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Opinión

Dinero digital: la batalla global que definirá el futuro monetario

Alfonso González Guerrero
Publicada

La digitalización del dinero ha dejado de ser un experimento tecnológico para convertirse en un eje estratégico de la política económica global.

Mientras Europa avanza con el euro digital y despliega el marco regulatorio MiCA (Markets in Crypto-Assets), las stablecoins están emergiendo como infraestructura monetaria privada global basada en blockchain, con alcance internacional y con un volumen en circulación que ya supera los 300.000 millones de dólares, según CoinGecko. 

Por un lado, las CBDC (Central Bank Digital Currencies) o monedas digitales de banco central representan la evolución del dinero público en un entorno crecientemente digital. El proyecto de euro digital impulsado por el Banco Central Europeo plantea un modelo híbrido: el banco central emitiría la moneda, mientras que la distribución y la relación con el usuario quedarían en manos de las entidades financieras.

El objetivo es preservar la estabilidad del sistema evitando fugas masivas de depósitos y garantizar al mismo tiempo que los ciudadanos mantengan acceso a un medio de pago público, seguro y universal. No obstante, su diseño final dependerá de cómo se resuelvan cuestiones clave como los límites de tenencia, la privacidad, la ciberseguridad o su integración con el ecosistema de pagos existente.

Por otro lado, las stablecoins reguladas —especialmente los e-money tokens (EMTs) bajo el Reglamento MiCA— representan la alternativa privada tokenizada. Referenciadas normalmente 1:1 a monedas fiduciarias y respaldadas por activos líquidos en su mayor parte, funcionan como activos digitales programables que pueden transferirse de forma casi instantánea en redes blockchain y operan a escala global.

En Europa, varias entidades financieras ya exploran emisiones conjuntas de EMT denominados en euros para competir con las stablecoins vinculadas al dólar impulsadas por emisores como Tether o Circle, que dominan actualmente este mercado, aunque persisten riesgos de concentración, opacidad de reservas y potenciales salidas masivas de liquidez. 

Estados Unidos ha permitido que el sector privado lidere la digitalización del dólar mediante stablecoins

Junto a las CBDC y las stablecoins reguladas, emerge un tercer modelo con especial relevancia para la banca: los deposit tokens.

Se trata de depósitos bancarios tradicionales representados en redes blockchain que mantienen la misma naturaleza jurídica y regulatoria que un depósito convencional —incluida la garantía de depósitos— y permiten transferencias y liquidaciones 24/7 sin alterar la naturaleza contable del depósito ni la función crediticia de las entidades, aunque pueden modificar la dinámica de liquidez y competencia por depósitos.

Para los bancos, constituyen una vía para competir en eficiencia y programabilidad sin renunciar al control del dinero bancario ni a su papel en la intermediación financiera.

En términos geoeconómicos, se observan tres modelos claramente diferenciados. Estados Unidos ha permitido que el sector privado lidere la digitalización del dólar mediante stablecoins, generando lo que muchos denominan ya un “dólar tokenizado” que se expande por mercados emergentes y plataformas digitales sin necesidad de que la Reserva Federal lance una CBDC minorista en el corto plazo.

China, por el contrario, ha optado por un modelo estatal a través del yuan digital impulsado por el Banco Popular de China, que avanza en pilotos masivos y busca reforzar la soberanía monetaria, reducir la dependencia del sistema financiero global dominado por el dólar y ampliar su capacidad de supervisión interna.

El futuro del dinero no será una batalla de suma cero, sino una carrera por establecer los estándares de la infraestructura financiera digital

Y Europa intenta situarse en un punto intermedio: regulación estricta, desarrollo progresivo del euro digital y apuesta por una infraestructura de pagos competitiva, segura y alineada con los valores comunitarios de privacidad y estabilidad financiera.

Estos modelos responden a distintas prioridades estratégicas. En ellos, las CBDC ofrecen estabilidad y respaldo institucional; las stablecoins reguladas aportan velocidad, escalabilidad y alcance global; y los depósitos tokenizados permiten a los bancos mantener su papel histórico en una infraestructura financiera cada vez más digital. La clave será su interoperabilidad: empresas y entidades utilizarán probablemente diferentes formas de dinero digital según el caso de uso, combinando eficiencia operativa, cumplimiento regulatorio y seguridad.

El futuro del dinero no será una batalla de suma cero, sino una carrera por establecer los estándares de la infraestructura financiera digital. Con MiCA en vigor, el euro digital en desarrollo y la banca europea avanzando en dinero tokenizado, Europa comienza a posicionarse en un entorno en el que la escala y la velocidad serán decisivas, y en el que se decidirá quién diseñará las reglas del nuevo sistema monetario.

***  Alfonso González Guerrero, profesor de Afi Global Education.