nuevas inversiones.

El reciente informe de la Union Europea sobre el apagón ocurrido el 28 de abril de 2025 en la Península Ibérica subraya de manera contundente la vulnerabilidad derivada de la limitada interconexión eléctrica de España y Portugal con el resto de Europa.

Según el análisis, la baja capacidad de intercambio, principalmente con Francia, contribuyó a que el apagón tuviera un alcance total, afectando a millones de usuarios.

El documento recomienda reforzar las interconexiones transfronterizas y mejorar la coordinación entre operadores, señalando que una mayor capacidad de exportación no solo aumentaría la resiliencia del sistema español, sino que también permitiría a España contribuir de forma más significativa a la seguridad energética europea, consolidando así su papel estratégico en la transición hacia un mix eléctrico más limpio y estable.

Además, la falta de interconexión tiene consecuencias a escala europea. En un contexto de crisis energética, España no puede contribuir plenamente a reducir la dependencia del continente de combustibles fósiles importados.

Una mayor capacidad de exportación permitiría sustituir parte del consumo de gas en otros países, reforzando la seguridad energética común.

Algunos avances están en marcha. El proyecto de interconexión eléctrica por el Golfo de Vizcaya con Francia, previsto para 2028, añadirá 2 GW de capacidad adicional.

Sin embargo, este aumento sigue siendo insuficiente para cerrar la brecha existente, al representar apenas un 5% de la capacidad de generación instalada en España, cuando la Unión Europea había fijado un objetivo del 10% para 2020, que debía subir hasta el 15% en 2030.

Además, aunque recientemente se han anunciado reuniones para impulsar su puesta en marcha, al proyecto se suman reticencias políticas, especialmente por parte de Francia, cuyo modelo energético, fuertemente apoyado en la energía nuclear, compite directamente con los excedentes renovables españoles.

Más allá de la conexión con nuestros vecinos del norte, las tecnologías actuales abren la puerta a nuevas interconexiones estratégicas con otros mercados, como el norte de África (especialmente Argelia), así como con países como Italia o Irlanda.

En este sentido, resulta pertinente seguir el ejemplo de grandes proyectos como el Eastern Green Link 4 entre Escocia e Inglaterra, el North Sea Link entre Noruega y el Reino Unido, el Neuconnect entre UK y Alemania o el Viking Link entre Dinamarca y el Reino Unido.

Si no se mantiene esta senda y se acelera la expansión de las interconexiones, España corre el riesgo de infrautilizar una de sus principales ventajas estratégicas, pero más aún, podría verse comprometido el futuro energético del conjunto de Europa.

*** Raúl Gil Boronat, director de la división de Prysmian enfocada en Transmisión