Desde que, según la Biblia, José descifró los sueños del faraón de las siete vacas gordas y las siete vacas flacas, se sabe que la economía se mueve en momentos de bonanza y recesión. Son los ciclos económicos.
Los hay de onda corta u onda larga. Decir que existen no es un ejercicio de adivinanza. No exige mucha ciencia.
En los ciclos siempre hay unos pocos que ganan, al alza o a la baja, y muchos que pierden en los valles, o no ganan en las cimas. Ser de los unos, los que ganan, o los otros, los que pierden, depende de la perspicacia en seguir la evolución del ciclo y el acierto en tomar decisiones.
Lo importante es calibrar cuando se va a producir, sus causas y su profundidad. La crisis del 2008 pilló a muchos de sorpresa.
La ciudad alegre y confiada que era el mundo en aquellos momentos se topó con las hipotecas “subprime” que fue el detonante de toda una crisis financiera que se trasladó a la economía real.
El Ibex35 ha alcanzado máximos históricos y se mueve por encima de los 17.000 puntos
Hoy el mundo y, en particular el mundo desarrollado, no está en un momento dulce, las economías europeas crecen muy poco, o están estancadas, salvo algunas del sur.
Por eso parecería que, como no hay cimas, tampoco habrá valles, y los ciudadanos no deberían estar preocupados por la inminencia de una crisis, que, en todo caso, no sería tan profunda como la de 2008.
Sin embargo, hay algunos síntomas preocupantes.
Uno de ellos es la revalorización de activos.
Activos financieros: las bolsas, a pesar de las últimas correcciones a la baja por la guerra, están altas. El Ibex35 ha alcanzado máximos históricos y se mueve por encima de los 17.000 puntos.
Los valores refugio como el oro y otros metales también están altísimos
Los activos inmobiliarios: están por las nubes y no sólo en España. En UK en cinco años las casas han subido un 40%.
Los valores refugio como el oro y otros metales también están altísimos.
En las operaciones de M&A (fusiones y adquisiciones empresariales) para calcular un valor de venta se multiplica el Ebidta (Beneficio antes de impuestos, amortizaciones e intereses) por un índice. Ese índice en los últimos años ha superado las dos cifras, muy alto. Aunque últimamente se está moderando, lo que puede ser un síntoma de cercanía de una crisis.
El endeudamiento mundial superaba en 2024 los 310 billones de USD (dólares estadounidenses) y ha vuelto a subir en 2025/26. De ellos 112 billones los debía el sector público (los Estados). El mundo está sentado sobre un barril de dinero que se puede convertir en pólvora en cualquier momento; es rico en deudas.
Todo es debido al exceso de liquidez que las políticas del Quantitive Easing que se practicaron en años anteriores.
Si por miedo a la inflación, o cualquier otro tema, los bancos centrales reducen las disponibilidades de crédito o suben los tipos de interés eso puede llevar a una espiral a la baja. A una crisis económica.
Primero las instituciones no bancarias, ajenas a la regulación estricta, buscarían vender activos para recuperar liquidez y devolver créditos a bancos y particulares. Esa señal haría bajar el precio de los activos empezando por las acciones de empresas, pasando por otros activos refugio los metales y la deuda pública y llegando a los activos inmobiliarios. Es la recesión.
¿La guerra contra Irán podría ser un detonante de todo ello? No tiene visos de serlo si dura menos de un mes más. Si se cronifica puede crear las condiciones para iniciar esa espiral.
Los asesores de Trump están contemplando esa posibilidad, de ahí la operación de Venezuela para asegurar el suministro de petróleo a EEUU y, quizás, la de Cuba para abrir un nuevo campo de negocios a los inversores USA.
Pero, independientemente de las circunstancias bélicas también puede haber un estallido típico de los negocios piramidales. Estos consisten en pagar las pérdidas de los primeros prestamistas, con nuevos prestamistas, hasta que no es sostenible.
¿Puede ser el negocio de M&A por donde empiece la próxima crisis?; o ¿la retirada de fondos de los instrumentos financieros no regulados?; o ¿la caída de las acciones en bolsa?; o ¿el desplome de los metales refugio?; o ¿la desvalorización de inmuebles?, …
Lo importante es estar atentos y atisbar la dinámica de estos sectores. Una vez empiece ¡sálvese quien pueda!
** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.