Estrecho de Ormuz
Ormuz ya no es solo un riesgo energético: es el principal test de resiliencia del sistema energético global
A pesar de las apariencias, la variable decisiva del conflicto con Irán ya no es militar. Es logística.
El sistema energético del Golfo está operando con una pérdida de redundancia inédita desde la guerra Irán-Irak; el tráfico comercial por el estrecho de Ormuz ha caído cerca de un 95% respecto a niveles normales, mientras las primas de seguro marítimo y los fletes de petroleros se han multiplicado entre cuatro y más de diez veces en algunas rutas energéticas clave.
La combinación de guerra naval limitada, interferencias electrónicas (con más de 1.100 buques afectados por GPS spoofing, falsificación de señal GPS, en los primeros días del conflicto) y retirada parcial de cobertura aseguradora, ha convertido el principal corredor energético del mundo en una zona operativamente incierta.
Para Teherán, en cambio, resistir ya constituye una forma de victoria estratégica, y el tiempo juega a su favor.
Por eso, más allá del resultado en producción, es un shock de conectividad energética. Este cambio altera completamente la lectura económica de la guerra.
Irán produce alrededor de 3,5 millones de barriles diarios de crudo, pero el verdadero punto crítico es que aproximadamente una quinta parte del petróleo y del GNL mundial depende del tránsito por Ormuz.
Los mercados energéticos modernos funcionan como redes logísticas globales más que como simples sistemas de extracción. Cuando la navegación deja de ser asegurable o imprevisible, el sistema pierde continuidad antes de perder oferta.
En términos de inteligencia estratégica energética, sabemos que las crisis sistémicas rara vez comienzan con una caída de producción, sino que comienzan cuando los corredores logísticos críticos dejan de ser fiables.
La lógica estratégica no está orientada a destruir el sistema energético regional, sino a degradar progresivamente su fiabilidad operativa sin provocar una guerra regional abierta.
Este tipo de dinámica ha aparecido históricamente en crisis energéticas en el Golfo o en África Occidental.
Este enfoque contrasta con buena parte del análisis económico dominante en Europa, que sigue evaluando esta crisis principalmente en términos de duración del conflicto e impacto en precios energéticos.
Ese modelo resulta útil cuando el problema es una interrupción de oferta. Pero es menos preciso cuando la variable crítica es la fiabilidad del corredor logístico que sostiene el sistema energético global.
En ese escenario, el riesgo no aparece primero en la producción ni en los precios, sino en la pérdida de continuidad operativa del sistema. No es casual que instituciones como el Banco de España hayan subrayado recientemente la necesidad de integrar el análisis geopolítico en las previsiones económicas.
Los datos operativos indican que la crisis ha entrado en una fase distinta. Desde el inicio de la confrontación, Irán ha lanzado más de 500 misiles balísticos y más de 2.000 drones, mientras ataques contra infraestructuras energéticas han alcanzado instalaciones críticas como Ras Laffan en Qatar (responsable de cerca del 20 % del GNL global) y refinerías en el Golfo.
La lógica estratégica no está orientada a destruir el sistema energético regional, sino a degradar progresivamente su fiabilidad operativa sin provocar una guerra regional abierta.
Este tipo de presión corresponde a lo que en inteligencia estratégica se denomina coerción estratégica prolongada: una situación en la que la infraestructura crítica no colapsa, pero opera bajo una incertidumbre constante que altera seguros, logística, financiación y comportamiento de mercado.
La cuestión decisiva para empresas e instituciones es sobre cuánto tiempo puede mantenerse esa fricción logística, sin alterar decisiones económicas estructurales.
Nuestra lectura es que el escenario más probable no es una perturbación breve, sino una fase de presión sostenida durante varios meses, en la que el sistema energético seguirá funcionando, pero con niveles elevados de incertidumbre operativa.
La lógica estratégica del conflicto apunta a objetivos que difícilmente pueden resolverse en pocas semanas: Israel busca degradar de forma duradera la capacidad de rearme iraní (y, si es posible, desmantelar al régimen que la sostiene) mientras que para Washington la credibilidad de su posición está directamente en juego.
Para Teherán, en cambio, resistir ya constituye una forma de victoria estratégica, y el tiempo juega a su favor. Por tanto, ninguno de los actores tiene incentivo para desescalar formalmente, porque eso implicaría admitir el coste político de haber escalado.
Mientras los precios energéticos se mantengan tensionados, la presión política sobre Washington aumentará desde distintos frentes. En ese tipo de escenarios, el umbral crítico para compañías energéticas, industriales y financieras suele situarse entre dos y seis meses de disrupción logística continuada.
Por eso, para Europa (y especialmente para economías industriales como la española) la variable crítica no es la intensidad militar del conflicto, sino la duración funcional de la disrupción logística.
Las crisis energéticas de semanas generan volatilidad; las que se prolongan durante meses modifican decisiones de inversión, arquitectura regulatoria y estrategia industrial. Cuando el transporte energético pierde estabilidad, los costes de seguros, inventarios y financiación se trasladan progresivamente a toda la cadena industrial.
Las empresas energéticas, industriales y financieras deberían observar tres señales críticas en las próximas semanas: una, la reapertura de cobertura aseguradora para el tráfico por Ormuz, dos, la reanudación estable del tránsito de petroleros y tres, la evolución de los mercados internacionales de GNL.
Esos indicadores determinarán si la disrupción actual es volatilidad temporal o el inicio de una reconfiguración estructural del sistema energético global.
Si Ormuz deja de operar como corredor fiable, el conflicto dejará de ser una crisis regional, convirtiéndose en un punto de inflexión para el sistema energético global; y para la seguridad energética europea.
***José Parejo es fundador y CEO de Jose Parejo & Associates (JPA), firma internacional de inteligencia estratégica que asesora a instituciones y empresas en análisis geopolítico, riesgo político y toma de decisiones en entornos económicos y regulatorios complejos. ***