Participo en un panel económico de PWC. Ha publicado un monográfico sobre Las infraestructuras y su impacto en el crecimiento económico. La encuesta se realizó en este primer trimestre de 2026. El panel está compuesto por expertos, empresarios, directivos, profesores universitarios, centros de investigación, … Es decir, representa una opinión, no generalizable, pero si cualificada.
Las conclusiones más significativas son:
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Las infraestructuras prioritarias para el crecimiento económico son, por este orden: las energéticas y las redes eléctricas luego las digitales y en tercer lugar las ferroviarias.
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El 87% asegura que la red eléctrica española no está preparada para soportar el aumento de la demanda que vendrá por la construcción de nuevas viviendas, la proliferación de datos y las energías renovables.
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El 58,5% considera que en las infraestructuras referidas al agua debería apostarse por una coordinación entre política hidráulica, agricultura y turismo, potenciando los trasvases.
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El 74,4% ve en la red ferroviaria problemas que cuestionan la fiabilidad, capacidad y calidad del ferrocarril, así como la red viaria en general.
Es decir que, en general esta opinión cualificada considera que las infraestructuras españolas de todo tipo están en declive y corren el riesgo de obsolescencias por falta de mantenimiento y poco crecimiento.
Si se hubiera preguntado hace solo diez años a los mismos expertos sobre este tema creo que las respuestas hubieran sido diferentes. Nadie se hubiera quejado de nuestras infraestructuras.
Los españoles estábamos orgullosos de ellas. Considerábamos que nuestros ferrocarriles alta velocidad eran los mejores de Europa y los mas largos del mundo, después de China. No estábamos preocupados por el suministro eléctrico y no nos quejábamos del estado del firme de nuestras autovías y autopistas, relativamente nuevas.
¿Que ha pasado para este cambio de opinión?
No ha sido un tema de propaganda contra el gobierno, ni un asunto de comparación con otros países. Lo que ha ocurrido es un despertar debido a hechos contundentes.
Entre ellos: el apagón eléctrico que sumió al país en un parón de casi 24 horas; los continuos retrasos de la red ferroviaria y los accidentes luctuosos que todos lamentamos; la nostalgia diaria de los conductores por el antaño buen estado del firme de las carreteras y su actual deterioro; la sensación de que el aumento de población y del turismo internacional y nacional puede desbordar las actuales infraestructura mal mantenidas y peor gestionadas.
El Gobierno actual se empeña en defender su gestión de mantenimiento. Incluso da cifras de aumento de presupuesto y planes de acción presentes y futuros. Pero los hechos son relevantes.
La situación recuerda a aquel empresario que visitó a Franco y le dijo. “Excelencia (así se nombraba al dictador), yo he ido por España y no me parece que esté tan bien como dice su gobierno”. La leyenda dice que el dictador contestó: “Pues viaje menos, lea más periódicos y vea el NODO”.
Urge tomarse en serio el mantenimiento y desarrollo de infraestructuras en España.
La razón del deterioro es clara: no se está cuidando de ellas, ni preparando su futuro. No se trata sólo de presupuestos, que también. Se trata de poner al frente del problema a gestores cualificados, en lugar de “políticos avezados en la lucha tuitera o en el manejo de los fondos para intereses espurios”.
Estos políticos confían en que las estructuras administrativas heredadas mantengan el funcionamiento de los servicios.
Efectivamente los técnicos de los respectivos ministerios son expertos preparados. Pero, poco a poco, las cúpulas políticas inadecuadas van infiltrándose en los niveles inferiores de la Administración, relegando a expertos y prostituyendo (¡que palabra más descriptiva!) los criterios de decisión. La ineficacia y la ineficiencia aparece de golpe.
Es como en el cuento empresarial de la rana. Si la pones en un recipiente con agua y calientas, poco a poco, la rana se va sintiendo agradable porque está calentita. Pero en un momento determinado ese calor impide que reaccione y, cuando menos se los espera, la “rana de ha cocido”.
Nuestras infraestructuras de todo tipo o se han cocido, o están en riesgo de colapsar.
¿Es consciente el Gobierno de que el país no funciona?
** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.